"Y el perdedor es… ¡La Izquierda! Hicieron todo lo posible por conseguir la derrota electoral el 21-D y lo lograron con creces. Me lo temía cuando en un artículo anterior
escribí que el juego del PSC-PSOE y el de Podemos con su comprensión
del nacionalismo catalán lo pagaría caro la izquierda, y lo ha pagado. (...)
Hospitalet es el municipio más importante de los que gobierna el PSC en Cataluña, con Núria Marín al frente del Ayuntamiento. El resultado de estas elecciones en este granero histórico de voto socialista lleva un recado que es imposible no entender.
Los electores ya avisaron en 2015 cuando Ciudadanos y los socialistas
empataron, pero ahora se lo han dicho al PSC con estruendo. Inés Arrimadas gana con un 34% de los votos y le saca a Iceta, aquí, en L’Hospitalet de Llobregat, 10 puntos porcentuales.
No es el único caso, pero éste duele más.
En esta ciudad del cinturón industrial de Barcelona se culminó una
larga data de despropósitos del PSC e irresponsabilidad del PSOE.
Ada Colau
quiso tener protagonismo en estas elecciones autonómicas y lo ha
logrado. Publicitó su posición soberanista el 1-O, rompió la
organización de Podemos en Cataluña para dirigir la candidatura que
presentaron con Doménech al frente y marcó el perfil estratégico
electoral al servicio de una propuesta de nuevo tripartito con el
independentismo de Junqueras.
Los vecinos de su ciudad
han respondido alto y claro. Ciudadanos ha ganado en la capital de
Cataluña con un 24% de los votos y el candidato de Ada Colau se ha ido
al quinto puesto con menos del 10%. Recoge los frutos de la aplicación de una larga tradición de la izquierda en Cataluña,
la de ofrecerle candidatos de perfil nacionalista a electores que,
humillados por un nacionalismo supremacista, han dicho “hasta aquí hemos
llegado”.
Siempre que hay unas elecciones catalanas busco en primer lugar los resultados en los cinturones industriales,
en el Barcelonés, Baix Llobregat, Vallés, Garraf o Camp de Tarragona.
Quiero saber qué piensan quienes considero parte de mis convicciones
ideológicas y políticas.
Esta vez han dejado poco campo para la
interpretación, su sentencia electoral es inapelable. Ciudadanos arre.
En el Baix Llobregat se convierte en la primera fuerza política con el
30% de los votos, 10 puntos por encima del siguiente.
En el Barcelonés
son también con diferencia los primeros, y en las ciudades con voto
tradicional al PSOE, como en Tarragona donde, con más del 34%, Arrimadas
más que dobla a la candidatura de Iceta, o Lleida, donde también
consigue el doble de votos que el PSC.
He oído los “análisis” de portavoces del PSOE y de Podemos y deduzco que van a necesitar tiempo para volver a la realidad electoral.
Es por el voto útil, dicen. Pues, sí, eso parece, que los que antes les
votaban no han considerado útil volver a votarles.
Como suele ocurrir
en estos casos, parece que van a insistir en el camino trillado del
Ciudadanos es la marca blanca del PP, las nuevas generaciones de la
derecha, la extrema derecha que representa Aznar, del que Arrimadas
sería su candidata, la media naranja de Rajoy, los sucesores de los falangistas, nada menos. En fin, los fachas.
Cuidado con las metáforas, esos artefactos que, como solía decir Winston Churchill,
utilizan los políticos que no saben qué decir. ¿Tantos electores de los
cinturones industriales, tradicionales votantes fieles de la izquierda,
votan facha? Me temo que los Ábalos y los Doménech están a un paso de responsabilizar a los votantes de su propio fracaso.
Ningunear el éxito de Arrimadas no es una respuesta inteligente para el
futuro de la izquierda. En vez de asumir responsabilidades y dimitir
para permitir salidas políticas a sus propias organizaciones, como está
escrito en las viejas tradiciones democráticas, revolotean.
Lo que deberían analizar, y con urgencia, tanto PSOE como Podemos, es qué repercusiones se derivan de estos resultados para toda España.
Si se comparan los resultados de las últimas consultas en Cataluña se
podrá comprobar cómo las crecidas electorales de Ciudadanos en las
autonómicas representan subidas en las generales. No se trasvasan todos
los votos de unas a otras, cierto, pero el “voto dual” catalán de los
cinturones urbanos está girando.
Las autonómicas de 2015, las generales
de 2016 y éstas de 2017 marcan una progresión electoral de Ciudadanos
sin vuelta atrás. Es el resultado de años de desprecio de las izquierdas
a sus propios electores. Creo que el PSOE cierra un ciclo de irresponsabilidad política en Cataluña que termina cuando miles de electores “socialistas” le dijeron el domingo a Inés Arrimadas “para el procés”. Definitivamente han reorientado su confianza.
¿Y en el resto de España? Habrá que esperar a los hechos, pero el
hundimiento del PP y la confirmación de la pérdida de peso de la
izquierda en Cataluña anuncian cambio de ciclo político en España.
Se puede comprobar por todo el país una atmósfera que puede ser decisiva: los españoles se han doctorado con el procés en los riesgos de los nacionalismos para la cohesión de la sociedad española (futuro de las pensiones incluido). En este escenario de preocupaciones y temor, de deseos de cambio, Rivera
tiene todas las posibilidades de hacerse con el territorio de la
política emergente. Sí, por incomparecencia de otros, pero eso ya es
agua pasada.
Más aún: si Albert Rivera tuviera
el talento necesario, que hasta ahora no ha demostrado, para dirigirse a
los electores del centroizquierda el terremoto político en España
podría ser del nivel producido por Emmanuel Macron en Francia. ¿No? Si Ciudadanos se ha convertido en el partido del Nou Barris, más les vale a Sánchez e Iglesias tomarse en serio al “naranjito”, como ellos le llaman.
Sobre todo si el PSOE sigue regalándoles bazas, como en Baleares, donde
se alían con nacionalistas primarios, como MES, para expulsar a médicos
especialistas con la tontería de exigirles el catalán como requisito
para poder desarrollar su trabajo en los quirófanos.
¿Y ahora qué, en Cataluña? Es obvio que se producirá una situación de bloqueo político que seguirá dañando la economía catalana.
Creo que se va a entrar en una resilencia a la italiana, una
resistencia que la gente tiende a construir para reducir daños.
Los
funcionarios harán su trabajo, como ha ocurrido con la aplicación del
155, a la vez que asistimos a una ración diaria de espectáculo político
de la peor calidad. Lo que demuestra el estudio preelectoral del CIS es que el nivel de rechazos mutuos entre fuerzas políticas hace muy difícil una salida política racional.
No sé si repetirán elecciones o se producirá algún apaño parlamentario, pero, de paso, no estaría de más que los “sabios” como Manuel Castells, Mas-Colell, Viver Pi-Sunyer, Josep Fontana y otros que avalaron el proceso de independencia
explicaran a los catalanes por qué tenían que destrozar su economía.
Ayudaría mucho a la apertura de un escenario político gestionable.
Esta
carlistada, una experiencia política que Jürgen Habermas ha equiparado a la de Le Pen en Francia, ha terminado, pero los daños derivados, no.
Entre
estos no es menor el efecto colateral de las pésimas perspectivas para
las izquierdas en España. Hay pocas dudas sobre las posibilidades de
victoria electoral de Albert Rivera, y en cualquier caso será decisivo. Alguien debería responder por el incendio, pero me temo que nadie se dará por enterado, de momento." (Jesús Cuadrado, Cuarto Poder, 22/12/17)
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