“Vamos a terminar en una Tercera Guerra Mundial a causa de Siria, si
escuchamos a Hillary Clinton”, pronosticaba el candidato presidencial
Donald Trump esta semana. Trump, por supuesto, ha quedado en ridículo
repetidamente durante esta campaña.
La combinación tóxica de ignorancia,
misoginia, racismo e inestabilidad emocional ha demostrado ser, en
última instancia, un riesgo electoral. Sin embargo, parafraseando el
dicho en inglés, incluso un reloj que no funciona marca la hora correcta
dos veces al día, y algunos expertos en la izquierda sugieren que sus
predicciones sobre la política exterior de Clinton, sobre todo en lo que
concierne a Siria, no son completamente absurdas.
La política internacional de Clinton se ha caracterizado por su cariz
militarista y provocador, explica Phyllis Bennis, funcionario del
Institute for Policy Studies en Washington. (...)
Como senadora primero, Clinton apoyó decididamente la guerra de Irak,
que demostró ser profundamente contraproducente, creando las condiciones
para el nacimiento y fortalecimiento del Estado Islámico. En su
siguiente cargo, como secretaria de Estado --continua Bennis--, su papel
oficial como jefa de la diplomacia (diplomat-in-chief) quedó rápidamente degradado al de jefa de animadoras (cheerleader-in-chief)
por una peligrosa intervención militar que desestabilizó Libia.
Y
ahora, como candidata a la presidencia, las señales de peligro son
claras, termina asegurando Bennis: Michèle Flournoy, la señalada como
más que probable elegida para el puesto de secretaria de Defensa en una
posible Administración de Hillary Clinton, apoya sin ambages una mayor
intervención militar estadounidense en Siria.
Mientras tanto, la posición de Clinton con respecto a
Rusia sigue la línea de su marido, el expresidente Bill Clinton, que
durante los años noventa violó un compromiso establecido por George Bush
padre, como contrapartida a un acuerdo con Mijaíl Gorbachov para
permitir a una Alemania reunificada que entrara a la OTAN, de que
Estados Unidos no se expandiría hacia el este de Europa. Sin embargo, se
instalaron avanzados sistemas de armamento, con capacidad nuclear,
cerca de la frontera de Polonia con Rusia.
Este gesto, sugiere Bennis,
es equivalente a una hipotética decisión de Rusia de establecer bases
nucleares en las fronteras canadiense o mexicana con los Estados Unidos.
En estos momentos, las tensiones en los Estados bálticos de Estonia,
Letonia y Lituania están alcanzando ya cotas sin precedentes.
El escenario apocalíptico que describe Trump --de una
posible Tercera Guerra Mundial-- es, según Bennis, claramente
“exagerado, pero no del todo loco”. (...)
Una victoria de Clinton en las elecciones presidenciales traería consigo
un “99% de riesgo de una escalada militar estadounidense” en Siria, y
una alta tasa de probabilidad de conflicto con Rusia, señala Ervand
Abrahamian, catedrático de Historia en la Universidad de la Ciudad de
Nueva York.
La premisa de Clinton, de que asegurar los intereses rusos
en Siria es necesariamente perjudicial para el estatus internacional de
los Estados Unidos, es errónea, según Abrahamian. Trump, aunque
profundamente “estúpido” en otros aspectos, está en lo cierto en el
sentido limitado de que existe una necesidad de mayor colaboración entre
Rusia y los Estados Unidos. (...)
Al contrario que Obama, quien ha favorecido un acercamiento
relativamente decolonial hacia Oriente Medio, las políticas de Clinton
responden a un impulso profundamente conservador de corte imperialista. (...)
Abrahamian tiembla ante las posibles implicaciones militares. Rechaza
también la extendida percepción de que Hillary Clinton es pragmática en
materia internacional: “Es difícilmente pragmático considerar que estos
problemas se pueden resolver a través de la intervención militar”. Un
embargo de armas, por ejemplo, podría haber sido mucho más efectivo,
señala, refiriéndose a continuación al papel de los Estados Unidos como
facilitador de la destrucción de Yemen por Arabia Saudí. (...)
Eisenberg. “Si nos basamos en su trayectoria anterior, hay
toda suerte de evidencias para temer que Hillary Clinton se convertirá
en una presidenta con una inclinación más allá de lo usual para la
acción militar”.
Entrevistada por CTXT, Eisenberg mostraba su ansiedad
por el hecho de que el profundo y genuino conservadurismo de Clinton se
verá todavía más reforzado por su deseo de demostrar su dureza en la
escena internacional. Con este escenario, “la posibilidad de un
conflicto global”, en su opinión, “es seria”.
En definitiva, para aquellos que establecen como prioridad la paz internacional, habrá poco que celebrar en noviembre." (Simon R. Doubleday, XTXT, 02/11/16)
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