"La entrevista de Jordi Évole -Salvados- a Pedro Sánchez es un botón de
muestra de aquello en lo que se ha acabado convirtiendo nuestra querida
España, un ejemplo de manual del término acuñado en 2003 por el profesor
emérito de filosofía política de la Universidad de Princeton, Sheldon
Wolin, Inverted Totalitarianism,
es decir, Totalitarismo Invertido.
No entro a valorar ni la forma ni el
momento elegido por Pedro Sánchez para manifestar su punto de vista
tras el bochornoso Comité Federal de finales de septiembre, donde sufrió
un golpe de estado en toda regla.
Pero hay algo que todo demócrata no
debe pasar por alto, las presiones de determinados grupos de interés
-antiguos monopolios naturales y sector financiero- y mediáticos para
colocar a aquellos que mejor defienden sus intereses. (...)
Sánchez, por un lado, hablaba de presiones de ciertos empresarios
pertenecientes a los antiguos monopolios naturales, ejemplos claro de
ineficiencia y extracción de rentas, además excelentes agencias de
colocación de los políticos del Régimen.
Son empresas muy endeudadas que
bajo el objetivo último de maximizar el valor de la acción, han
incrementado los flujos destinados a dividendos y a la recompra de
acciones, disminuyendo de manera significativa la tasa de inversión en
capital y desarrollo empresarial.
Los costes sociales de tales
estrategias han sido un aumento del desempleo y una presión a la baja de
los salarios. Además la productividad de los factores productivos se ha
hundido. Nada bueno, de manera que lecciones de ellos las justas. (...)
Por otro lado, el otrora secretario general del PSOE, se
quejaba amargamente de las presiones del sector financiero. En un blog
previo denuncié la conexión entre la defenestración de Pedro Sánchez y
el Target 2.
Las entidades financieras españolas, para evitar que
colapsen, reciben ingentes cantidades de inyección de liquidez del
Eurosistema (Banco Central Europeo y Bancos Nacionales), lo que ha
provocado el aumento de los desequilibrios del Target 2. Por eso las
élites aquí y en Bruselas, quieren tener todo controlado, prietas la
filas. Vamos querían mantener el Régimen actual en pié, dócil con sus
intereses.
Dejo para el final la presión mediática.
Los medios de comunicación convencionales, en virtud de un endeudamiento
megalómano, se han convertido en rehenes finales de sus acreedores,
quienes al final acaban dictando sus editoriales.
Triste devenir de ese
cuarto poder que debería velar por el correcto funcionamiento de
nuestras frágiles democracias. Es fundamental limitar la participación
en su pasivo de los distintos grupos empresariales. (...)
Al final pasará aquello que predijimos, mantenido el “Régimen” se
volverá a implementar un duro ajuste presupuestario que afectará
negativamente al crecimiento económico. (...)
Los problemas asociados al actual sistema de pensiones público de
reparto, y que se deberían atacar, son otros a las tonterías que oímos
en los medios de comunicación: el estancamiento del crecimiento de los
salarios, la desigual distribución de la renta, la caída de la
productividad, y la pirámide poblacional, todos estrechamente
relacionados.
Remediar el estancamiento de los salarios y la desigualdad
salarial, unido a un crecimiento de la productividad son, por lo tanto,
partes intrínsecas que permitirían solucionar los problemas de las
pensiones públicas bajo el sistema de reparto, sin necesidad de acudir a
sistemas financiados y a sus efectos perversos. Pero de eso, no se
preocupen, nada de nada. (...)
Como en su momento definimos, y el tiempo nos da la
razón, España, en su actual deriva, es un excelente ejemplo de
Totalitarismo Invertido. El Totalitarismo invertido es el momento
político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su
identificación como fenómeno puramente económico y se transforma en una
coparticipación globalizadora con el Estado.
Mientras que las
corporaciones se vuelven más políticas, el Estado se orienta cada vez
más hacia el mercado.
Según Wolin en el
Totalitarismo Invertido, "los elementos clave son un cuerpo legislativo
débil, un sistema legal que sea obediente y represivo, un sistema de
partidos en el que un partido, esté en el gobierno o en la oposición, se
empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de
favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los
intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos más pobres
con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo
tiempo, mantienen a las clases medias colgando entre el temor al
desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la
nueva economía se recupere”. ¡Qué párrafo más ilustrativo!
Y como afirmaba el profesor emérito, “ese esquema es
fomentado por unos medios de comunicación cada vez más concentrados y
aduladores, por la integración de las universidades con sus benefactores
corporativos; por una máquina de propaganda institucionalizada a través
de grupos de reflexión y fundaciones conservadoras generosamente
financiadas, por la cooperación cada vez más estrecha entre la policía y
los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley, dirigido a
la identificación disidentes internos, extranjeros sospechosos…”.
Al
final, los grandes perdedores somos nosotros, la ciudadanía en su
conjunto, representada por los trabajadores, las clases medias, y,
sobretodo, los más desfavorecidos. Pero mientras se lo permitamos
continuarán haciéndolo." (Juan Laborda, Vox Populi, 03/11/16)
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