"(...) el salto desde la generosidad ante la insolvencia bancaria hacia la
austeridad a ultranza impuesta a las poblaciones adquirió su forma más
dramática en tres pequeños países en los que el impacto fue brutal: Grecia, Irlanda y Portugal. Los eslabones más débiles de la cadena.
Cada uno de ellos tenía su etiología. En Grecia fue la acumulación de
deuda, imposible de pagar (más del cien por cien de su producto interior
bruto). (...)
los hombres de negro de la odiada (por la ciudadanía helena) troika
—Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario
Internacional— se pasearon por las calles y plazas de Atenas interviniendo con mano de hierro la economía, a cambio de sucesivos rescates cuyo monto final ha estado cercano a los 300.000 millones de euros.
(...) aquella institución multilateral (FMI) no era bien vista en la rica Europa,
ya que era partidaria de reestructurar la deuda griega, a lo que se
opusieron Sarkozy y Merkel. Schaüble, aquel feroz ministro de Economía
de la canciller alemana, declaró que consideraría una intervención del
FMI “una humillación para Europa” y Sarkozy, más explícito, dijo:
“Olvídense del FMI. El FMI no es para Europa. Es para África. ¡Es para
Burkina Faso!”.
Cinco años después del primer rescate, los griegos se desembarazaron
de los partidos y las familias tradicionales, y eligieron, por primera
vez en un país europeo después de la II Guerra Mundial, a un partido (Syriza) a la izquierda de la socialdemocracia.
En este periodo, los griegos han vivido al mismo tiempo su propia Gran
Depresión y el mayor éxodo de refugiados desde el otro lado del
Mediterráneo, en términos de centenares de miles de personas que, a
través del mar Egeo, pretendieron llegar a Europa Central y Europa del
norte.
Ahora parecen terminar los experimentos con el país que ha sido la
cobaya de Europa en la aplicación de las medidas de austeridad
(Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, reconoció
recientemente que “no fuimos solidarios con Grecia; los insultamos”).
En las elecciones europeas, municipales y regionales del pasado mayo,
Syriza dejó de ser el partido principal y es bastante posible que algo
semejante suceda hoy, en los comicios generales.
El triste parte de guerra de este tiempo (y que explica en parte las
corrientes electorales de fondo) indica que Grecia ha vuelto a un
crecimiento económico homeopático (por debajo del 2%) y que se ha
reducido el paro (aunque sigue siendo el mayor de la UE y castiga a un 40% de los jóvenes),
pero las pensiones se han reducido inmisericordemente una y otra vez
(hasta en 20 ocasiones), muchos sectores estratégicos se han privatizado
y han sido vendidos a la inversión extranjera (por ejemplo, el puerto
de El Pireo), la renta media ha caído con estrépito, han desaparecido
centenares de miles de empresas, etcétera.
Todo ello se expresa en
factores psicológicos tan a flor de piel como depresión, desconfianza, falta de esperanza, hartazgo, etcétera.
¿Y qué pasó con la deuda pública después de tantos años de sacrificios y austeridad? En el año 2018 ascendió al 181,1% del PIB.
¿Para qué ha servido todo?" (Joaquín Estefanía, El País, 07/07/19)
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