"La confrontación presidencial en EEUU ha sido entre una proteccionista
moderada y un proteccionista peligroso de extrema derecha.
Ni Clinton
(que según los papeles de Wikileaks mantiene sobre el tema una posición pública y otra privada)
ni Trump son adalides del libre comercio y manifiestan continuas
prevenciones sobre los acuerdos comerciales que la Administración Obama
está negociando hasta el último momento entre EE UU y una y otra parte
del mundo. (...)
Sin embargo, el rechazo a la globalización, sobre todo en sus
aspectos comerciales, es real y creciente. Si no se activan nuevas
normas reguladoras esta reacción ciudadana puede ir en la dirección de
un proteccionismo agresivo y de una guerra fría económica. La
experiencia prueba hacia dónde llevan estas políticas de perjuicio al
vecino.
Los organismos multilaterales, no sólo los movimientos
antiglobalización, han advertido de ello. El economista Dani Rodrik ha escrito que se pone en riesgo la globalización
si se presiona para que se firmen en este momento algunos acuerdos
comerciales, como el de EE UU y Europa (TTIP) o el Acuerdo Transpacífico
de Cooperación Económica (TPP), en contra de la opinión pública, porque
encienden el rechazo hacia aquella.
Clinton y Trump han multiplicado las dudas de los ciudadanos de que
estos acuerdos sean positivos para los intereses estadounidenses.
Mientras tanto, en Europa se han multiplicado las manifestaciones y las
posturas críticas ante el TTIP, y algunos de los políticos que pueden
llegar pronto al poder (por ejemplo, en Francia) tienen posturas muy
cercanas a las de Trump. La salida de Gran Bretaña de la UE pertenece a
la misma familia de problemas. (...)
EEUU y Europa fueron los principales arquitectos del orden económico de
la postguerra. Aunque el mundo de hoy es muy diferente al de los años
cuarenta, sigue siendo extremadamente peligroso que se enfrenten en
conflictos arancelarios, o en barreras no arancelarias, teniendo en
cuenta, además, que existen distintos actores dispuestos a entrar con
rapidez en esa contienda (China, Rusia y otros emergentes).
La opacidad y
la falta de debate público no ayudan, sino que generan todo tipo de
sospechas. El libre comercio y sus efectos linealmente positivos sobre
el empleo, la inversión, etcétera, también ha entrado en la discusión.
Ya no es un tabú su cuestionamiento sino que genera polarización.
Mientras The Economist, gran combatiente contra el nacionalismo económico, se dirigía a los manifestantes anti TTIP con el titular "Por qué se equivocan",
los representantes de estos últimos acusaban a los misioneros del libre
comercio de decir blanco cuando es negro, a veces por intereses, a
veces por ideología. (...)" (Joaquín Estefanía, El País, 07/11/16)
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