21.2.19

Motín vecinal berlinés contra la especulación de la vivienda. Los inquilinos de unos 700 apartamentos de la emblemática Karl-Marx-Allee se han propuesto evitar que sus apartamentos pasen a manos de la gran inmobiliaria y su alquiler se dispare... No queremos ser como Londres, donde la gente con un sueldo normal no puede pagar un piso... piden la renacionalización de la vivienda municipal vendida...

"En la esquina de la avenida Karl Marx con la de la Comuna de París hay una palabra que se repite con insistente frecuencia: renacionalización. Esto no es 1968, ni la ensoñación de ningún régimen totalitario. 

Esto es Berlín, la capital de la gran economía europea, en la que cientos de vecinos batallan contra la especulación inmobiliaria que podría acabar echándoles de sus casas.

En una cafetería en los bajos de este templo del clasicismo socialista, Norbert Bogedein saca un mapa con los bloques en disputa, marcados en distintos colores y explica el proceso con minuciosidad notarial. Bogedein es un antiguo vendedor de seguros jubilado que ahora ejerce de presidente de la asociación de vecinos que ha puesto en jaque a Deutsche Wohnen, una gran empresa inmobiliaria propietaria de 163.100 viviendas.

Los inquilinos de unos 700 apartamentos de la emblemática Karl-Marx-Allee se han propuesto evitar que sus apartamentos pasen a manos de la gran inmobiliaria y su alquiler se dispare. Su presión ha surtido efecto y la ciudad-Estado de Berlín ha aceptado comprar los apartamentos para evitar una nueva transacción especulativa, en una ciudad que padece como pocas una vertiginosa subida del precio de la vivienda. 

“Queremos mantener la proporción de vivienda pública para poder tener un impacto en el precio de los alquileres. No queremos ser como Londres, donde la gente con un sueldo normal no puede pagar un piso”, explica a este diario Matthias Kollatz-Ahnen, ministro regional de Finanzas del Gobierno de Berlín. La consultora Knight Frank situó el año pasado a Berlín como la ciudad en la que más había subido el precio de la vivienda.

La compraventa, todavía en suspenso en los tribunales, es el resultado de una imaginativa y alambicada operación legal. La batalla jurídica de un caso único como el de la Karl-Marx-Allee encierra sin embargo un dilema político de gran envergadura: cómo se organizan los centros de las grandes ciudades y quién puede permitirse vivir en ellos. Y sobre todo, qué papel deben jugar las autoridades en todo esto.

Bogedein, el jubilado convertido en activista cuenta que fue el otoño del año pasado, cuando empezaron a correr los rumores desatados por los rellanos de la gran avenida de que la empresa propietaria quería vender a Deutsche Wohnen. “Los inquilinos rápidamente se dieron cuenta de que esto era importante, que había que hacer algo”. Lo que fuera para evitar que sus casas acabaran en manos de una empresa con fama en Berlín de exprimir a sus inquilinos.

Lanzaron una campaña de peticiones masiva con la que inundaron a políticos locales, para que nadie pudiera esgrimir que no sabían nada. Organizaron grupos de trabajo –jurista, cartelería, redes sociales, relaciones con los políticos, recopiladores de ideas…-. De los edificios colgaron grandes pancartas en contra de la venta. En cada bloque lograron reclutar a entre 20 y 30 activistas. De todas las edades y de todos los colores políticos, pero con un interés común

Los inquilinos y las autoridades llegaron a la conclusión de que al menos en dos de los bloques podían ejercer el derecho de adquisición preferente que contempla la ley de arrendamientos que a principios de los noventa reguló la salida al mercado de viviendas públicas. Aprovecharon el texto para diseñar una pirueta legal. “Con la ayuda de los políticos y de un 50% de los inquilinos -316 viviendas -, decidimos comprar los apartamentos y acto seguido vendérselos a una empresa municipal de vivienda”, explica Bogedein.

Kollatz-Ahnen, el senador de Finanzas, detalla que han llevado a los tribunales la transacción para que les ratifique que el derecho histórico de adquisición preferente no se respetó y que invalide la compra de Deutsche Wohnen, ahora en suspenso. (...)

“Hace tiempo que en Berlín los políticos son conscientes de que hay que estabilizar el precio del mercado inmobiliario y de que no basta con construir viviendas asequibles”, piensa Bogedein, “Es un momento político muy importante. Los grandes partidos pierden votos y dicen que quieren escuchar a la gente y nosotros hemos hecho el suficiente ruido como para que no nos puedan obviar”, añade.

A mediados de enero, Michael Müller, el alcalde de la ciudad-Estado de Berlín gobernado por los socialdemócratas, Verdes y La Izquierda, confirmó en conferencia de prensa que pensaban seguir adelante con los planes de renacionalización. “Esta es un gran área de apartamentos de la que nos gustaría ser de nuevo propietarios”. 

En el departamento de Desarrollo urbano y vivienda de Berlín explican que en la Karl-Marx-Allee, más de 700 apartamentos fueron privatizados en los años noventa. “Berlín vendió viviendas de propiedad municipal a empresas privadas. Ahora sabemos que fue un error”, sostiene una portavoz en un correo electrónico. “Por eso, Berlín ahora trata de ampliar su parque de viviendas y de recomunalizar donde sea posible”, añade.  (...)

Reiner Wild, presidente de la poderosa Asociación de inquilinos de Berlín, con 170.000 socios en la ciudad, sostiene sin embargo que Deutsche Wohnen no respeta las medidas contra la subida de alquileres y son famosos por no reparar las averías en sus pisos. “Tenemos muchos problemas por ejemplo con las calefacciones”, asegura. 

El gran problema de fondo, sostiene, es que Berlín no deja de atraer gente de todo el mundo, mientras los precios siguen subiendo. “Muchos propietarios no respetan el freno del alquiler -no pueden subir más de un 10% de la renta media de la zona- , pero los inquilinos no tienen seguro legal y les da miedo perder en un juicio”. (...)"                  (Ana Cabajosa, El País, 16/02/19*)

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