5.10.17

Mientras las fuerzas dominantes están eufóricas (tanto Rajoy como Puigdemont), la izquierda alternativa se ha roto por su incapacidad y su falta de discurso político alternativo. La derecha catalana está consiguiendo lo que deseaba...

"(...) Poco importa. La derecha catalana está consiguiendo lo que deseaba. Se quiere hacer olvidar el saqueo que durante más de tres décadas ha sometido a este país.  Esa misma derecha ha coincidido siempre con la madrileña a la hora de imponer los recortes, los ajustes y empobrecer por igual a las clases populares de todo el Estado. 

Los votos catalanes durante estos años han sido imprescindibles para sostener el “status quo”.  Rajoy y Puigdemont son los guiñoles de este teatro, como antes lo fueron Ibarrexte y Aznar.  Los que mandan sin presentarse a elecciones, los que desde atrás mueven los hilos, están consiguiendo, con la ayuda inestimable de una izquierda abducida e incapaz de fijar una salida progresista a la situación, que los focos se dirijan hacia otros objetivos.

 En esos conos de sombra que se proyectan cuando nos deslumbran las luces, se están dirimiendo nuevas alianzas, nuevas formas de poder y nuevos compromisos entre Barcelona y Madrid.

Las mayores manifestaciones vividas en Linares (30.000 personas) pidiendo trabajo quedan ocultas tras la luz cegadora del conflicto catalán. Que el costo del rescate financiero superará los 50.000 millones no importa. Que ese costo vaya a espaldas de las clases populares de este país sean catalanas o andaluzas, una menudencia.  

El último exabrupto del diputado “No sé”, Rufián, lo tapará. Nadie juzgará al Banco de España, ni a la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) por el saqueo de Bankia, será olvidado tras el último comentario de Oriol Junqueras.

 Que toda la familia Pujol esté encausada, se tapa usando el recurso al Referéndum. El españolismo de Rajoy y el independentismo de Puigdemont son las dos caras de la misma moneda, sirven a los mismos intereses, aunque los trapos de unos y otros tengan distintos colores.

Poco importa el nombre de los personajes. Puigdemont y Oriol Junqueras pasarán y serán olvidados. Serán inhabilitados y sustituidos en las próximas elecciones autonómicas. Rajoy y el PP han reforzado su posición, dando por descontado la irrelevancia del PP catalán, pero asegurando sus bazas en el resto de España. 

El independentismo catalán les está haciendo un enorme favor. La izquierda vasca cometió el mismo error que el movimiento catalán: el desprecio hacia el resto del Estado estrechó el campo de sus posibles aliados, ampliando las fuerzas del enemigo, y la demolición de todo el entramado de la izquierda aberzale fue un proceso tácticamente largo, por el arraigo social que tenía, pero simple como estrategia. 

El PP aprendió el método e intentará repetirlo en Catalunya. El soberanismo catalán no puede ampliar sus apoyos en España fundamentalmente porque en su génesis desprecia todo aquello que venga del Estado. Es difícil ampliar tu campo cuando acusas a tus posibles aliados de ladrones, “España ens roba” o de vagos, “la España castellana cerealista y adusta frente a la laboriosa Cataluña”. 

A diferencia del nacionalismo vasco originario que presumió de una base étnica, el nacionalismo catalán se asentó sobre una base cultural (la lengua) como eje diferenciador. Los catalanohablantes pretendían ser el grupo social más culto, mientras que al castellanohablante se le arrinconaba en las escuelas y la vida social para convertirlo en poco menos que un paria. En la práctica, esta disyuntiva refuerza enormemente al PP y al bipartidismo.  (...)

 La recomposición y la victoria del bloque dominante en torno a las fuerzas conservadoras, tengan estas el nombre que tengan, está asegurado. Los Comunes, Podemos… pretendían navegar en esta tormenta política manteniendo las equidistancias, el “sí pero no, el no pero sí”. Vana ilusión: tal y como presumíamos la tormenta arrastra a esa nave y la obliga a posicionarse. 

Pero lo hace con voces dobles y discrepantes: mientras en el Parlament de Catalunya, Coscubiela se opone, con un digno discurso, al proceso independentista por falta de garantías, Xavi Domenech y Pablo Iglesias hablan de liberar a los “presos políticos catalanes”. (...)

 Mientras alcaldes del PSC están sufriendo presiones personales, insultos y agresiones incluidas, la alcaldesa de Barcelona no se solidariza con ellos. Ada Colau al defender el actual proceso, no sólo apoya el fondo de la cuestión, sino que da validez a las formas.

Colau, Domenech e Iglesias toman partido a favor de aquellos que han saqueado Catalunya y ahora se envuelven en la bandera. Pretenden derribar a Rajoy azuzando la crisis en Cataluña y, en la práctica, poniéndose del lado del nacionalismo conservador. Pretenden invertir su tendencia a la baja en las encuestas. 

Craso error: el discurso pro-independentista de cuadros importantes de la organización, no aportará los votos de Sarriá o Pedralbes, (que son en una parte nada desdeñable para la CUP), lo que es seguro es que perderá los de Cornellá o Nueve Barrios. El discurso pronunciado por Coscubiela no ha sido tenido en cuenta. El pavor de Podemos y “Els comuns” es quedar fuera de la foto electoral. Las caídas en las encuestas mandan.  (...)

La derechona catalana ha sabido sacar partido de los prejuicios anclados en la psique colectiva. El eslogan de “Espanya ens roba”, como ya hemos dicho, sirvió como aglutinante interior que favorecía el victimismo frente al “enemigo español”. 

 Esta tensión artificialmente creada refuerza a los polos políticos (constitucionalistas contra independentistas) al mismo tiempo que enfrenta a la propia sociedad catalana en dos bandos, en una sangría que tardará decenios en ser restañada si alguna vez se logra. 

La izquierda alternativa se ha roto por su incapacidad y su falta de discurso político alternativo más allá de la imagen televisiva o el eslogan carente de contenido. Mientras las fuerzas dominantes están eufóricas, se frotan las manos mientras tejen los nuevos escenarios y se preparan para la nueva fase de acumulación y explotación social."                    (Enrique Luque, Crónica Popular, 29/09/17)

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