"En Barcelona se vive un desbordamiento emocional en el que ya no hay
sitio ni lugar para razonar. Y con unas actitudes por parte de los
responsables de las instituciones catalanas y de los partidos políticos
independentistas que no cabe sino calificar, y desde hace ya tiempo, de
abiertamente insurreccionales contra el orden constitucional. (...)
La nueva consigna es que ahora ya no va de independencia, ahora se
trata de defender la democracia y la libertad, como acaba de hacer la
inefable señora Colau solicitando el apoyo de los alcaldes europeos, o
como una lucha contra un franquismo resucitado Y eso parece haber calado
en una parte importante de la población dispuesta a responder a esa
llamada a la movilización.
Es increíble que se hable de defender la democracia y las libertades,
cuando en Catalunya hay una Presidenta del Parlamento que cree que su
alta función es compatible con andar vociferando por las plazas que los
que voten a partidos políticos como el PP o Ciudadanos, no son
catalanes.
Ese es un lenguaje propio de los peores totalitarismos. Es increíble
que eso ocurra en una democracia avanzada, y más lamentable aun es que a
millones de ciudadanos la justifiquen y la sigan.
Es increíble que un miembro del Gobierno de la Generalitat, abundando
en la misma idea, pueda decir que los que no quieran participar en ese
referéndum, simplemente “no son ciudadanos sino súbditos”. Y no hay más
que ver las oleadas de miseria moral que inundan las redes llamadas
sociales insultando y acosando a los que se atreven a explicar por qué
no van a participar.
Pero esas actitudes no representan a todos los catalanes, aunque a un
marciano que observara a distancia lo que ocurre en Catalunya, le
parecería que hay una absoluta unanimidad en torno a la voluntad de
independencia, puesto que solo percibiría la fuerza, el entusiasmo y la
movilización entorno al relato independentista.
Estos cabalgan a lomos de sus emociones desbocadas, envueltos gozosos
en una bandera, una épica histórica y una ilusión para construir el
futuro, con un himno que cantar y otro al que silbar. Y aunque estas
emociones se basen en muchas falsedades, a fuerza de repetirlas se han
convertido en verdades inapelables.
Tienen un enemigo, el Estado español, y creen que el mundo les
recibirá con los brazos abiertos porque el derecho internacional
reconoce y defiende su derecho a la autodeterminación. Y, por supuesto,
que el nuevo Estado independiente seguirá siendo de forma automática, o
con muy breves negociaciones, miembro de la UE y del euro.
Muchos corresponsales extranjeros, abrumados por el peso de la
propaganda oficial, me preguntan por qué la otra parte de los ciudadanos
de Catalunya, que según las últimas elecciones son algo más de la
mitad, ha estado silenciosa. Mi respuesta es que es por temor o por
desinterés. Pero sobre todo porque les falta un relato movilizador. Y
porque la política de comunicación del gobierno español ha sido un
desastre. (...)
Lo que pasa en Catalunya estos días tiene algo de ubuesco y produciría
hilaridad si no fuera tan dramática la situación. ¡!El mismo gobierno
que convoca un referéndum ilegal y mantiene a gritos su in tención de
celebrarlo a pesar de lo que digan el Tribunal Constitucional y los
jueces, es el que convoca y preside la reunión de la Junta de Seguridad
que debe coordinar las medidas para impedirlo ¡!. Y naturalmente no se
llegan a ningún acuerdo sobre cómo hacerlo. (...)
Pero el independentismo ya habrá conseguido su verdadero objetivo, el
de aumentar la tensión, seguir provocando al gobierno hasta generar una
situación de conflicto irreversible. Es lo que dice Forcadell cuando
clama que hay que poner al Estado contra las cuerdas.
Hay mucha gente de buena voluntad que se cree que la independencia, y
con ella un país mejor, están al alcance de la mano. Pero los líderes
independentistas saben que este referéndum, tal como se va a celebrar,
no tendrá ningún efecto práctico porque una declaración unilateral de
independencia estaría vacía de efectos reales, aunque cargada con todos
los elementos de un grave conflicto social.
Lo ha dicho claramente el mesiánico Junqueras : “sólo con la foto de
la policía impidiendo una votación ya hemos ganado”. Y va a conseguir
muchas fotos de catalanes haciendo cola para querer votar y la policía
tratando de impedirlo. Esto es ya inevitable. No serán fotos simpáticas,
explotadas mediáticamente para presenta a España como un Estado
opresor.
Pase lo que pase el día 1, es de temer que en su fuga hacia delante,
el independentismo pretenda llevar a la práctica las previsiones de su
Ley de desconexión y declarar la independencia de forma unilateral.
(...) yo también temo que Catalunya y España, saldrán más debilitadas,
crispadas y divididas del 1 de octubre. Y no creo que a una buena parte
de los convocantes les preocupe que así sea, más bien es lo que buscan.
Sera difícil volver a contener las emociones, de uno y de otro lado.
Al llegar a Madrid me encuentro con un mar de banderas rojigualdas de
una manifestación en defensa de la unidad de España. Los demonios de
ayer que creíamos vencidos, despiertan de nuevo. Esperemos que el
gobierno tenga algún plan para mañana y sobre todo para pasado mañana,
cuando todo esté de nuevo por hacer." (Josep Borrell, República.com, 39/09/17)
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