27.12.16

La transformación de Marine Le Pen. Una versión refinada de autoritarismo que se nutre de la patrimonialización de los valores republicanos, a su manera...

"(...) Marine Le Pen no se sitúa a la contra del consenso republicano sino como la punta de lanza del mismo. Es decir, el asunto para la extrema derecha francesa ya no es cómo configurar una fuerza alternativa de rechazo a los consensos dominantes que oponga la nación a la república, la religión al laicismo, el individuo a la sociedad civil y la comunidad al multiculturalismo, sino cómo lograr poner esos consensos dominantes a su favor. 

El gran éxito de Marine Le Pen se fundamenta en haber lanzado una suerte de OPA semántica a los conceptos clave que estructuran en Francia el sentido común republicano y poner a sus competidores políticos a la defensiva. “Las palabras cuentan”, le dice Marine a su padre, “pero para robárselas al adversario”.  (...)

Cuando hoy escuchamos las intervenciones de Marine Le Pen en los medios de comunicación la vemos presentarse como la principal defensora de la igualdad entre hombres y mujeres, de los servicios públicos y los derechos sociales, del papel del Estado en la sociedad, del laicismo, de la soberanía nacional, de la herencia ilustrada, del medio ambiente e incluso de la protección de los animales. Si tus adversarios te golpean con armas que te hacen daño, mejor que esforzarse en preparar un buen escudo es despojarles de esas armas. 

O, más eficazmente aún: en el caso de que sean buenas armas, robárselas y aprovechar para atizarles tú con ellas. Eso es precisamente lo que trata de hacer el Front National liderado por Marine Le Pen y Florian Philippot.

No debe extrañarnos entonces escuchar a la presidenta del FN proponerse como la principal defensora de la democracia frente al autoritarismo de mercado, de los maestros, policías y sanitarios amenazados por los recortes, de los productores franceses y de los habitantes de las zonas rurales que ven cerrar las instalaciones de Correos, los ambulatorios o los centros deportivos, de los jóvenes que tienen miedo a un mercado laboral precario y de todos aquellos que se sienten olvidados y abandonados por las administraciones públicas. 

Si algún día acusaron a su partido de traer el desorden y el conflicto a la comunidad política, hoy se presenta como la defensora del orden republicano, aquella que puede traer la paz a una comunidad amenazada. ¿Amenazada por quién? Por el terrorismo islamista, por el “ultraliberalismo” de un mercado sin control y por la inmigración clandestina.

Desde el punto de vista político, uno de los pasos más interesantes que ha dado el FN en el último año y medio es proponerse como la mejor solución para reinstaurar el orden republicano. Lejos de ser el agente que trae la discordia y el enfrentamiento, la formación lepenista se proyecta hoy como el partido que viene a apaciguar un clima convulso. 

Por eso las palabras clave que estructuran su discurso actual son: orden (conjugada siempre con el vocabulario de la protección, la soberanía y los derechos) y Estado (término que siempre es acompañado de los adjetivos “estratega” y “planificador”). De algún modo, el FN se quiere como un síntesis entre derecha e izquierda, entre la tradición ilustrada y reaccionaria, entre el nacionalismo y el republicanismo. Sus incursiones por los campos simbólicos de la derecha y de la izquierda son frecuentes. 

Un día elogian la figura del general De Gaulle (padre intelectual de la derecha conservadora y antigua bestia negra de la extrema derecha, que incluso planificó asesinarle) y otro día reivindican a Jean Jaurès (un verdadero mito de la izquierda francesa muy ligado al Partido Socialista) o al Frente Popular francés como símbolo de progreso social.

Tal plasticidad discursiva no puede sino sorprender y debe ser comprendida en un intento por patrimonializar los símbolos del país (a derecha e izquierda) proyectándose como una superación de las antiguas divisiones ideológicas.

 Desde ahí debe entenderse la elección de su lema de campaña y del logotipo que lo acompaña (una rosa azul). Preguntada por la ausencia en la cartelería de toda referencia a las siglas del Frente Nacional y la sustitución del logotipo tradicional del partido (una llama con los colores de la bandera francesa) por un rosa azul, Marine Le Pen explicó así su decisión de campaña:

He escogido la rosa como símbolo de campaña porque es un símbolo de feminidad y para recordar que yo seré la única mujer que se presente a las elecciones de abril. He elegido la rosa porque durante mucho tiempo ha representado la esperanza de miles de trabajadores y trabajadoras francesas en un futuro mejor. Una rosa azul simboliza al mismo tiempo la esperanza de la izquierda [referencia a la rosa] y los deseos de la derecha [referencia al color azul], porque mi propósito es unir a todos los franceses y francesas en un proyecto común de futuro”.  (...)

Estamos ante una nueva identidad política que, más allá de la izquierda y la derecha, habla “en el nombre del pueblo” tratando de condensar las aspiraciones al orden, la protección y la soberanía nacional. 

Una versión refinada de autoritarismo que se nutre de la patrimonialización y simultánea transformación de los valores republicanos. Marine quiere cruzar el Rubicón."                (Guillermo Fernández Vázquez, CTXT, 21/12/16)

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