"(...) La anulación de las deudas ilegítimas es para usted un paso
obligado para una verdadera estrategia de izquierda. En pocas palabras,
¿qué significa «deuda ilegítima»?
Muy simple. Es
una deuda contraída para favorecer el interés de una minoría
privilegiada. Se puede decir que es una deuda contraída sin respetar el
interés general. Es decir, que si el Estado contrae una deuda para
rescatar a los bancos, que por otra parte son ampliamente responsables
de la crisis que estamos viviendo, esa es una deuda ilegítima.
Por el contrario una deuda contraída para financiar la transición
ecológica, reforzar la educación y la cultura, crear empleos o combatir
las desigualdades sociales, obviamente es una deuda legítima.
Las deudas contraídas masivamente para rescatar a los bancos
responsables de la crisis financiera de 2008 (Fortis, Dexia, Ethias…)
son ilegítimas. Es el caso de una parte de la deuda belga.
Y
la deuda griega va más allá. No solo es ilegítima porque favorece los
intereses particulares de minorías privilegiadas. Además es odiosa
porque conlleva claras violaciones de los derechos humanos, ya que la
troika (Comisión europea, BCE y FMI) solo concede los préstamos si el
Gobierno griego aplica una política de austeridad muy dura.
Las deudas contraídas por Grecia a partir de 2010 se constituyen de
préstamos de 13 países de la zona euro, del Fondo Europeo de Estabilidad
y del FMI, con la condición de acabar con los convenios colectivos
defendidos por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), violar
los derechos a un salario y a una jubilación decentes, a un techo, a
servicios básicos de sanidad, privatizar una serie de bienes y servicios
públicos…
Su experiencia hace pensar que es muy difícil
para la izquierda radical mantener una posición firme sobre la anulación
de la deuda cuando negocia una participación en el poder. ¿En qué esta
reivindicación es central para la izquierda?
En muchos
países el pago de la deuda pesa mucho en el presupuesto del Estado. Con
el fin de encontrar un margen de maniobra para los gastos sociales y una
política alternativa hay que reducir radicalmente el peso de la deuda
eliminando las deudas ilegítimas.
Segundo argumento que es muy
claro: esas deudas están vinculadas a las contrarreformas impuestas por
los acreedores (Comisión Europea, BCE, FMI, Mecanismo Europeo de
Estabilidad…). Es el caso de Portugal, Grecia, Chipre, Irlanda y España.
La solución radical respecto a la deuda es suprimir esas imposiciones
(llamadas condicionalidades).
¿Por qué? Imaginemos que después de todas
las concesiones del Gobierno de Tsipras los acreedores anuncian en tres
meses que están de acuerdo en suprimir el 80 % de la deuda griega, pero a
condición de seguir imponiendo restricciones presupuestarias en los
gastos sociales y las privatizaciones.
Aunque el stock de la
deuda se redujera la situación continuaría siendo dramática porque las
personas serían cada vez más pobres y cada vez se privatizarían más
bienes públicos.
Si se reduce la deuda pero se continúa
disminuyendo los salarios y las pensiones de los griegos o se restringe
más la sanidad, es inaceptable.
Para mí toda experiencia de
izquierda debe resolver el problema de la deuda. En algunos países es
incluso la prioridad absoluta. Es evidente para Grecia y Portugal.
En Francia, actualmente, puede que no sea la principal prioridad, pero sí la segunda o la tercera.
¿Cuál es el futuro de esos partidos en una Europa cada vez más
neoliberal? ¿Cree en el despertar de los pueblos frente a las políticas
cada vez más injustas?
Creo en el despertar de los
pueblos pero estoy muy preocupado por el futuro de las fuerzas políticas
de izquierda, porque se ha visto con Syriza que la evolución ha sido
muy rápida hacia el abandono de sus compromisos y su programa.
Syriza
capituló en 2015 frente a los dictados de la Unión Europea. Los que
asumen la capitulación se mantienen, están listos para aprovechar los
puestos de los que dimiten por ética. También hay personas que
permanecen en Syriza por resignación.
La evolución de Podemos hacia el centro también es muy rápida. Se podría comparar con la evolución de los partidos verdes.
Viví el nacimiento de los partidos ecologistas en los años 70 y me
enfrenté, como trabajador de la ciudad, a las políticas de austeridad
impuestas en Liège cuya mayoría comunal está compuesta por los
socialistas y el ECOLO. El viraje de la gestión y la adaptación del
ECOLO al sistema fue muy rápido (2-3 años). Pasó lo mismo, en el mismo
momento, con Daniel Cohn-Bendit, que participaba en el gobierno
municipal de Fráncfort. (...)
Su conclusión es bastante pesimista… ¿Sin embargo no hay una
esperanza en la unidad interna en los países (las alcaldías españolas,
por ejemplo) y también a nivel internacional?
¡Por
supuesto! Viajo bastante por Europa y pienso que hay que aprender las
lecciones de lo que pasa en Grecia y de lo que pasa en España. Es
fundamental que toda una serie de activistas y de movimientos sociales
mantengan como prioridad la capacidad de organización y movilización de
las bases. Porque si no existe una presión de las bases sobre los
partidos que llegan a pequeñas porciones de poder, puede llegar un
retroceso muy rápidamente, incluso brutalmente. (...)
Por lo tanto la unidad debe hacerse a todos los niveles: entre
organizaciones políticas y movimientos sociales, entre las alcaldías
para enfrentar al poder y a los acreedores y entre los partidos de la
izquierda radical europea sobre un programa claramente definido. En este
último punto el plan B es esencial.
¿Qué es el plan B?
Es una iniciativa europea de una serie de personas y grupos procedentes
de la izquierda radical. No se está de acuerdo en todo, pero el punto
común es decir: «El plan A, tipo Syriza, cuya estrategia fue negociar
con las instituciones europeas respetando sus reglas y sin desobedecer,
no funciona».
El plan B incluye explícitamente el mensaje
siguiente a los electores: «Hay que llevar al Gobierno a las fuerzas que
tendrán la valentía de desobedecer a las instituciones europeas».
Mientras los tratados europeos son contrarios al interés de los
ciudadanos y al establecimiento de políticas sociales, tenemos el
derecho y el deber de desobedecer.
¿Cree que el plan B conseguirá la adhesión de muchos electores de los países europeos?
Eso está muy claro. Hay una gran parte de la población dispuesta a
apoyar a las fuerzas políticas que se comprometan a desobedecer a las
instituciones europeas y sus exigencias. Es tan real que cuando la
extrema derecha lo hace consigue un gran éxito. Porque existe un gran
rechazo popular totalmente comprensible a «Europa» tal como está
construida, tal como funciona
Es una Europa dominada por el 1 % más
rico o, en pocas palabras, una Europa dominada por el gran capital. Es
una Europa fortaleza. Hace falta otra Europa, una Europa por la
integración de los pueblos y no del capital, una Europa solidaria con
los demás pueblos del mundo, una Europa de la paz, de la justicia
social, una Europa de la transición ecológica, de la
multiculturalidad...
Si dejamos el monopolio de la denuncia de
la Europa real a la extrema derecha, esta ganará, porque muchas
personas están disgustadas por la política europea. Mire lo que pasa con
el brexit, con Marine le Pen en Francia, con el auge de la derecha en Alemania y en Austria.
Si la extrema derecha reivindica alto y claro un fuerte rechazo a
Europa y la extrema izquierda no se planta frente a Jean-Claude Juncker y
Mario Draghi, no conseguirá nada.
Así pues, la izquierda
radical debe movilizarse por el plan B y anunciar claramente:
«Desobedeceremos». Y no decir: «Quizá desobedezcamos». (...)" (Entrevista a Éric Toussaint, Paul Blanjean y Monique Van Dieren , CADTM, en Rebelión, 12/10/16)
No hay comentarios:
Publicar un comentario