"Se alinearon los planetas hacia Venezuela. La muerte
de Chávez, la crisis económica, la incapacidad de Nicolás Maduro, la
incompetencia de la oposición para asistir a las presidenciales, el
advenimiento de la nueva derecha en América Latina y de Trump en Estados
Unidos, la caída de los precios del petróleo y el desmantelamiento de
la estatal petrolera.
Todo ello exagerado por el clímax de la campaña
mediática internacional. Así que no queda “planeta” que no gire hacia
Venezuela, prefigurando un escenario explosivo en puertas.
El Gobierno de Maduro
Muerto Chávez, la dirección de la Revolución
bolivariana recayó en Maduro y Diosdado Cabello. Al primero le tocaría
gobernar, al segundo mantener las fuerzas políticas y militares
aceitadas. Pero muy pronto sobrevino una severa crisis económica que en
poco tiempo se volvió moral debido a innumerables escándalos de
corrupción; y social, en cuanto el Estado omnipotente no pudo seguir
asistiendo como lo hacía con las millonarias políticas sociales.
Una crisis que también se convirtió en política,
puesto que la oposición arrasó en las legislativas de 2015 y mostró que
el chavismo tendría que conformarse con ser una minoría social y ya no
el otrora movimiento mayoritario. Todo esto acompañado de dos
levantamientos violentos en 2014 y 2017 que contribuyeron a destruir la
economía y la paz social.
A Maduro se le ocurrió “reestructurar” a la estatal
petrolera PDVSA, fuente de la mayoría de las riquezas nacionales, lo que
culminó en el desmantelamiento de la industria y la merma de dos
tercios de su producción, según la OPEP.
Todo ello en medio de una escalada hiperinflacionaria
—a la que Maduro no supo enfrentar—, y mecanismos de distribución de un
“dólar barato” que sirvió para generalizar la corrupción y desmoralizar
a la población. ¿Alguien recuerda las oleadas de venezolanos que salían
como turistas por el mundo en 2012 y hasta 2014 repletos de dólares
subsidiados?
Durante el primer Gobierno de Maduro, los venezolanos
pasaron de ser turistas a ser emigrantes. De tener el sueldo mínimo más
elevado de la región al más bajo, incluso inferior al de Haití.
El Estado venezolano se fue volviendo más lerdo en la
medida que crecían los problemas sociales. Los discursos oficiales se
vaciaron de contenido y se aislaron de los problemas de la gente, lo que
era el principal motor de la política chavista. La oposición y el
Gobierno se convirtieron en dos minorías agresivas y autoritarias cuyos
intereses pasaron por encima de la situación nacional.
La mayoría de los procesos revolucionarios han sido
proclives históricamente hacia la burocratización; el proceso
bolivariano, incluso antes de Maduro, llevó esa tendencia ayudado por el
grandilocuente poder económico con que contaba el Estado y la
consecuente sobrevaloración de la moneda que invitaba a aumentar las
importaciones y debilitar la producción interna.
El continente se derechiza
Antes de la muerte de Chávez, América Latina vivía un
movimiento de unidad regional. Hasta los gobiernos de derecha se
plegaron a la tendencia unionista y solidaria. Los principales países de
la región eran gobernados por movimientos progresistas y de izquierda.
Pero a la izquierda no le fue muy bien gobernando y
el péndulo giró inusitadamente hacia la derecha, despertando el recelo
contra el modelo bolivariano que se venía expandiendo y había logrado
desterrar el neoliberalismo y frenar la estrategia económica
estadounidense para la región. Venezuela comenzó a estar en la mira y
sus aliados pasaron a ser agresores. (...)
Rodeados y bajo amenaza de disgregación, los
venezolanos vivimos entre dos opciones: o vemos cómo se atornillaba
perpetuamente Maduro y los militares en el poder o vemos tropas
invasoras acabando literalmente con el país y robando nuestras riquezas.
Quizá esté allí la causa de todo: Venezuela es el país con las reservas
petroleras más grandes del mundo. Además es rica en oro, coltán, gas y
agua. EE UU necesita esos recursos para competir con China y Rusia y
para retomar la influencia en la región, su histórico patio trasero.
La era Trump
El Gobierno de Trump ha sido clave en el asedio
internacional a Venezuela. Ya Barack Obama había firmado un decreto
ejecutivo que declaraba el país una “amenaza inusual y extraordinaria”
para EE UU. Pero ha sido en el mandato de Trump cuando comenzaron a
imponerse sanciones unilaterales. Al principio solo a funcionarios.
Luego a los activos del país y a sus negocios del petróleo, el oro y las
criptomonedas.
Todo esto ha llevado a obstaculizar la compra de
alimentos y medicinas del país.
Ya a partir del segundo mandato de Maduro, en enero
de 2019, el Gobierno de EE UU comenzó a plantear la posibilidad de una
intervención militar y decretó un embargo petrolero a PDVSA, una medida
que podría paralizar la producción de gasolina —afectando dramáticamente
la distribución de alimentos— y la venta de petróleo, que terminaría
dejando sin liquidez a un país adicto a las importaciones.
Otra calamidad: la oposición
Aunque el cuadro parezca dantesco, todavía no está
culminado. Las alternativas posibles, como una elección o referéndum,
son rechazadas por la propia oposición.
Las divisiones en la oposición han impedido producir
una alternativa confiable para sustituir a Maduro. El adelanto de las
presidenciales de diciembre a mayo de 2018 sorprendió a la oposición
atomizada y muy dependiente de los designios de los poderosos sectores
que la dirigen desde Miami y que no quieren una salida democrática. Este
escenario todavía dejaría muy fortalecido al chavismo, quien controla
las fuerzas armadas, la policía, la mayoría de gobernaciones y
alcaldías, importantes territorios populares y empresas del Estado como
PDVSA. Al parecer prefieren una opción —digamos— más automática que
aniquile de cuajo al chavismo.
Así que el grueso de la oposición terminó
declarándose abstencionista y dejó el camino abierto para la reelección
de Maduro, y el triunfo del oficialismo en 20 de las 24 gobernaciones y
310 de las 335 alcaldías.
Las matemáticas no fallan, pero no hacen política. En
las legislativas de 2015, cuando la crisis no había llegado a su
clímax, la oposición sacó 7,7 millones de votos. Maduro fue reelecto en
2018 con 6,2 millones. La victoria opositora era inminente. Pero
prefirieron jugar con la carta de la intervención de los halcones.
La oposición, después de intentar innumerables golpes
de Estado y levantamientos, ya ni pelea, todos sus actos se relacionan
con pedir una intervención militar, al costo que sea. Perdieron el
escenario electoral, el político y la calle, y sus líderes están
deslegitimados.
Su derrota o su victoria se basa única y
exclusivamente en lo que decida Trump. Si invade, creerán que ganaron,
así destruya al país. Si no invade, habrán perdido todo, porque no
cuentan con otro escenario.
La Campaña internacional
Ha sido brutal y despiadada la campaña mediática
mundial contra Venezuela. Repleta de medias verdades. Usándola como
antimodelo del neoliberalismo en auge.
Las imágenes de venezolanos peleando por comprar
comida no hablan que el subsidio a los alimentos en Venezuela es
incomparable al de cualquier otro lugar en América Latina. Las imágenes
de conflictos y represión no hablan de que antes del chavismo en las
calles asesinaron a miles de hombres y mujeres en el llamado Caracazo de
1989, y ningún país pidió intervención o sanciones.
Las imágenes de
venezolanos caminando hacia Colombia “huyendo”, no explican que en
Venezuela hay más de cinco millones de inmigrantes que ante una mala
situación económica desearán lógicamente volver a su país.
Hoy día, esta campaña se concentra en una “ayuda
humanitaria” ridícula e inefectiva en su cantidad, y que obviamente
tiene otras razones que no han sido develadas. Pero que además llega muy
tarde o muy temprano. Nos explicamos.
La migración y las crecientes remesas han
estabilizado los ingresos de millones de familias. La situación actual
no es la explosiva de 2016 y 2017. El Gobierno ha logrado, en los
últimos dos años, políticas de distribución de alimentos (CLAP) que han
sido masivas y exitosas.
Esas imágenes que viajaron por el mundo, hace algunos
años, de venezolanos peleando por comprar comida, de gente comiendo
basura, o de saqueos, han bajado notablemente su impacto. Muchas veces
eran imágenes de otros países, muchas veces exageradas y otras eran
reales. Dichas imágenes hoy no se dejan ver con aquella crudeza, porque
la situación no llega a ese nivel de alarma. La nociva situación del
sistema público de salud es comparable a la de muchos países de la
región que nadie quiere invadir.
Así que la ayuda humanitaria llega o muy tarde, o muy
temprano: habrá que ver cómo las nuevas sanciones de Estados Unidos a
la estatal petrolera afectan la cuestión social. Las medidas pueden
generar incapacidad para producir gasolina lo que trae problemas básicos
en la distribución de alimentos y enseres, sumado a la falta de
liquidez del Estado, esencial para la importación de bienes básicos, de
la que tanto depende Venezuela.
Solo que ahora el Gobierno de Maduro tiene más poder
en su argumento central: el responsable directo es Estados Unidos y la
oposición que avala sus actos."
(Ociel Alí López
, Sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela, El Salto, 02/03/19)
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