"Las fichas del futuro de Venezuela se están jugando fuera de sus
fronteras. El intento de golpe de Estado en marcha sería imposible sin
el reconocimiento otorgado al “presidente” Juan Guaidó por parte del
presidente estadounidense Donald Trump, al que siguieron rápidamente
Sebastián Piñera, el brasilero Jair Bolsonaro, y el colombiano Iván
Duque, sus más fieles aliados en la región. (...)
El Grupo de Lima
Junto a Estados Unidos, el Grupo de Lima ha sido el artífice de esta crisis, con pasos metódicamente organizados desde que fracasó el intento de aplicar a Venezuela la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA), y los sucesivos fracasos electorales de la oposición en 2017 y 2018.
Los miembros del Grupo de Lima difícilmente harían esto exclusivamente por prístinos ideales democráticos. De ser así, se habrían movilizado en muchas otras crisis, como la de Honduras o Argentina, que olímpicamente ignoran.
El Grupo está en realidad compuesto por países que tienen algo que ganar con el derrumbe del proceso revolucionario, y fue diseñado por expertos como el ex canciller chileno Heraldo Muñoz y el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ambos vinculados a gobiernos de centroizquierda (los de Michelle Bachelet y José Mujica), pero aliados incondicionales de Estados Unidos.
Paraguay es un buen ejemplo: fue el único de todo el grupo que rompió relaciones diplomáticas con Caracas a raíz de la asunción de Maduro. Esto podría estar relacionado con una deuda impaga de 340 millones de dólares, de un esquema ideado por el presidente Hugo Chávez, según el cual la estatal venezolana PDVSA suministraría combustibles y lubricantes a ser pagados en una canasta que incluía alimentos y dinero. Esto, cuando gobernaba el presidente Fernando Lugo, derrocado por un golpe blanco en 2012.
Según fuentes diplomáticas, el sucesor de Lugo, Horacio Cartés, pactó con Heraldo Muñoz y Luis Almagro su incorporación al Grupo de Lima si el eventual derrocamiento de Maduro significaba la eliminación de la deuda. “Los planes para la conformación del grupo se aceleran cuando Venezuela decide demandar a Paraguay por un monto de 500 millones de dólares y un tribunal en Paris se declara competente para juzgar”, agrega la fuente.
La recompensa de Guyana sería la renuncia venezolana al territorio Esequibo, para favorecer así los planes de inversión de Exxon, la misma empresa del barco interceptado por la Armada bolivariana en aguas jurisdiccionales venezolanas, uno de cuyos ex ejecutivos, David Granger, es hoy nada menos que Presidente.
Para Colombia, plataforma del sabotaje a la economía venezolana, los premios serían generosos: entrada de la estatal Ecopetrol a la explotación petrolera en Venezuela, acceso a las riquezas petroleras del Golfo de Venezuela (en el extremo occidental del país), apertura del Lago de Maracaibo como ruta para las exportaciones de carbón, que hoy deben recorrer unos 700 kilómetros para llegar a puerto. Además, indican las fuentes, “carteles colombianos de la droga aspiran a que un Gobierno títere en Venezuela derogue la Ley de control del espacio aéreo dejando rutas libres a aeronaves del narcotráfico.
El continuo derribamiento de aeronaves por la FANB ha generado atascos financieros al gobierno y carteles al no poder trasladar drogas a islas caribeñas”.
Y agrega: “Chile, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Panamá aspiran a los generosos beneficios (petroleros) que provee Venezuela a pequeños países en Centroamérica y el Caribe mediante Petrocaribe. (...)" (Alejandro Kirk, el desconcierto , en Jaque al neoliberalismo, 27/01/19)
Junto a Estados Unidos, el Grupo de Lima ha sido el artífice de esta crisis, con pasos metódicamente organizados desde que fracasó el intento de aplicar a Venezuela la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA), y los sucesivos fracasos electorales de la oposición en 2017 y 2018.
Los miembros del Grupo de Lima difícilmente harían esto exclusivamente por prístinos ideales democráticos. De ser así, se habrían movilizado en muchas otras crisis, como la de Honduras o Argentina, que olímpicamente ignoran.
El Grupo está en realidad compuesto por países que tienen algo que ganar con el derrumbe del proceso revolucionario, y fue diseñado por expertos como el ex canciller chileno Heraldo Muñoz y el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ambos vinculados a gobiernos de centroizquierda (los de Michelle Bachelet y José Mujica), pero aliados incondicionales de Estados Unidos.
Paraguay es un buen ejemplo: fue el único de todo el grupo que rompió relaciones diplomáticas con Caracas a raíz de la asunción de Maduro. Esto podría estar relacionado con una deuda impaga de 340 millones de dólares, de un esquema ideado por el presidente Hugo Chávez, según el cual la estatal venezolana PDVSA suministraría combustibles y lubricantes a ser pagados en una canasta que incluía alimentos y dinero. Esto, cuando gobernaba el presidente Fernando Lugo, derrocado por un golpe blanco en 2012.
Según fuentes diplomáticas, el sucesor de Lugo, Horacio Cartés, pactó con Heraldo Muñoz y Luis Almagro su incorporación al Grupo de Lima si el eventual derrocamiento de Maduro significaba la eliminación de la deuda. “Los planes para la conformación del grupo se aceleran cuando Venezuela decide demandar a Paraguay por un monto de 500 millones de dólares y un tribunal en Paris se declara competente para juzgar”, agrega la fuente.
La recompensa de Guyana sería la renuncia venezolana al territorio Esequibo, para favorecer así los planes de inversión de Exxon, la misma empresa del barco interceptado por la Armada bolivariana en aguas jurisdiccionales venezolanas, uno de cuyos ex ejecutivos, David Granger, es hoy nada menos que Presidente.
Para Colombia, plataforma del sabotaje a la economía venezolana, los premios serían generosos: entrada de la estatal Ecopetrol a la explotación petrolera en Venezuela, acceso a las riquezas petroleras del Golfo de Venezuela (en el extremo occidental del país), apertura del Lago de Maracaibo como ruta para las exportaciones de carbón, que hoy deben recorrer unos 700 kilómetros para llegar a puerto. Además, indican las fuentes, “carteles colombianos de la droga aspiran a que un Gobierno títere en Venezuela derogue la Ley de control del espacio aéreo dejando rutas libres a aeronaves del narcotráfico.
El continuo derribamiento de aeronaves por la FANB ha generado atascos financieros al gobierno y carteles al no poder trasladar drogas a islas caribeñas”.
Y agrega: “Chile, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Panamá aspiran a los generosos beneficios (petroleros) que provee Venezuela a pequeños países en Centroamérica y el Caribe mediante Petrocaribe. (...)" (Alejandro Kirk, el desconcierto , en Jaque al neoliberalismo, 27/01/19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario