"(...) La inversión mundial en fuentes de energía renovables ya supera con
creces la destinada a combustibles fósiles; se están abaratando las
baterías, y aumentan las ventas de vehículos eléctricos; y hasta en el
Estados Unidos del presidente Donald Trump siguen cerrando centrales
termoeléctricas a carbón. (...)
Llegar a un nivel neto de emisiones nulo en sólo cuatro décadas será
un desafío inmenso. Pero como señala un próximo informe de la Energy Transitions Commission,
la buena noticia es que es técnicamente posible lograrlo con un costo
suficientemente bajo para la economía global. Además, ya sabemos cuáles
son las tecnologías fundamentales para alcanzar el objetivo.
Todos los caminos factibles hacia una economía con baja emisión de carbono y, en algún momento, emisión neta nula de CO2
demandan un enorme aumento del uso de la electricidad. La proporción
que representa la electricidad en la demanda final de energía debe
crecer desde alrededor de 20% en la actualidad a cerca de 60% a mediados
o fines de siglo, y se necesita un aumento extraordinario de la
generación mundial de electricidad, de los cerca de 25 000 TWh de hoy a
no menos de 100 000 TWh.
Esa electricidad debe proceder de fuentes con baja emisión de
carbono. Y aunque la generación nuclear de energía, o la generación con
gas compensada con captura de carbono, pueden contribuir, es necesario
que la mayor parte de la energía nueva provenga de fuentes renovables
(entre 70 y 80% según el IPCC).
Pero el mundo tiene abundante tierra
disponible para permitir una expansión de esa magnitud en el uso de
fuentes renovables, y tiempo suficiente para hacer las inversiones
necesarias, siempre que actuemos rápido.
Hay otros tres conjuntos de tecnologías que también serán esenciales.
En primer lugar, es necesario el uso de hidrógeno, amoníaco y tal vez
metanol como portadores de energía en aplicaciones de transporte e
industriales y como insumos para la industria química. Tarde o temprano
los tres se producirán por síntesis, con uso de electricidad limpia como
fuente final de energía.
En segundo lugar, la biomasa es una fuente posible de combustible
limpio para la aviación y de materia prima para la producción de
plástico. Pero hay que manejar con cuidado la escala total de uso, para
evitar perjuicios a los ecosistemas y al suministro de alimentos.
En tercer lugar, hay que reservar algún lugar a la captura de carbono
y su almacenamiento o uso en procesos industriales clave como la
producción de cemento, donde en la actualidad no existen alternativas
viables para la descarbonización.
Por supuesto, la creación de una economía descarbonizada demandará
inversión a gran escala en producción y transmisión de energía, nuevas
plantas industriales y equipamientos más eficientes. El IPCC calcula que
para alcanzar el objetivo de los 1,5 °C se necesitará entre 2015 y 2050
una inversión mundial adicional del orden de los 900 000 millones de
dólares al año.
Puede parecer una cifra asombrosa; pero suponiendo un crecimiento
económico del 3% anual, en 2050 el PIB global (que en la actualidad es
casi 100 billones de dólares) puede llegar a los 260 billones de
dólares. Esto implica que el mundo necesita invertir menos del 0,6% de
sus ingresos en las próximas cuatro décadas para evitar un daño
potencialmente catastrófico al bienestar humano.
La inversión actual general en China ya supera los 5 billones de
dólares al año, de los que una proporción considerable se desperdicia en
la construcción de bloques de vivienda que nunca serán ocupados, en
ciudades con una población estática o incluso declinante. Una
redirección de inversiones permitiría a China crear una economía
descarbonizada sin ningún sacrificio de consumo. En cuanto al mundo en
su conjunto, reducir a cero la emisión neta apenas repercutirá en los
niveles de vida.
Pero aunque una economía descarbonizada es técnicamente factible y no
supone grandes costos, no se logrará sin políticas públicas decididas y
estrategias empresariales previsoras. Los gobiernos deben instituir
precios del carbono y normas de fabricación, y dar apoyo a tecnologías e
infraestructuras clave; y las empresas en los sectores productores de
energía y en los de mayor consumo de energía deben elaborar estrategias
centradas en cómo alcanzar el nivel de emisión cero a mediados de siglo y
cómo comenzar la transición ahora mismo.
La alternativa es otra década de avances sólo graduales, que nos
dejarán en una senda catastrófica hacia una suba de temperaturas de 3 °C
en vida de los niños de hoy." (Adair Turner , Project Syndicate, 24/10/18)
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