"(...)2017 ha sido el año de la infamia en el
que la prensa ha engrasado la máquina del fango para disfrazar la
miseria y la precariedad con un neolenguaje de terminología barroca y
anglicismos hipsters.
1. Nesting, sinkies y coliving.
"No salir de casa rebaja la ansiedad e ilumina la mente". Es el eslogan del nesting,
un palabro fabricado por una consultoría internacional para renombrar
el hecho de quedarse todo el fin de semana en casa porque el salario de
miseria de tu contrato basura no permite el alarde de tomarse una
cerveza.
Sinkies, acrónimo de “single, income, no kids”
(solteros, con ingresos y sin hijos): Jóvenes que viven en pareja, sin
planes de tener hijos, que trabajan pero que juntando sus salarios no
llegan al umbral de un ingreso decente. Es la primera generación europea
en décadas que vivirá en peores condiciones que sus padres.
De los creadores de coworking (espacio de trabajo compartido) llega ahora el coliving,
una tendencia, o eso dicen, procedente de las grandes urbes de
occidente y que consiste en compartir el espacio vital (hostales y
albergues) entre los emprendedores que trabajan juntos en un mismo
recinto. Es una consecuencia más de la precariedad laboral y los bajos
salarios que impiden a los jóvenes una emancipación plena.
2. Job sharing, trabacaciones y salario emocional.
Los mini jobs, que tan útiles han resultado para maquillar las cifras del paro durante la crisis económica, han evolucionado hacia el job sharing; compartir puesto de trabajo y por supuesto salario. Es decir, dos cabezas al precio de una.
Arropado con el mantra de que el dinero no lo es todo ha desembarcado en nuestras vidas el bautizado como salario emocional.
El empleador ofrece una menor remuneración a cambio de flexibilidad de
horarios, conciliación familiar y buen ambiente de trabajo. O sea,
convertir lo que debería ser exigible a cualquier empresa en un
privilegio para el trabajador.
Las trabacaciones es el nuevo argumento de un
discurso antiguo. El descanso es una conquista de los trabajadores cuya
defensa está más vigente que nunca en una época de ataques constantes a
los derechos laborales donde todo se mide en cifras de productividad.
Este nuevo concepto supone dedicar parte del tiempo de las vacaciones a
realizar tareas de trabajo, por miedo a un despido o a no cumplir con
las expectativas del jefe.
La prensa se pregunta si trabajar 12 días seguidos es saludable,
mientras los expertos de no se sabe qué aseguran que, además, es
necesario hacerlo con estrés.
3. Los millennials no quieren nada.
Los treinteenagers,
como su propio nombre indica, son personas en la década de los treinta
que viven como adolescentes: sin casa, ni hijos, ni trabajo "pero
felices". Es la nueva fórmula que han encontrado los medios para
difuminar el grave problema del desempleo entre los estratos más jóvenes
de la población.
4. Gestionar bien el termostato. Tiny houses.
La pobreza energética afecta a cinco
millones de personas en España y es causante de la muerte de 7.000
personas al año, según un estudio de la Asociación de Ciencias
Ambientales. El pasado mes de noviembre el uso de unas velas provocó un
incendio con cuatro heridos en Alcorcón.
La fórmula para evitar este
tipo de tragedias pasa por la regulación del precio de la energía y la
prohibición de los cortes de luz, sin embargo, el diario El País recomienda sellar puertas y ventanas, bajar las persianas y "gestionar bien el termostato".
Las llamadas tiny houses se han convertido en
una moda en Instagram. Fotos minimalistas con filtros ambientales que
transforman una infravivienda en una tendencia en redes sociales. Lejos
de la mentira idealizada de una vida de desapego, la realidad que
esconde malvivir en una habitáculo de apenas 6 metros cuadrados son
trastornos de ansiedad, soledad y desorden.
Si no te convence echar raíces en un espacio más reducido que el de una
celda puedes probar suerte con una autocaravana. No tener acceso a una
vivienda no te impedirá ser feliz.
5. Friganismo.
La normalización de la pobreza en los
medios de comunicación comenzó a fraguarse a finales del 2016. Fue
entonces cuando descubrimos que comer de la basura es una moda entre los
hipsters y que además tiene nombre de sesuda corriente filosófica: friganismo.
En aquellas mismas fechas, miles de personas hacían colas en los
comedores sociales mientras organizaciones de defensa de la infancia
advertían que 1 de cada 3 niños en España padecía malnutrición. (...)
El primer paso para doblegar la
resistencia es convencer a los que resisten de que no hay nada por lo
que luchar y en esa tarea la palabra es un arma poderosa. Se trata de la
imposición del pensamiento positivo como corriente dominante, para
rebajar nuestros anhelos y anestesiar nuestras frustraciones.
Y es que la vida pude ser mejor si no te quejas. " (CTXT, 30/12/17)
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