31.1.17

La paradoja es enorme: 23 años después del levantamiento zapatista, es el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien amenaza a las compañías americanas con aranceles aduaneros

"El 1 de enero de 1994 se levantaba en México el Ejército Zapatista de Liberación Nacional del subcomandante Marcos. Era el día en que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el NAFTA. Algunos consideran que este acontecimiento fue la primera respuesta contra la globalización, es decir, el hito fundacional de los movimientos altermundistas.

Después vendrían más movilizaciones: entre finales de los años noventa y los primeros años 2000, cada cumbre de los organismos impulsores de la globalización o de los signos de identidad que ésta iba adquiriendo, como el libre comercio, las desregulaciones y las liberalizaciones, en definitiva, la eliminación de las fronteras para el capital (la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial) se convertiría en escenario de protestas de los altermundistas, como preferían denominarse sus protagonistas porque no querían acabar con la mundialización, sino construir otro modelo para ella (“otro mundo es posible” era su lema). (...) 

La miniglobalización europea también tuvo contestación por parte de los críticos, aunque fue bastante minoritaria. IU en España estuvo en contra de Maastricht. En Francia tuvo lugar una movilización relativamente importante contra el proyecto de Constitución europea. 

Además, hubo dos noes muy sonados: los de Dinamarca y el Reino Unido, que no quisieron renunciar a su soberanía monetaria. Hoy en día, estos dos países siguen fuera del euro y uno de ellos ha iniciado el proceso para autoexcluirse de la Unión Europea.

La gran paradoja


Muchos años después de las primeras protestas contra la globalización, comenzamos a hablar de desglobalización. Y ya no son sólo reivindicaciones y protestas de la sociedad civil. Ahora ya son victorias que se están apuntando fuerzas del propio sistema (el Partido Republicano americano, por ejemplo) apoyadas o aupadas en ocasiones por outsiders (Donald Trump, un hombre de negocios que presenta su cara más heterodoxa transformándose en un político antiélites). 

Además, la idea de la desglobalización triunfa en países centrales, en los más grandes del mundo occidental, en los mismos lugares de nacimiento de la ideología liberal.

 La paradoja es enorme: 23 años después del levantamiento zapatista, es el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien amenaza a las compañías americanas con aranceles aduaneros para los productos que fabriquen en México y quieran vender en EE.UU. 

Además, avisa de una próxima renegociación del NAFTA y pide su salida del Tratado Transpacífico (TPP) nada más tomar posesión del cargo y tras un primer discurso ya como mandatario en el que invitaba a comprar americano y contratar trabajadores estadounidenses. 

También prometía recuperar los empleos y la riqueza perdida por la clase media americana, al haberse redistribuido por el mundo como consecuencia, resumiendo, del modo en que se ha gestionado la globalización. En el Reino Unido, los ciudadanos deciden en un referéndum convocado por un primer ministro del Partido Conservador autoexcluirse de la Unión Europea. 

El Frente Nacional de Marine Le Pen da la enhorabuena a Trump y al Reino Unido por sus “victorias” y dice que la siguiente ficha en caer del mismo lado será Francia, que también buscará replegarse en las limitadas fronteras del Estado nacional. Y quizás veamos algo parecido en Italia, donde la Liga Norte, el Movimiento Cinco Estrellas y Forza Italia también plantean de manera más o menos abierta una consulta popular para salir del club europeo.

 El descontento generado por la globalización está manifestándose en los países del mundo que se consideraba que iban a ser los grandes ganadores de la libertad global de mercado. (...)

¿Tiene que ver el altermundismo de hace veinte años con las estrategias nacionalistas de hoy en día? Jaime Pastor, profesor titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED, comenta que el movimiento de dos décadas atrás fue una respuesta a la globalización financiera y neoliberal, a la concentración de poder en manos de las grandes empresas multinacionales, al ataque a la propiedad comunal indígena; fue un movimiento contra la “globalización feliz”. 

En cambio, en su opinión, el Brexit y Trump suponen una reacción a la crisis de esa “globalización feliz” de las multinacionales. Tanto el Brexit como el nuevo presidente de Estados Unidos surgen, dice Jaime Pastor, para defender la prioridad nacional en su calidad de grandes potencias. También hay en ellos, en opinión del profesor, razones de competencia: quieren salir lo menos mal posible del parón económico, de la etapa de estancamiento secular que parece haber arrancado tras superarse lo peor de la crisis económica. 

Los desglobalizadores actuales se apoyan, continúa Pastor, en el sentimiento de agravio de una parte de la población, las víctimas de la desindustrialización del norte. En definitiva, a lo que asistimos ahora, según expresa Pastor, es a una combinación de egoísmo nacionalista de gran potencia que se apoya en el malestar popular de quienes perdieron con las deslocalizaciones de las empresas que recorrían el mundo en busca de la reducción de costes y la maximización del beneficio.  (...)

Los últimos movimientos que han surgido en los países desarrollados están muy institucionalizados y buscan alcanzar el poder de una manera convencional en parte porque sus protagonistas salen del propio poder. Hace veinte años, la antiglobalización, como la define Jaime Pastor, era un movimiento de nómadas, con poco anclaje tradicional en el territorio nacional.

 Y su siempre limitada fuerza se agotó pronto. Quizás, como señala Pastor, su último episodio fuera la movilización contra la guerra de Irak. Ahí acabó la ola antiglobalización progresista en el norte. “No hubo tiempo para que se produjera un anclaje de ámbito nacional-estatal en el norte, aunque sí en el sur”, comenta Pastor. Los movimientos antiglobalización no cuajaron en el norte y parecieron siempre minoritarios. (...)

 Los movimientos antiglobalización de hace veinte años partían del espectro de la izquierda. Ahora los triunfantes son patrimonio de la derecha. En los países desarrollados, en lugar de atacar al neoliberalismo, se ataca a la inmigración, a la que se echa la culpa de los males de los perdedores occidentales de la globalización, o a los chinos que producen más barato, con lo que se agita una guerra entre pobres y empobrecidos, según apunta Pastor.

Y es que, de acuerdo con Pastor, la socialdemocracia ha sido uno de los motores de la globalización, mientras otros sectores de la izquierda se centraron más en otro tipo de movimientos. En todo caso, precisa el profesor Jaime Pastor, Podemos, en parte, hunde sus raíces en los movimientos antiglobalización. De hecho, muchos de sus líderes participaron en sus movilizaciones y también en su institucionalización en América Latina. (...)

Que la antiglobalización haya cuajado en el escenario político del norte, ¿ha provocado ya evidencias cuantificables de desglobalización en el mundo? Lo cierto es que los bancos de inversión y el mundo financiero en su conjunto sí se muestran preocupados por esta cuestión. Un reciente informe de Bank of America Merrill Lynch comenta: “La era de libre comercio y movilidad de capital y trabajo que se desarrolló entre 1981 y 2015 parece estar llegando al final.

 Los electorados están virando hacia una dirección antiinmigración. El populismo anti-libre comercio está creciendo (una reciente encuesta mostraba que el 65% de los americanos dice que las políticas comerciales han provocado una caída del empleo en Estados Unidos, frente al 13% que cree que han creado trabajo).

 El Brexit y las elecciones americanas representan reacciones populistas de repudio al statu quo global”. Martin Wolf, en el Financial Times, también se ocupa, preocupado, de este tema: “Como la era de la globalización termina, ¿el proteccionismo y el conflicto definirán la nueva fase?”, se pregunta en un reciente artículo. Y Nouriel Roubini titulaba otro de esta forma: “'América primero' y conflicto global después”.  (...)"               (Cristina Vallejo , Contexto y Acción, en Rebelión, 30/01/17)