"Hasta hace tan sólo tres décadas, la gran mayoría de la humanidad
nacía, vivía y moría en unos pocos kilómetros cuadrados, sujeta a un
poder absoluto masculino.
Ahora, por
primera vez en la historia, los seres humanos podemos disponer de una
información global y de unas capacidades tecnológicas para convertirnos en
ciudadanos del mundo, conscientes de la naturaleza de las amenazas y de la
necesidad de una respuesta adecuada y oportuna. La tecnología digital ha
facilitado la circulación de la información y, lo que es más importante
todavía, la capacidad de expresarse.
En esta nueva era, lo más
sobresaliente es la cada vez mayor participación de la mujer. Frente al
maléfico proverbio “si vis pacem, para bellum“ (si quieres la paz,
prepara la guerra), que ha sido seguido indefectiblemente por el poder
masculino, podemos ahora imaginar la transición de una cultura de
imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo,
conciliación, alianza y paz.
Transición
histórica de la fuerza a la palabra a medida que la mujer participe como le
corresponde en la toma de decisiones. Ya son, por fortuna, las mujeres las que, presencialmente y en el
ciberespacio, manifiestan colectivamente su apoyo a las inaplazables
transformaciones necesarias para reconducir las presentes tendencias.
También la
juventud está movilizándose, consciente de que su destino no puede confiarse al
destino de la gobernanza neoliberal.
Las presentes generaciones, mirando a
los ojos de sus descendientes y de todos los niños del mundo, deben cumplir
plenamente sus responsabilidades intergeneracionales.
Los
cambios fundamentales para generalizar una vida digna requieren que sean los “pueblos” los que tomen en sus
manos las riendas del destino común.
Ahora
ya tenemos la certeza de que, desde hace algunos años, la demografía y la
actividad propia de la especie humana afectan la calidad de la vida en Tierra y
de que existen medidas que deben adoptarse sin demora. En el estricto
cumplimiento de los Acuerdos de París y de los Objetivos de Desarrollo
Sostenible (ODS) “para transformar el mundo”, no caben aplazamientos, ni
disculpas.
De las tres principales emergencias -la pobreza
extrema unida a la desigualdad social creciente, el deterioro ecológico y la
amenaza nuclear- la que representa el cambio climático nos puede abocar al
fracaso histórico de la humanidad que representaría alcanzar puntos de no
retorno en la propia habitabilidad del planeta.
La insolidaridad se ha acrecentado. Es manifiesta la reducción de las
ayudas al desarrollo y las subvenciones para acoger como corresponde a
refugiados y emigrantes. La impunidad a escala internacional y, por
ende, la carencia de estabilidad y seguridad; la transferencia de
responsabilidades públicas desde los gobernantes al “mercado”; el
extremismo nacionalista y religioso; el fanatismo étnico y el
supremacismo… han conocido una lamentable reactivación en las últimas
décadas y, como respuesta colectiva, la enfermedad de nuestro tiempo: la
indiferencia.
La
marginación del Sistema de las Naciones Unidas y del multilateralismo
democrático es cada vez mayor, con la creación de grupos autocráticos y
favoreciendo que se deje de pertenecer a
instituciones del Sistema, como ha sido el caso reincidente del Partido Republicano de los Estados Unidos en instituciones tan
críticas como la UNESCO, la Convención de los Derechos Humanos de la Infancia, la
ausencia en la Corte Penal Internacional o la creación de la Organización
Mundial del Comercio directamente fuera del Sistema de las Naciones Unidas…
La Carta de la Tierra, uno de los documentos más lúcidos de
la última década, afirma: “Nos encontramos en un momento crítico en la
historia de la Tierra, un momento en que la humanidad debe elegir su futuro.
A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el
futuro conlleva un gran peligro y una gran promesa.
Para avanzar, debemos
reconocer que en medio de una magnífica diversidad de culturas y formas de
vida, somos una familia humana y una comunidad de la Tierra con un destino
común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible basada en el
respeto por la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia
económica y una cultura de paz …”.
Impotentes
asistimos a la sustitución de los principios éticos –justicia, libertad,
igualdad y solidaridad, tan bien enunciados en la Constitución de la UNESCO-
por las normas mercantiles. Tendríamos que haber resguardado los valores, los
ideales éticos comunes, empezando por la igual dignidad de todos los seres
humanos.
No se supo defender lo que era indispensable defender, y nos hemos
ido quedando sin democracias eficientes, sin cooperación (sustituida por la
explotación) y sin muchas industrias debido a la deslocalización productiva… y
con ciudadanos escépticos y desconcertados en lugar de personas dispuestas a
seguir los principios democráticos que, aplicados con urgencia, podrían todavía
enderezar muchos de los torcidos derroteros actuales.
Estamos
ante un inmenso poder mediático que reduce a la mayor parte de la ciudadanía
a la condición de espectador impasible y obcecado. La educación está más
orientada a tener y obedecer que para ser “libre y responsable” …
Los seres humanos se
caracterizan por su inverosímil facultad creadora, por poder anticiparse y
prevenir, por diseñar deliberadamente su futuro. El por-venir está por-hacer.“Todo está por hacer y todo es
posible… pero, ¿quién si no todos?”, según el verso de Miquel Martí i Pol.
Todos frente a los pocos que pretenden seguir llevando las riendas del destino
común en sus manos.
Ha
llegado el momento de poner en práctica un nuevo concepto de seguridad
que, además de los territorios, tenga en cuenta a quienes los habitan
(alimentación, agua potable, servicio de educación y de salud de calidad, cuidado
del medio ambiente).
Es
tiempo de acción. Contamos con muchos diagnósticos. Hay que aplicar los
tratamientos efectivos antes de que sea demasiado tarde.
ACUERDO
Las comunidades
académicas, científicas, artísticas, literarias, intelectuales en suma, deben liderar
hoy las respuestas adecuadas a las
amenazas que se ciernen sobre la humanidad a escala mundial.
Sólo con una gran
movilización que permita a todos los seres humanos ser conscientes de la
situación presente y, en consecuencia, ser actores comprometidos a actuar sin
demora con un comportamiento cotidiano apropiado será posible hacer frente a
procesos potencialmente irreversibles.
Los profundos y apremiantes cambios que son
ineludibles, necesitan que sean los “pueblos” los que tomen en sus manos las
riendas del destino común. Son ahora urgentes grandes clamores populares presenciales
y en el ciberespacio para el establecimiento de un multilateralismo eficiente
dotado de los medios personales, técnicos, de defensa y financieros apropiados.
La Asamblea General debería hallarse
integrada a partes iguales por representantes de Estados y de instituciones de
la sociedad civil. Además del Consejo de Seguridad Territorial, el Consejo de
Seguridad Socioeconómica y el de Seguridad Medioambiental.
El
cumplimiento adecuado y en tiempo oportuno de la Agenda 2030, decidida por la Asamblea General de
las Naciones Unidas mediante la Resolución A/RES/70/1 (octubre 2015) titulada
“Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, en
la cual se fijan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible más relevantes para
reconducir el actual Sistema, así como los Acuerdos de París sobre Cambio
Climático (diciembre 2015), únicamente podrá tener lugar en el
contexto de una cooperación global
eficiente y rápida, coordinada con gran autoridad por las Naciones Unidas.
Los
ODS representan el firme compromiso de todos los países del mundo, en el marco multilateral de
las Naciones Unidas, para orientar debidamente el comportamiento personal,
asegurando la igual dignidad y unas estrategias basadas en el conocimiento que
proporcionan a todos un desarrollo sostenible y humano (alimentación, agua
potable, salud y educación de calidad, cuidado del medio ambiente).
Aprender a
expresarse, a participar, a escuchar, a compartir, a vivir juntos.
Frente
a amenazas globales son precisas reacciones así mismo globales de una
ciudadanía mundial
plenamente alerta y capacitada para evitar o mitigar las lamentables
consecuencias que, en otro caso, se derivarían de las tendencias presentes.
Se
trata de una ineludible responsabilidad intergeneracional que se
presenta por primera vez en la historia en la era del antropoceno. Si no se
consiguieran detener los efectos de la actividad humana sobre la habitabilidad
de la Tierra, el legado de las presentes generaciones a las siguientes
representaría un irremediable retroceso en el progreso de la humanidad.
Unamos todas la voces de forma que alcancen la magnitud apropiada para ser
escuchadas, y hacer posible la interacción que
favorezca la presencia del “sentido más humano” en la acción educativa, social, cultural, política
y económica a escala mundial, logrando un diálogo favorable con todos los actores de tal modo
que pueda lograrse un verdadero desarrollo humano a nivel global, que garantice la armonía con
la naturaleza y la diversidad cultural.
Las instituciones abajo firmantes le proponen que realice su
adhesión personal o institucional y solicitan a los medios de
comunicación la difusión de este “Acuerdo” para la acción que a todos,
sin excepción, compete. Si representa una institución pública o privada
interesada en adherirse, por favor envíenos un email de confirmación
junto con un logo al siguiente email: pacto@aeac.science
ADHESIONES MANIFIESTO (se respetará estrictamente el orden temporal de adhesión)
- AEAC (Asociación Española para el Avance de la Ciencia)
- CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas)... (...)"
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