28.2.19

El desmantelamiento industrial y los anuncios de cierres preocupan... el Índice de Producción Industrial se desplomó en diciembre... el país se escora más que nunca hacia una economía basada en los servicios, principalmente turísticos, mal pagados... Esto no se arregla con ayudas, sino con participación del Estado para reforzar la política industrial...

"(...) Fábricas de Alcoa en Gijón y A Coruña, de Cemex en Gádor y Lloseta, la planta de Siemens-Gamesa en Miranda de Ebro, La Naval en Sestao, la factoría de Gallina Blanca en Sant Joan Despí, nueve centrales térmicas en Galicia, Asturias, Aragón o Castilla y León… el desmantelamiento industrial y los anuncios de cierres preocupan. Dejan atrás una herida profunda en la economía, a menudo en pueblos que dependen exclusivamente de una empresa o de un sector.

 La huella se marca en las estadísticas: el Índice de Producción Industrial se desplomó en diciembre un 6,2%, una caída que no se veía desde hacía seis años. En el trimestre el bajón fue del 3%, mayor que el de Francia, Reino Unido o Alemania.

 La variación mensual de los pedidos en la industria entre noviembre y diciembre fue del -13,8%, 26 puntos menos que en el mes anterior según datos del INE de esta semana. También cayó el índice que mide el negocio en la industria (-2,5% en diciembre), aunque en el conjunto de 2018 aumentó un 3,9%.

 La estadística construye una sombría premonición, pero por ahora los analistas y las empresas piden calma. Puede ser un pequeño temblor y no un gran terremoto. El PIB industrial pesa un 16% en la tarta del dinero español: 193.877 millones el año pasado, y emplea a 2,7 millones de personas. 

Exceptuando los últimos datos, las fábricas no han dejado de crecer y de crear empleo desde 2013. Empleo, por otra parte, de buena calidad. Pero hay quien alerta de que el país se escora más que nunca hacia una economía basada en los servicios, principalmente turísticos, mal pagados.

 “La pregunta que se tiene que hacer la gente es ¿por qué alguien querría invertir en Europa? Tenemos que hacer que la industria sea rentable para ofrecer empleos de calidad, no esclavos”, reflexiona Andrés Barceló, director de UNESID, Asociación Española de las Industrias Siderúrgicas. “La industria genera un tejido social y económico, no solo ofrece mejores salarios, sino desarrollo profesional. ¿Qué alternativa hay a eso? ¿Quedarnos como una sociedad de museos y hoteles?”, añade. Carlos Reinoso, director de la patronal de fabricantes de papel y cartón Aspapel, reclama “medidas de política nacional”, para que el sector gane peso.

 “La industria es la que crea empleo de calidad, fija población, hace a la economía menos vulnerable”. Pero lejos de eso la realidad, según el observatorio de Funcas, es que el país soporta “un pobre ecosistema innovador, bajo nivel de sofisticación de los negocios y obstáculos a la transferencia tecnológica”. 

El sector público, pide Funcas, “debe dejar de atender múltiples demandas individuales e inconexas, y pasar a definir objetivos claros de interés común”.

 En ese diagnóstico coinciden la decena larga de consultados. También Ángel Martín, sindicalista y secretario general de Industria en CC OO: “Cuando una empresa cierra, todo el mundo se echa las manos a la cabeza y se pone a trabajar cuando posiblemente ya no hay remedio, porque la decisión de la multinacional probablemente es irreversible”. Habla del modelo energético, de la descarbonización y de la necesidad de más y mejor formación. 

“Es el momento de definir qué modelo industrial queremos. En España se implantan empresas en función del bajo coste de un marco más o menos atrayente, pero no tenemos capacidad para construir sectores de futuro. No queremos conformarnos con ser una industria manufacturera periférica en Europa”. Pide un papel activo al Gobierno: “Esto no se arregla con ayudas, sino con participación del Estado para reforzar la política industrial. Aquí nadie pone el grito en el cielo porque Francia tenga un papel en Renault o porque Alemania juegue un papel en Airbus”.

En Alcoa conocen bien ese apagón callado de los motores. “A Coruña ha ido perdiendo industria… ahora quedamos nosotros como empresa más emblemática”, lamenta Juan Carlos López, presidente del comité. “Lo nuestro se ve con mucha preocupación, la edad media de la plantilla está en 40 años, es un drama”, refuerza. La multinacional de aluminio primario ha llegado a un acuerdo para mantener durante seis meses a 300 trabajadores de los 623 que quiere echar mientras busca un comprador para sus plantas.

 ¿Qué posibilidades hay de que eso suceda? “Ninguna”, contesta José Manuel Gómez de la Uz, el presidente del comité de Avilés. “Sin estatuto de electrointensivos, ninguna. Hay que ser realistas, en España es imposible producir de forma rentable por el precio industrial de la electricidad. Aunque tengas la fábrica más moderna del mundo, la energía se come el 40% de los costes. Alemania tiene eso muy claro y hace que su industria sea competitiva. 

El cambio del anterior gobierno nos llevó por delante, porque Álvaro Nadal [Ministro de Energía con el PP] estaba buscando alguna salida. Ahora que parece que estamos buscando una base para que la industria intensiva pueda vivir… Llegan las elecciones y puede quedar todo congelado, no se acuerda nadie de nosotros”.

La madre de todas las batallas ahora se llama “estatuto del consumidor electrointensivo”, un esquema que el Gobierno debe desarrollar siguiendo el Real Decreto Ley aprobado el pasado 7 de diciembre para que se recojan los derechos y las obligaciones de las grandes empresas (que consumen el 11% de toda la electricidad del país) a cambio de reducir su factura a través de rebajas en las tarifas que pagan por peajes de transporte y distribución, financiación de las energías renovables o por el impuesto eléctrico. (...)

Las fuerzas del mercado presionan en direcciones inesperadas y el futuro no es como se prometía. Manuel Muñiz, decano de la Escuela de Asuntos Globales y Públicos del IE, recuerda que los procesos de innovación, que supuestamente iban a crear “un mundo mucho más plano donde te podrías conectar desde distintos sitios y conectarte al mercado”, no funcionan. “La realidad es justo la contraria.

 La digitalización está produciendo clarísimos clústers en lugares concretos. Clústers de generación, retención de talento y de transferencia de conocimiento a las industrias”. Desde Cambridge, Massachusetts, hasta el polo tecnológico de Hong Kong. “Una explicación es que el conocimiento tiene un componente de prácticas concretas en la industria, y su intercambio solo tiene valor en espacios interdisciplinares donde la gente interactúa, lo que significa que no viaja bien. Las fuerzas del mercado nos llevan a un mundo de polos de innovación. 

España, en ese contexto, está perdiendo la carrera frente a las megalópolis”. Como mucho, considera Muñiz, el país podría desarrollar cinco, seis o siete clústers donde haya capacidades: “Veo claramente el de industria de las infraestructuras, el turismo, agroalimentario, financiero…”. Pero es una carrera donde el reloj no se para y los errores salen caros. (...)

Rubén Sánchez, exempleado de Vestas. “No soy de León, vine a trabajar aposta. Cuando hice la entrevista para entrar me dijeron que, como mínimo, iban a estar 20 años. Me compré una casa a siete kilómetros de aquí, me hipotequé”. Rubén fue uno de los que más se implicó en el campamento improvisado ante la fábrica de la eólica durante las protestas que se iniciaron el verano pasado. “Dentro de la planta había 50 millones de euros solo en valor de máquinas. 

Teníamos que evitar que se las llevasen. Montamos la caja de resistencia siguiendo los consejos de gente que había montado las protestas en Coca-Cola y muchos compañeros se quedó a vivir aquí, toda la comarca nos apoyó muchísimo”. Su futuro es una página en blanco: tiene 21 meses de paro y no ha encontrado trabajo."          (María Fernández, El País, 22/02/19)

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