"¿Puede ser justa y eficiente una sociedad en la que la posición que
ocupamos en el mercado de trabajo depende fundamentalmente de nuestro
origen familiar?
Si las perspectivas de cualquier persona de encontrar
un empleo, la calidad de la ocupación, el estado de salud y otras
dimensiones importantes del bienestar, están estrechamente relacionadas
con cómo era la situación socioeconómica de su hogar durante su
infancia, es difícil que un país progrese, tanto en términos económicos
como sociales.
La falta de movilidad social entre generaciones no sólo es una manifestación de desigualdad e injusticia social,
sino que limita también la mejora de la productividad y el crecimiento
económico de un país.
Implica que el talento de un segmento amplio de la
sociedad no puede dar sus frutos potenciales, anula las posibilidades
asociadas de emprendimiento creativo y reduce el rendimiento de la
inversión en capital humano no sólo individual sino del conjunto de la
sociedad que ha financiado el acceso a servicios públicos universales. (...)
Los datos que ofrece la OCDE no invitan al optimismo.
En todos los países la transmisión de la ventaja social a través de las
generaciones es una realidad conocida. Tener un buen origen familiar en
términos educativos y económicos sigue determinando claramente poder
alcanzar un alto nivel de estudios y, sobre todo, una mejor situación
laboral.
Esta ventaja no se ciñe al ámbito ocupacional, sino que el
hecho de haber crecido en familias con recursos económicos escasos es
también un buen predictor de tener, por ejemplo, un peor estado de
salud. (...)
Al nivel actual de movilidad intergeneracional, una persona que naciera hoy en nuestro país
en una familia de bajos recursos económicos necesitaría al menos cuatro
generaciones para llegar al nivel medio de renta de la sociedad.
Además, los niveles de movilidad ascendente son claramente inferiores a
los de la mayoría de los países de la OCDE y han empeorado desde los
años noventa. Especialmente ilustrativo es lo que sucedió durante la
crisis.
Con datos especialmente ricos de la Encuesta Europea de Ingresos
y Condiciones de Vida para definir el origen familiar, encontramos que
la ventaja social permitió a los hijos procedentes de familias con
mayores recursos afrontar mejor los reveses económicos de esa etapa. En
personas con un mismo nivel educativo, el origen social fue determinante
de la calidad de su empleo y salario, lo que condena a capas amplias de
la población trabajadora a empleos más inseguros, peor pagados y con
peores prestaciones asociadas.
Quebrar esta inercia es un requisito imprescindible
para modelar una sociedad más justa y eficiente. Necesitamos incorporar
criterios amplios de equidad al conjunto del sistema económico, desde
sus cimientos. (...)
La ecuación no es compleja: los países que en décadas anteriores
gastaron más y mejor en educación pública, en redes fuertes de
protección social para las familias y, además, promovieron la inclusión
frente a la segregación educativa, son los que más consiguieron suavizar
el efecto de la ventaja por origen social." (Luis Ayala ,Olga Cantó , El País, 08/02/19)
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