19.2.19

¿Puede ser justa y eficiente una sociedad en la que la posición que ocupamos en el mercado de trabajo depende fundamentalmente de nuestro origen familiar? Una persona que naciera hoy en nuestro país en una familia de bajos recursos económicos necesitaría al menos cuatro generaciones para llegar al nivel medio de renta de la sociedad...

"¿Puede ser justa y eficiente una sociedad en la que la posición que ocupamos en el mercado de trabajo depende fundamentalmente de nuestro origen familiar? 

Si las perspectivas de cualquier persona de encontrar un empleo, la calidad de la ocupación, el estado de salud y otras dimensiones importantes del bienestar, están estrechamente relacionadas con cómo era la situación socioeconómica de su hogar durante su infancia, es difícil que un país progrese, tanto en términos económicos como sociales. 

La falta de movilidad social entre generaciones no sólo es una manifestación de desigualdad e injusticia social, sino que limita también la mejora de la productividad y el crecimiento económico de un país.

 Implica que el talento de un segmento amplio de la sociedad no puede dar sus frutos potenciales, anula las posibilidades asociadas de emprendimiento creativo y reduce el rendimiento de la inversión en capital humano no sólo individual sino del conjunto de la sociedad que ha financiado el acceso a servicios públicos universales. (...)

Los datos que ofrece la OCDE no invitan al optimismo. En todos los países la transmisión de la ventaja social a través de las generaciones es una realidad conocida. Tener un buen origen familiar en términos educativos y económicos sigue determinando claramente poder alcanzar un alto nivel de estudios y, sobre todo, una mejor situación laboral. 

Esta ventaja no se ciñe al ámbito ocupacional, sino que el hecho de haber crecido en familias con recursos económicos escasos es también un buen predictor de tener, por ejemplo, un peor estado de salud.  (...)

Al nivel actual de movilidad intergeneracional, una persona que naciera hoy en nuestro país en una familia de bajos recursos económicos necesitaría al menos cuatro generaciones para llegar al nivel medio de renta de la sociedad. Además, los niveles de movilidad ascendente son claramente inferiores a los de la mayoría de los países de la OCDE y han empeorado desde los años noventa. Especialmente ilustrativo es lo que sucedió durante la crisis. 

Con datos especialmente ricos de la Encuesta Europea de Ingresos y Condiciones de Vida para definir el origen familiar, encontramos que la ventaja social permitió a los hijos procedentes de familias con mayores recursos afrontar mejor los reveses económicos de esa etapa. En personas con un mismo nivel educativo, el origen social fue determinante de la calidad de su empleo y salario, lo que condena a capas amplias de la población trabajadora a empleos más inseguros, peor pagados y con peores prestaciones asociadas.

Quebrar esta inercia es un requisito imprescindible para modelar una sociedad más justa y eficiente. Necesitamos incorporar criterios amplios de equidad al conjunto del sistema económico, desde sus cimientos.  (...)

La ecuación no es compleja: los países que en décadas anteriores gastaron más y mejor en educación pública, en redes fuertes de protección social para las familias y, además, promovieron la inclusión frente a la segregación educativa, son los que más consiguieron suavizar el efecto de la ventaja por origen social."                   ( , , El País, 08/02/19)

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