"Esta fobia a España y filia a Europa resulta, por lo menos a primera
vista, paradójica, porque si algo amenaza hoy la soberanía de los
ciudadanos es el proyecto europeo. Es la Unión Monetaria la que coarta
el derecho a decidir.
Hoy en España, los ciudadanos catalanes son tan
soberanos como los extremeños, los murcianos o los castellanos. Su
capacidad de decidir, su autogobierno, no queda reducido al ámbito de la
Generalitat. El habitante de Barcelona decide en su ayuntamiento con
otros barceloneses, en su comunidad con otros catalanes y en el Estado
español con otros españoles.
Es soberano en cada una de las
administraciones según las respectivas competencias, ya que se puede
afirmar que, dentro de las imperfecciones connaturales a todas las
instituciones, en las tres se dan estructuras democráticas. En las tres,
por lo tanto, existe autogobierno.
La situación cambia radicalmente cuando se trata de la Unión Europea y
en particular de la moneda única. La pertenencia a ella destruye en
buena medida la soberanía de los pueblos, ya que se transfieren
múltiples competencias de las unidades políticas de inferior rango
(Estado, Autonomía, Municipio) que, mejor o peor, cuentan con sistemas
representativos, a las instituciones europeas configuradas con enormes
déficits democráticos.
Sin embargo, parece que esta verdadera pérdida de
autonomía, de democracia, no inquieta en absoluto a los secesionistas
catalanes.
(...) Tradicionalmente, el Estado social y de derecho se ha basado, con
mayor o menor intensidad, sobre una cuádruple unidad: comercial,
monetaria, fiscal y política. Es sabido que las dos primeras generan
desequilibrios regionales, tanto en tasas de crecimiento como en paro,
desequilibrios que son paliados, al menos parcialmente, mediante las
otras dos uniones, la fiscal y la política.
La unión política implica
que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y obligaciones
independientemente de su lugar de residencia, y que por lo tanto pueden
moverse con libertad por el territorio nacional y buscar un puesto de
trabajo allí donde haya oferta.
La unión fiscal, como consecuencia de la
unión política y de la actuación redistributiva del Estado a nivel
personal (el que más tiene más paga y menos recibe), realiza también una
función redistributiva a nivel regional, que compensa en parte los
desequilibrios creados por el mercado.
La Unión Monetaria Europea ha roto este equilibrio creando una unidad
comercial y monetaria, pero sin que se produzca, ni se busque, la
unidad fiscal y política, lo que genera una situación económica anómala
que beneficia a los países ricos y perjudica gravemente a los más
débiles, ya que la unidad de mercados y la igualdad de tipos de cambios
traslada recursos de los segundos a los primeros sin que esta
transferencia sea compensada por otra en sentido contrario, mediante un
presupuesto comunitario de cuantía significativa.
Esta situación anómala que crea la Unión Monetaria es la que ansían
para sí los soberanistas surgidos en las regiones ricas. No se puede
negar que tras el nacionalismo se encuentran pulsiones irracionales,
sentimientos, emociones, afectos, recuerdos que en principio pueden ser
totalmente lícitos.
Pero, en la actualidad, cuando se trata de países
occidentales y de territorios prósperos, el principal motivo, al menos
de las elites que se encuentran al frente del independentismo, es el
rechazo a la política presupuestaria y fiscal del Estado, que transfiere
recursos entre los ciudadanos, pero también entre las regiones.
Recordemos que la deriva secesionista de la antigua Convergencia se
inicia no en 2010 con la sentencia del Tribunal Constitucional como
quieren hacernos creer, sino en 2012 con el órdago acerca del pacto
fiscal que Artur Mas dirige al presidente del Gobierno y de la negativa
de este a romper la unidad fiscal y presupuestaria de España.
(...) el motivo inconfesado que al menos las elites y dirigentes del
independentismo tienen para querer romper con España y que sin embargo
no tengan ningún problema, todo lo contrario, para admitir la pérdida de
soberanía que representa la Unión Europea.
Se encuentran confortables
en un ambiente de total libertad económica como el de la Unión Monetaria
y les incomoda el Estado español, no tanto por español como por Estado y
por la función redistributiva que ejerce.
De ahí la contradicción en
que caen los nacionalistas de izquierdas, o aquellos que desde la
izquierda coquetean con el nacionalismo, defienden en el ámbito nacional
lo que critican a la Unión Europea: la carencia de una unión fiscal y
política." (Juan f. Martín Seco, República.com, 19/10/17)
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