"(...) ¿Por qué el tipo de interés se mantiene tan bajo? ¿Y
por qué es tan difícil tanto para la Fed como para el Banco Central
Europeo (BCE) impulsar unas tasas de inflación en mínimos pese al alud
de medidas extraordinarias aprobadas en los últimos años?
Son dos
preguntas que podrían resumirse en una: ¿Caminamos hacia un mundo con
tipos de interés e inflación inusualmente bajos por un periodo
inusualmente prolongado?
Los motivos para este cambio de paradigma son de amplio espectro. Los
tipos de interés de equilibrio, arguyen diversos expertos, tienden hacia
tasas mínimas por factores como el progresivo envejecimiento de la
población, una productividad en horas bajas o la globalización. En esta
dirección apunta Jorge Sicilia, economista jefe del BBVA.
“Es muy
posible que la fase actual de tipos bajos haya llegado para quedarse.
Esto se explica por una dinámica poblacional que ha aumentado el ahorro,
los incrementos muy ligeros de la productividad que reducen la
inversión o por una inflación contenida que no plantea riesgos para la
estabilidad de precios”, asegura este experto.
“Si en el futuro hay más
ahorro y menos inversión, es natural que haya un tipo de interés de
equilibrio más reducido”, sintetiza el catedrático de Análisis Económico
Joaquín Maudos.
La tendencia bajista de los tipos alegrará a las familias o empresas que
barajan endeudarse en el futuro. Esta misma semana, el presidente del
BCE, Mario Draghi, insistió en su idea de que mantendrá el precio del
dinero, ahora en el 0%, durante un periodo prolongado que irá bastante
más allá de 2018, año en el que está previsto que concluya el actual
programa de compra masiva de deuda por parte del Eurobanco.
Pese a los beneficios de una política monetaria laxa para la
economía europea y estadounidense en los últimos años, unos tipos en
niveles mínimos pueden convertirse en un problema a medio y largo plazo
por varios motivos.
En la conferencia que dio en Nueva York, Fischer
agrupaba estas razones en tres: los tipos de interés bajos a largo plazo
envían la señal de que las perspectivas de crecimiento son débiles,
hacen a la economía más vulnerable ante posibles shocks negativos y, por último, amenazan la estabilidad de los bancos, que ganan menos dinero.
Los desafíos se les acumulan a los banqueros centrales. La
graduación de los tipos ya no les sirve para enfriar o calentar la
economía como antes, reduciendo considerablemente su margen de maniobra.
Y sus herramientas tradicionales para impulsar la inflación tampoco
están funcionando a un lado y otro del Atlántico. (...)" (
Luis Doncel , El País, 28/10/17)
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