12.11.18

Trump pierde las ciudades y las áreas suburbanas... pero se hace fuerte en el campo... y en el Senado siempre ganan las áreas rurales... las mujeres arrasan. La batalla decisiva se libra entre hombres rurales sin educación y mujeres suburbanas universitarias. El futuro es de ellas...

"(...)  Aunque los republicanos hayan perdido unos cuantos escaños en la cámara, su victoria en el Senado y, en general, la tónica del resultado electoral es en último término favorable a Trump. 

Más que nunca los republicanos se han definido como el partido de Trump, cuya personalidad sigue resonando fuertemente en el electorado.

Estas elecciones han consolidado aún más las diferencias políticas que han polarizado al país en los últimos años. El mundo urbano y suburbano de ambas costas contra el amplio sector geográfico y rural del medio oeste y del sur; la población educada contra la que no ha pasado del bachillerato; el temor de los blancos contra las minorías negra, hispana y asiática; las mujeres, educadas o no, contra los hombres que ven en Trump la seguridad de su predominio; jóvenes contra viejos.

Cada vez se aleja más la masa de los ciudadanos de los verdaderos problemas que aquejan al país, para enervarse debatiendo cuestiones de identidad.

Estas divisiones serán decisivas para los dos próximos años y más aún para las elecciones presidenciales de 2020. Con su mayoría en la cámara los demócratas intentarán adoptar tres direcciones legislativas: la reducción del coste de la salud, robusteciendo y mejorando la ley de tratamiento asequible (Obamacare), la inversión en infraestructura y la reforma ética de la política y de la integridad del sistema electoral.

Estos tres objetivos gozan de considerable apoyo bipartidista, pero se enfrentan con la obstrucción republicana y el veto presidencial. Los demócratas harán lo posible por dividir a los republicanos y en todo caso atraer el apoyo de la opinión pública en su favor.(...)
En resumidas cuentas, estas elecciones han demostrado que un amplio sector de la nación sigue apoyando al presidente. Los demócratas no pueden ignorarlo. Carentes de una personalidad carismática que los represente y sin un programa político claro, les costará trabajo superar la barrera, ahora infranqueable, que los separa de los que Hillary Clinton calificó de “deplorables”. (...)"           (Jaime de Ojeda, Política Exterior, 08/11/18)


"(...) La situación política en Estados Unidos, con sus implicaciones en el mundo, ha cambiado.

Y ese cambio tiene actores muy concretos. O más bien actrices. Porque es la amplia movilización de mujeres desde hace ya tiempo, en todo el país, lo que ha sacudido los cimientos de la clase po­lítica. No sólo porque se han alzado contra Trump y sus republicanos, sino porque una proporción importante son claramente progresistas y ganaron las primarias a los demócratas tradicionales, hombres apoltronados en el aparato. 

Como fue el caso de Alexandria Ocasio-Cortez, una puertorriqueña de Nueva Yok, camarera en un bar, militante socialista de la campaña de Bernie Sanders, que será, a sus 29 años, la congresista más joven de la historia. 

Llegó a la elección derrotando en la primaria demócrata a Joe Crowley, un poderoso político tradicional de Nueva York. O las dos latinas que por primera vez representarán a Texas. O las dos mujeres musulmanas, Rashida Tlaib, de Michigan, y Ilhan Omar, de Minnesota, que van a dar guerra a los xenófobos del establishment.

El contingente principal de mujeres, como candidatas y como votantes, tiene como procedencia mayoritaria las áreas suburbanas de clase media de las grandes ciudades. Son mujeres con educación universitaria, que no se fían de las etiquetas políticas, pero que utilizan el Partido Demócrata para llevar a las instituciones su defensa de la salud pública y de los derechos de la mujer, incluido el aborto. 

Son más de 118 congresistas, número histórico. Pero se van a encontrar con una resistencia feroz del machismo religioso agazapado en el Senado y en la judicatura. 

Una vez más, las iglesias evangélicas han mostrado su poder en favor de la extrema derecha. Sobre todo en las zonas rurales, que son las que aún tienen a Trump como ídolo. La batalla decisiva se libra entre hombres rurales sin educación y mujeres suburbanas universitarias. El futuro es de ellas. Porque la población rural es el 17% y bajando. Mientras que el 65% de los estadounidenses viven en los suburbios de diez grandes áreas metropolitanas. (...)

El oeste conservador se fractura. Jared Polis, abiertamente gay, es el nuevo gobernador de Colorado. Y en Nevada, Jacky Rose arrebató a los republicanos un escaño en el Senado. Y la otra senadora de Nevada es latina. Mientras que gobernadores demócratas conservadores, en Indiana, Missouri, Dakota del Norte, fueron derrotados. Se hunde el centro. Frente a frente, machos trumpistas y mujeres de nueva generación."             (Manuel Castells, La Vanguardia, 10/11/18)


"(...) No obstante, dado este éxito general, ¿cómo explicamos esas derrotas en el Senado?.

 (...) nos convertimos cada vez más en una nación de urbanitas y suburbanos. Casi un 60 por ciento de nosotros vive en áreas metropolitanas con más de un millón de personas, más del 70 por ciento en áreas con más de 500.000 habitantes.

Los políticos conservadores pueden ensalzar las virtudes del “Estados Unidos real” de las zonas rurales y los poblados pequeños, pero el verdadero Estados Unidos en el que vivimos, aunque sigue teniendo ciudades pequeñas, es principalmente metropolitano.

He aquí algo curioso: el Senado, que le da a cada estado el mismo número de escaños independientemente de la población (lo cual da a las menos de 600.000 personas en Wyoming la misma representación que a los casi cuarenta millones en California), otorga un peso realmente excesivo a esas áreas rurales y se lo quita a los lugares donde viven la mayoría de los estadounidenses.

Me parece útil contrastar el Estados Unidos real, el lugar donde verdaderamente vivimos, con lo que considero es el “Estados Unidos del Senado”: la nación hipotética que insinúa un simple promedio entre estados, que es lo que de hecho representa el Senado.

Como dije, el verdadero Estados Unidos es principalmente metropolitano; el Estados Unidos del Senado aún es mayormente rural.

El Estados Unidos real es étnica y culturalmente diverso; el Estados Unidos del Senado todavía es muy blanco.

El Estados Unidos real incluye grandes cantidades de adultos altamente educados; el Estados Unidos del Senado, que le da un menor peso a las áreas metropolitanas dinámicas que atraen a los trabajadores altamente educados, tiene una mayor proporción de personas sin estudios universitarios y muy particularmente blancos sin educación superior.

La intención no es denigrar a los electores blancos sin estudios universitarios en las zonas rurales. Todos somos estadounidenses y todos merecemos una voz igualitaria para moldear el destino nacional. Pero resulta que algunos de nosotros somos más equitativos que otros y eso supone un gran problema en una era de profunda división partidista.

Para decirlo simple y llanamente: lo que Donald Trump y su partido están vendiendo se reduce cada vez más al nacionalismo blanco: el odio y el miedo hacia la gente de piel morena, con una dosis importante de antiintelectualismo más antisemitismo, que siempre ha sido parte del paquete. Este mensaje rechaza a la mayoría de los estadounidenses.

Por eso la elección del martes en la Cámara de Representantes —que a pesar de toda la manipulación electoral y otros factores es mucho más representativa del país en general que el Senado— produjo una importante ola demócrata. (...)

Entonces, lo que pasó el martes, con los republicanos que sufrieron importantes derrotas en la Cámara de Representantes, pero la victoria en el Senado no fue solo una casualidad del mapa de este año ni de temas de campaña específicos: fue el reflejo de una profunda división en la cultura y, en efecto, de los valores entre la ciudadanía estadounidense en general y la gente que elige a la mayor parte del Senado.

Esta divergencia tendrá implicaciones profundas, porque el Senado tiene bastante poder, en particular cuando el presidente —que, no olvidemos, perdió el voto popular— encabeza un partido que controla esa instancia. En específico, Trump y sus amigos del Senado pasarán los próximos años llenando los tribunales de republicanos de derecha.

Así que podríamos estar ante una crisis de legitimidad en aumento en el sistema político estadounidense (...)"             (


 "Las elecciones legislativas ahondan el rechazo a Trump en las áreas urbanas.

 No hizo falta mucho tiempo desde el cierre de los colegios electorales en Virginia para que las televisiones anunciaran la victoria de la demócrata Jennifer Wexton en el distrito 10 del Estado. Es un área suburbana que se extiende al oeste de la ciudad de Alexandria. Hillary Clinton ganó aquí por 10 puntos en 2016, pero aquel año la congresista republicana Barbara Comstock logró mantenerse en el escaño.

Ya no. La victoria demócrata en este distrito, que hasta hace poco se consideraba seguro para los republicanos, fue tomada como un síntoma de lo que habría de venir en la noche en que el partido de Trump perdió definitivamente las ciudades de Estados Unidos. Y lo que es peor, las afueras de las ciudades.

 Lo mismo ocurrió un par de horas después en otra de las elecciones más observadas de estas legislativas. En el distrito seis de Colorado, el demócrata Jason Crow se impuso al republicano Mike Coffman, que llevaba en ese escaño casi una década. Colorado seis es un distrito al este de Denver que comprende el suburbio de Aurora y está cerca de Columbine. Crow hizo campaña pidiendo sentido común en el control de armas y promoviendo la ampliación de la cobertura sanitaria.

 El rechazo a Trump en los suburbios no es suficiente en muchos Estados para contrarrestar las zonas rurales, lo que en la noche del martes permitió que republicanos como Ted Cruz hayan mantenido su escaño por la mínima, a pesar de que todas las grandes ciudades de Texas son demócratas.

De igual forma, el impacto a nivel nacional queda desdibujado, de forma que en 2016 Donald Trump pudo ganar el colegio electoral que elige al presidente a pesar de no haber ganado en ninguna ciudad de más de un millón de habitantes. (...)"                  ( , El País, 08/11/18) 


"Repasemos algunas características las nuevas representantes:

(1) Deb Haaland, activista de origen indígena, de Nuevo México; (2) Rashida Tlaib, abogada musulmana, de Michigan; (3) Verónica Escobar, jueza hispana, de Texas; (4) Jahana Hayes, afroamericana, maestra y activista, de Connecticut; (5) Ayanna Prestley, afroamericana, activista, de Massachusetts; (6) Sharice Davids, indígena, activista LGBT, de Kansas; (7) Ilhan Omar, originaria de Somalia, activista, de Minnesota; (8) Alexandra Ocasio-Cortez, educadora, boricua, del Bronx.

Sería fácil juzgarlas de antemano porque fueron candidatas del Partido Demócrata, una institución que sirve a los intereses de las grandes corporaciones estadounidenses. Pero eso es una visión simplista. En muchos sentidos, se trata de candidatas (ahora representantes) que desarrollaron sus campañas al margen del Partido Demócrata, o por lo menos a contrapelo de las estructuras tradicionales. El caso de Alexandria es el más conocido, pero no el único.

 De entrada, ni ella ni las demás eran candidatas tradicionales, ya fuera por su raza, sexo, religión o preferencia sexual. Para lograr la nominación de sus respectivos estados, tuvieron competir en primarias precisamente con candidatos tradicionales, con más recursos y con el apoyo de la vieja maquinaria machista que domina al propio Partido Demócrata.

 Lo que estas mujeres activistas lograron fue lo que otra gente pensaba imposible: movilizar el voto de un partido tradicional a favor de candidatas no tradicionales. Ciertamente, no fueron exponentes exclusivas del pensamiento progresista en las elecciones, pues el Partido Verde tenía muchos candidatos y candidatas progresistas; pero, Deb, Rashida, Verónica, Jahana, Ayanna, Sharice, Ilhan y Alexandria lograron capturar la imaginación y esperanzas de votantes que por lo general votan rutinariamente o no votan. Además, está el factor de los llamados “milenials”.

Creo que, en lugar de minusvalorarlas como candidatas de un partido tradicional, conviene aprender de ellas. ¿Qué se puede aprender? 

Primero, que para ganar hay que tener determinación y voluntad de lucha. 

Segundo, que el futuro de la política progresista en Estados Unidos pone en primer plano a las mujeres en alianza, como dice Michael Moore, con hombres que apoyen los derechos de las mujeres. 

Tercero, que los caminos del triunfo no pueden prescribirse de antemano; hay que improvisarlos en la marcha. Cuarto, que la motivación es un factor poderoso, que no debe de subestimarse. (...)"      (Rafael Rodríguez Cruz , Rebelión, 09/11/18)

No hay comentarios: