24.2.17

¿De verdad creen que nadie cayó en la cuenta de que el propio banco era muy consciente de que los ingresos del cliente harían prácticamente imposible la devolución del crédito concedido? ¿Cuál fue el motivo real de amparar operaciones que supusieron pérdidas para las entidades? ¿O era realmente un regalo envenenado para esclavizar por deuda a la gente?

"Se han analizado hasta la saciedad las consecuencias de la crisis que venimos arrastrando para los ciudadanos, los dramas de familias abocadas a ser desahuciadas por no poder hacer frente a sus cuotas hipotecarias, los impagos de créditos personales, los embargos de salarios ya en ocasiones precarios, aún siendo el ingreso único de una familia, por haber quedado en paro la otra mitad de la pareja. (...)

En cuanto a la legislación sobre deudas, todas las situaciones estaban perfectamente tasadas: el ciudadano que adeudaba alguna cantidad económica debía ser, y de hecho era, sentenciado a devolver el importe que debía, al que le eran sumados intereses y costas judiciales. (...)

Pero como casi todo en la vida, existe una segunda cara de la moneda: innumerables casos de personas que, teniendo unos ingresos mensuales modestos, 1.300 euros, por poner uno más de los ejemplos reales conocidos, su entidad bancaria les ofrecía una tarjeta de crédito con un límite mensual de 1.500 euros, con posible ampliación de límites, y a pagar en cómodas cuotas cada 30 días.

Además, empresas privadas de créditos "rápidos" de forma paralela ofrecían otras tarjetas de crédito o préstamos por importe variable, igualmente a devolver en cómodas cuotas mensuales. Llegado el momento, la bola de nieve de cuotas no pagadas iba haciéndose más y más grande, el uso de la tarjeta de crédito aumentaba para compensar el pago de esas cuotas (el viejo refrán de desvestir a un santo para vestir a otro), hasta que la vía de agua de la deuda terminaba ahogando al deudor.

Aplicada la ley, el resultado era un embargo salarial del 33% por espacio de varios años, con lo cual su día a día se veía reducido a trabajar (el que podía) y malvivir con más dificultades que al principio.

¿De verdad creen que nadie cayó en la cuenta de que el propio banco, o entidad de crédito, era (o debería ser) muy consciente de que los ingresos del cliente al que le facilitaban acceso a ese dinero extra harían prácticamente imposible su recobro?

¿Ningún directivo, experto financiero, supo o quiso ver que esos créditos serían a medio plazo irrecuperables? ¿Cuál fue el motivo real de amparar operaciones que supusieron pérdidas para las entidades?

¿Existe una ética en proporcionar un recurso económico "ficticio", artificial y temporal, bajo supuesta facilidad de devolución, a este tipo de personas? ¿O era realmente un regalo envenenado, a sabiendas de su prácticamente imposible recobro?

Tal vez es mejor que saquen ustedes sus propias conclusiones..."            (Raphael Nagel, Crónica global, 23/02/17)