"(...) El proyecto de Barcelona, bajo el nombre de B-Mincome, desarrollará
un proyecto de diversas pruebas experimentales para conceder distintos
tipos de renta de garantía de ingresos a individuos y familias por
debajo del nivel de pobreza.
Los tipos de renta irán desde rentas
condicionadas y limitadas hasta rentas incondicionadas y sin límites,
replicando las usuales políticas de workfare neoliberales y
socialdemócratas (que condicionan el cobro de las ayudas a implicarse
activamente en realizar actividades de inserción laboral) o políticas
universalistas, similares a una renta básica incondicional.
Además, los diferentes tipos de renta se combinarán con la elección o
la obligación por parte de los beneficiarios de realizar diferentes
políticas de inclusión social (formación-ocupación, empresa social,
acciones para la comunidad, reforma de la vivienda para permitir
alquilar habitaciones, etc..). Además, se testeará el impacto de que
parte de los beneficiarios cobren parte de su renta en una moneda social
propia de la ciudad.
Actualmente Barcelona no dispone de una moneda social, aunque en unos
pocos días la ciudad vecina de Santa Coloma de Gramenet va a lanzar su
propia moneda, también en el marco de un proyecto europeo, el
Digipay4growth.
Y Viladecans, también en su proyecto europeo, prevé la
creación de una moneda propia para recompensar los ahorros energéticos
de sus ciudadanos. (...)
Así pues, la nueva moneda de Barcelona, que iniciará su andadura el
año que viene y se espera se implante progresivamente en la ciudad a
partir de 2019, se inscribe en el amplio movimiento de monedas locales
que se están desarrollando en Europa y Latinoamérica sobre todo en los
últimos años, aprovechando los nuevos desarrollos tecnológicos.
La existencia de monedas propias coexistiendo con otras de nivel
estatal es antigua, y tuvo un primer momento álgido durante la gran
depresión de los años 30 en EE.UU. y Europa. Irving Fisher, economista
padre de la teoría económica cuantitativa moderna, ya escribió textos
sobre cómo monedas locales podrían ayudar a economías locales deprimidas
a reactivarse, ante la escasez de dinero de curso legal.
Fisher
documentó extensamente el impacto de una moneda local en el pueblo de
Wörgl en Austria en esa época. La moneda de esa ciudad funcionaba
mediante un cartón calendarizado con cupones (stamp script) y
un sistema de oxidación (pérdida continua de su valor de cambio) que
incentivaba a sus poseedores a gastar el dinero rápidamente. De esa
época también surge el sistema más importante existente en la
actualidad, el sistema de la banca cooperativa suiza WIR. (...)
Las monedas sociales de uso local han tenido un crecimiento
importante entre ciudades medianas y grandes en Europa, siendo las
ciudades inglesas (Bristol o el barrio londinense de Brixton) y
francesas las más conocidas (como Toulouse o Nantes).
Francia ha
desarrollado una legislación específica, y las monedas sociales han
despertado el interés de las autoridades monetarias como el Banco de
Inglaterra o el Banco Central Europeo. En España ya existen muchas
monedas locales, basadas la mayoría en sistemas LETS (lo vemos más
adelante).
Por cierto, las monedas sociales no tienen nada que ver con las
criptomonedas o monedas virtuales (como el bitcoin), que se basan en
criterios especulativos en donde quien emite la moneda se embolsa en
moneda legal lo que el mercado (los usuarios de la moneda) están
dispuestos a pagar por ello, lo cual depende básicamente de su capacidad
para permitir transacciones con muy bajos costes y elevada opacidad (se
realizan fuera del mercado financiero tradicional, como los bancos, y
escapan a cualquier control fiscal) o para especular con ella (como
cualquier otro activo financiero, pero con una volatilidad muy alta:
empezó a cotizar en 2009 a unos céntimos de $ por bitcoin, alcanzó casi
los 1000 $ hace tres años, cayó hasta 231$ el 2015 y ahora está por
encima de los 730$).
No obstante, la tecnología que usan (conocida como
cadena de bloques o blockchain) despierta un creciente interés
entre las entidades financieras por su capacidad de permitir
transacciones seguras a bajo coste.
Existen muchos modelos de moneda social, pero las podemos clasificar
en dos grandes grupos: las monedas basadas en circuitos cerrados de
crédito, y las monedas basadas en un soporte en la moneda de curso
legal.
Además, como resultado de una evolución histórica, debemos
distinguir entre las monedas con soporte en papel (billetes, monedas o
cupones) y las monedas más recientes con soporte electrónico o llamadas
monedas también digitales.
Las monedas basadas en circuitos cerrados de crédito tienen a su vez
dos grupos de usos: los circuitos empresariales de intercambio de bienes
y servicios basados inicialmente en los sistemas de trueque
multilateral o barter mencionados anteriormente y los sistemas de intercambio local o Local Exchange Trade System – LETS- por
los que los usuarios se generan un crédito a su favor frente al sistema
de intercambio cuando venden bienes o servicios a otros miembros y
reducen ese crédito o incluso se genera un saldo negativo cuando compran
bienes o servicios.
El saldo negativo está topado (nadie se puede
endeudar en exceso contra el sistema) y cuando se entra en el sistema se
puede obtener una capacidad inicial de endeudamiento (hasta el tope
mencionado) para poder empezar a comprar antes de vender.
Tanto en los sistemas empresariales, como en los sistemas orientados
más a individuos, como en los sistemas mixtos (como el sistema RES de
Bélgica y de Girona que permite a consumidores finales y a empresas
comerciar simultáneamente) la suma de los saldos positivos y negativos
se compensa (una compraventa genera un saldo positivo y uno negativo)
pero hay una capacidad de endeudamiento (suma de todos los posibles
saldos negativos) implícita, que sería el equivalente a una creación
monetaria similar a la que genera el sistema monetario actual cuando,
como ha reconocido el Banco de Inglaterra, los bancos crean dinero de la
nada: concediendo un crédito a un cliente y depositándole el valor del
crédito en su cuenta bancaria, de manera que el saldo del banco sigue
equilibrado).
El sistema Sardex y algunas experiencias de la red de economía
solidaria catalana XES (ambos empresariales) y los diversos sistemas CES
funcionan así. No obstante, para facilitar la transparencia en los
intercambios, la moneda social o el crédito generado en el sistema se
denomina en una divisa con equivalencia 1 a 1 al euro o la moneda de
curso legal del país de referencia, aunque normalmente no exista un
sistema para intercambiar saldos positivos de la moneda local en euros.
Por lo tanto el elemento básico para que funcione un sistema cerrado es
que existan individuos o empresas dispuestos a aceptar que otros les
paguen en moneda local los bienes o servicios que les entregan, con la
confianza de que ellos, a su vez, podrán gastarse su saldo comprando a
otros miembros, y así sucesivamente.
En tanto estos sistemas sean
cerrados, sin intercambios regulados con la moneda legal, están fuera
del alcance de la supervisión de las autoridades monetarias, ya que se
trata de meros intercambios de crédito comercial, como ocurre
corrientemente con las transacciones de bienes y servicios entre
empresas. Y obviamente todas las transacciones están sometidas a los
impuestos correspondientes (IVA, etc..)
Para incentivar la actividad de estos circuitos los dos instrumentos
principales son la ampliación de las capacidades de crédito (saldo
negativo máximo) de los miembros (con la confianza de que serán capaces
de retornarlo por la vía del suministro de bienes y servicios a otros
miembros, o mediante pago en euros procedentes del circuito de pago
convencional) y en segundo lugar la implementación de una tasa de
oxidación (tasa de interés negativo sobre los saldos positivos que se
mantienen en el sistema) que incentiva a gastarse el saldo positivo para
no perderlo progresivamente.
Obviamente la tasa de oxidación debe ser
estimada de manera que no “espante” a los potenciales usuarios del
sistema.
Otro elemento importante de estos sistemas para que crezcan en
volumen es la profesionalización de la gestión, mediante sistemas
informáticos adecuados (el más conocido, el sistema Cyclos de la
fundación holandesa Social Trade Organisation --STRO--) y personal que
capte usuarios y procure que los poseedores de saldos positivos
dispongan de proveedores donde gastárselos cubriendo sus necesidades
(llamados brokers).
Las monedas sociales basadas en soporte en el euro u otra moneda de
curso legal (como la libra esterlina británica) son las más adecuadas
para monedas impulsadas desde los ayuntamientos, por las limitaciones
legales a crear endeudamiento y por el principio de precaución al que
deben someterse las administraciones locales o regionales.
Es el caso de
la moneda de Santa Coloma: en su caso el ayuntamiento decide canalizar
parte de sus gastos (salarios, compras a proveedores, subvenciones) en
moneda local. Para ello deposita una cantidad de euros en una cuenta
restringida que sea equivalente a la moneda local que emite y que
transfiere a los perceptores de sus fondos (trabajadores municipales,
proveedores o entidades subvencionadas) que han aceptado voluntariamente
(salarios y pagos a proveedores) u obligadamente (subvenciones) cobrar
en moneda social. A su vez el ayuntamiento puede cobrar voluntariamente
precios y tasas públicas en moneda social, y los ciudadanos pueden
adquirir moneda social previo pago en euros.
Con la moneda social en sus manos (o mejor dicho en sus smartphones porque es una moneda digital cuyo saldo se encuentra guardado en el software
de los servidores del sistema) los tenedores de saldos positivos (en
este sistema nadie tiene saldos negativos) pueden comprar bienes a otros
comercios adheridos al sistema.
En el caso de Santa Coloma (el más
avanzado tecnológicamente hasta hoy) para favorecer la circulación de la
moneda en la ciudad se ha fijado un periodo de maduración que fija un
número de días mínimos antes de los cuales si se quiere cambiar el saldo
de moneda social por euros se debe pagar una penalización (esto no
ocurre en Bristol, donde el canje de Bristol Pounds por libras
esterlinas se puede hacer inmediatamente). Como ya hemos mencionado, el
intercambio de euros siempre esta garantizado y no existe creación
monetaria.
De esta manera el principal objetivo es que la moneda social circule
entre los comercios de la ciudad y que los comercios practiquen el
comercio entre ellos. El objetivo es que cada euro de gasto público o de
los ciudadanos de Santa Coloma multiplique su impacto sobre la economía
local, en especial sobre el tejido comercial de proximidad, generando
más puestos de trabajo, en una ciudad muy acostumbrada a gastarse sus
euros en los centros comerciales próximos pero fuera de su municipio.
Técnicamente el objetivo es doble: por un lado incrementar la velocidad
de circulación de la moneda, las veces que se usa en transacciones (de
un valor de 2 veces al año para un euro en promedio hasta valores
superiores a 10 veces en monedas sociales con oxidación, como la de
población alemana de Chiemgauer) y cuánto impacta en la economía local
(medida por ejemplo con el multiplicador local de tres vueltas LM3, que
suma el gasto realizado con la moneda local en la cadena de tres
compradores consecutivos).
Existen además modelos mixtos en donde por un lado se
canjean euros a cambio de moneda local (ya sea en papel como en Bristol o
en saldo electrónico como en Santa Coloma) y a la vez disponen de
sistema de crédito para facilitar acceso al crédito de pymes y autónomos
y que estos créditos o microcréditos concedidos por la banca pública o
el propio sistema se inviertan en el territorio. Los sistemas en papel
son más atractivos en imagen (por ejemplo Bristol emite billetes con
diseños de artistas locales) pero los sistemas digitales permiten
implementar fácilmente políticas de marketing o de gestión imposibles de
hacer en papel.
Por ejemplo penalizar con tasas de oxidación la no
circulación, o penalizar los canjes por euros, o , a la inversa,
bonificar compras en comercios de determinadas zonas, tipos de comercio o
momentos del tiempo, a elección de la entidad que gestione la moneda.
La entidad gestora puede ser una entidad creada ad-hoc o se puede
delegar en una entidad financiera, habitualmente de la banca cooperativa
o pública.
¿Cuáles son los objetivos de Barcelona y qué tipo de moneda debería
escoger? Aún se dispone de medio año para decidir el tipo de moneda que
se va a implementar en el piloto del proyecto europeo. Las posibilidades
son múltiples, pero parece claro que uno de los objetivos es favorecer
al comercio de proximidad, en especial todo el que impulse el pequeño
comercio de proximidad, la economía cooperativa, social y solidaria, la
economía circular y la conocida como kilómetro 0.
Además, el pago de
las ayudas monetarias en moneda social permitirá hacer un experimento
muy innovador de canalización de gasto público social y analizar su
impacto en el bienestar de sus perceptores.
La moneda social de
Barcelona puede tener múltiples aplicaciones en el fomento del cambio de
modelo productivo de la ciudad, hacia un sistema socialmente inclusivo y
ambientalmente sostenible, mediante aplicaciones sectoriales a
cuestiones energéticas, de gestión de residuos, del uso de capacidades
ociosas o de fomento de la cultura, entre otras, alineando con todos los
actores del ecosistema urbano.
Para ello se contará con el conocimiento experto de los diversos think tanksdel
proyecto, de la comunidad de expertos del Instituto de la Moneda Social
y de la propia ciudadanía y del tejido comercial y productivo local,
que modulará el proyecto para maximizar el bienestar colectivo y del
tejido comercial y productivo local, con el objetivo de modular el
proyecto y su gestión futura para maximizar el bienestar colectivo." (Lluís Torrens, CTXT, 22/11/16)
Europeseta electrónica de circulación interna
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )
Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con
gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:
Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
Para salir de la crisis sin salir del euro: España
debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html
Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html
Hay alternativas, incluso dentro del euro.
Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/
Más información en: 'Si Grecia, España, o
Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar
instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar
créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html
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