"(...) Marine Le Pen no se sitúa a la contra del consenso republicano sino como
la punta de lanza del mismo. Es decir, el asunto para la extrema
derecha francesa ya no es cómo configurar una fuerza alternativa de
rechazo a los consensos dominantes que oponga la nación a la república,
la religión al laicismo, el individuo a la sociedad civil y la comunidad
al multiculturalismo, sino cómo lograr poner esos consensos dominantes a
su favor.
El gran éxito de Marine Le Pen se fundamenta en haber lanzado
una suerte de OPA semántica a los conceptos clave que estructuran en
Francia el sentido común republicano y poner a sus competidores
políticos a la defensiva. “Las palabras cuentan”, le dice Marine a su
padre, “pero para robárselas al adversario”. (...)
Cuando hoy escuchamos las intervenciones de Marine Le
Pen en los medios de comunicación la vemos presentarse como la principal
defensora de la igualdad entre hombres y mujeres, de los servicios
públicos y los derechos sociales, del papel del Estado en la sociedad,
del laicismo, de la soberanía nacional, de la herencia ilustrada, del
medio ambiente e incluso de la protección de los animales. Si tus
adversarios te golpean con armas que te hacen daño, mejor que esforzarse
en preparar un buen escudo es despojarles de esas armas.
O, más
eficazmente aún: en el caso de que sean buenas armas, robárselas y
aprovechar para atizarles tú con ellas. Eso es precisamente lo que trata
de hacer el Front National liderado por Marine Le Pen y Florian
Philippot.
No debe extrañarnos entonces escuchar a la presidenta
del FN proponerse como la principal defensora de la democracia frente al
autoritarismo de mercado, de los maestros, policías y sanitarios
amenazados por los recortes, de los productores franceses y de los
habitantes de las zonas rurales que ven cerrar las instalaciones de
Correos, los ambulatorios o los centros deportivos, de los jóvenes que
tienen miedo a un mercado laboral precario y de todos aquellos que se
sienten olvidados y abandonados por las
administraciones públicas.
Si algún día acusaron a su partido de traer
el desorden y el conflicto a la comunidad política, hoy se presenta como
la defensora del orden republicano, aquella que puede traer la paz a
una comunidad amenazada. ¿Amenazada por quién? Por el terrorismo
islamista, por el “ultraliberalismo” de un mercado sin control y por la
inmigración clandestina.
Desde el punto de vista político, uno de los pasos más
interesantes que ha dado el FN en el último año y medio es proponerse
como la mejor solución para reinstaurar el orden republicano.
Lejos de ser el agente que trae la discordia y el enfrentamiento, la
formación lepenista se proyecta hoy como el partido que viene a
apaciguar un clima convulso.
Por eso las palabras clave que estructuran
su discurso actual son: orden (conjugada siempre con el vocabulario de
la protección, la soberanía y los derechos) y Estado (término que
siempre es acompañado de los adjetivos “estratega” y “planificador”). De
algún modo, el FN se quiere como un síntesis entre derecha e izquierda,
entre la tradición ilustrada y reaccionaria, entre el nacionalismo y el
republicanismo. Sus incursiones por los campos simbólicos de la derecha
y de la izquierda son frecuentes.
Un día elogian la figura del general
De Gaulle (padre intelectual de la derecha conservadora y antigua bestia
negra de la extrema derecha, que incluso planificó asesinarle) y otro
día reivindican a Jean Jaurès (un verdadero mito de la izquierda
francesa muy ligado al Partido Socialista) o al Frente Popular francés
como símbolo de progreso social.
Tal plasticidad discursiva no puede sino sorprender y
debe ser comprendida en un intento por patrimonializar los símbolos del
país (a derecha e izquierda) proyectándose como una superación de las
antiguas divisiones ideológicas.
Desde ahí debe entenderse la elección
de su lema de campaña y del logotipo que lo acompaña (una rosa azul).
Preguntada por la ausencia en la cartelería de toda referencia a las
siglas del Frente Nacional y la sustitución del logotipo tradicional del
partido (una llama con los colores de la bandera francesa) por un rosa
azul, Marine Le Pen explicó así su decisión de campaña:
“He escogido la rosa como símbolo de campaña
porque es un símbolo de feminidad y para recordar que yo seré la única
mujer que se presente a las elecciones de abril. He elegido la rosa
porque durante mucho tiempo ha representado la esperanza de miles de
trabajadores y trabajadoras francesas en un futuro mejor. Una rosa azul
simboliza al mismo tiempo la esperanza de la izquierda [referencia a la rosa] y los deseos de la derecha [referencia al color azul], porque mi propósito es unir a todos los franceses y francesas en un proyecto común de futuro”. (...)
Estamos ante una nueva identidad política que, más allá de la izquierda y
la derecha, habla “en el nombre del pueblo” tratando de condensar las
aspiraciones al orden, la protección y la soberanía nacional.
Una
versión refinada de autoritarismo que se nutre de la patrimonialización y
simultánea transformación de los valores republicanos. Marine quiere
cruzar el Rubicón." (Guillermo Fernández Vázquez, CTXT, 21/12/16)
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