"(...) ¿Saben ustedes cuál ha sido y es el único y genuino golpe de estado que
ha triunfado en las últimas décadas en todas y cada una de las
democracias occidentales? Los filósofos políticos Sheldon S. Wolin,
autor de libros tan relevantes como “Politics and Vision” y “Democracy Incorporated”; y John Ralston Saul, que escribió los no menos impactantes “Voltaire’s Bastards” y “The Unconscious Civilization”, hace
años que dieron una respuesta clara y contundente.
Hemos sufrido un
golpe de Estado corporativo y ahora vivimos en una especie de dictadura
corporativa que Wolin denominó Totalitarismo Invertido. Lo demás,
majaderías.
Todo ello viene a colación de dos hechos acaecidos esta semana y que
muestran el mundo distópico en el que vivimos. Por un lado, el que fuera
primer ministro laborista británico, Gordon Brown, ha afirmado algo que
mucha gente de bien viene demandando hace años: “Los banqueros deberían
haber sido encarcelados por su comportamiento fraudulento y deshonesto
durante la crisis financiera que condujo a la recesión más profunda de
Gran Bretaña después de la guerra”.
Por otro lado, la ONG Intermon
Oxfam, azote de neoliberales de distinto pelaje, en su informe "El dinero que no ves. Paraísos fiscales y desigualdad"
señala que “la inversión española hacia paraísos fiscales en el último
año se ha multiplicado por cuatro, con lo que la contribución de las
empresas multinacionales al total de recaudación es cada vez menor y la
financiación del Estado recae cada vez más en las familias”. Nos
empobrecen, se descojonan de nosotros, y utilizan a políticos de medio
pelo para conservar y aumentar su patrimonio. Los datos son cada día más
contundentes, no dejan lugar a dudas.
El ex primer ministro laborista británico Gordon Brown usó el segundo
extracto de sus memorias para advertir que el hecho de no tomar una
línea más dura contra las malas prácticas ha hecho inevitable que los
banqueros deshonestos vuelvan a apostar con dinero público. "Si los
banqueros que actúan fraudulentamente no son encarcelados, con sus bonus
devueltos, los activos confiscados e inhabilitados de por vida para el
desempeño de su función, solo daremos luz verde a un comportamiento
similar cargado de riesgos en nuevas formas", dice Brown. ¡Elemental,
querido Watson!
Pero además saca a colación algo de lo que nos
venimos quejando desde estas líneas. Los grandes bancos están siendo
subsidiados por los ciudadanos, y más con el comportamiento
irresponsable de autoridades políticas, económicas y financieras
tendente a favorecer la creación de grandes campeones nacionales y
supranacionales bancarios.
Vergüenza. Estos bancos, respaldados por los
contribuyentes, obtienen sus ganancias al menos en parte debido a la
garantía del gobierno. Los riesgos que están tomando a menudo no son con
su dinero sino con el nuestro. Y de esos barros, todos los lodos. Lo
que la ortodoxia neoclásica no entendió, ni entiende a fecha de hoy, es
que ¡los banqueros no son meros éforos del capitalismo, sino que son su
principal fuente de inestabilidad!
Pero la
imagen actual no es simplemente la de unas finanzas fuera de control.
Las grandes corporaciones hace tiempo que dejaron de adoptar un enfoque
de largo plazo. Tienen una visión cortoplacista.
No se fomenta la
inversión a largo plazo, solo la especulativa. Los líderes empresariales
han respondido con acciones que pueden ofrecer resultados inmediatos a
los accionistas, tales como recompras de acciones o aumentos de
dividendos, mientras que no han invertido suficientemente en innovación,
mano de obra especializada o gastos de capital necesarios para sostener
el crecimiento a largo plazo.
Pero además no contribuyen al bienestar
de sus ciudadanos en el pago de impuestos. Todo lo contrario.
Según el informe de Intermon Oxfam, "El dinero que no ves. Paraísos fiscales y desigualdad",
antes de la crisis las familias españolas aportaban el 74% del total de
impuestos recaudados para pasar a aportar el 83% en 2016, mientras que
las empresas aportaron el 22% en 2007 y el 12% en 2016.
Como afirma la
ONG, "se trata de un rediseño del sistema fiscal que no sólo no
contribuye a reducir la desigualdad, sino que la acentúa". Una de las
principales causas de esta situación, según se desprende del documento,
es el “descalabro" que han sufrido los ingresos procedentes del impuesto
de sociedades.
El impuesto que pagaron las empresas en 2016 recaudó un
52% menos que lo que ingresaba antes de la crisis económica, mientras
que la recaudación del resto de impuestos ha recuperado los niveles
pre-crisis. Y en esta "carrera a la baja" en la tributación empresarial,
los paraísos fiscales "juegan un papel determinante".
¡Basta ya de mimar a estos nuevos señores
feudales! Hoy es más necesario que nunca eliminar los privilegios y la
mayoría de las deducciones fiscales, manteniendo sólo aquellos
beneficios tributarios directamente relacionados con la productividad y
creación de empleo.
Por eso es necesario introducir un impuesto mínimo
para las grandes empresas, apoyando e impulsando el proyecto de
Directiva Accispara la determinación de la base imponible consolidada de los grupos multinacionales y su reparto entre los países donde operan.
Hay
que recuperar ya, y con carácter de mínimos, la capacidad recaudatoria
de un tributo que se ha visto afectada por las maniobras de los grupos
multinacionales encaminadas a situar artificialmente sus beneficios en
países de baja tributación, utilizando los llamados precios de
transferencia y, con más frecuencia de la que sería deseable, por
operaciones entre las sociedades del grupo empresarial realizadas con
fines de ahorro fiscal.
Las multinacionales deben pagar sus impuestos en
los países donde obtienen los beneficios, siendo necesarias además una
serie de actuaciones inspectoras y modificaciones legales que impidan la
planificación fiscal agresiva en las operaciones interiores de los
grupos empresariales.
Para evitar estas maniobras, siguiendo las
propuestas del economista Gabriel Zucman, autor de esa joya titulada “La Riqueza Oculta de las Naciones”,
es necesario que los impuestos se establezcan sobre las ventas, los
gastos de personal o las inversiones en inmovilizado material. De esta
forma no se jugarían con los intangibles y los precios de transferencia.
Respecto
a nuestra querida España, si realmente consiguiéramos neutralizar a los
buscadores de rentas -rentistas del suelo y aquellos muñidores de la
ingeniería impositiva de las grandes corporaciones-, como sociedad
democrática y de derecho habríamos dado un paso hacia adelante
En ese
caso, se podrían bajar los impuestos al factor trabajo, reducir de
manera ostensible el impuesto que se ceba sobre los más débiles, el IVA,
y también los impuestos al factor capital. Lo que ya no es de recibo es
un sistema impositivo tan injusto e ineficiente como el nuestro. Con
ello habríamos revertido el único golpe de Estado que ha triunfado en
nuestro país, el corporativo." (
Juan Laborda , Vox Populi, 05/11/17)
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