"(...) El presidente, que es ignorante pero no estúpido, controla el marco
electoral, desespera a los demócratas y ofende a todos los ciudadanos de
color, nacidos o no en EE UU, a los que no considera verdaderos
americanos.
Esta categoría solo la ostentan, según Trump, los nativos blancos. Hagamos a América blanca otra vez
parece ser el eslogan del presidente —cuyo abuelo alemán emigró a EE
UU— cara a su reelección. Dobla Trump la apuesta racista en la carrera
electoral ya abierta, avivando el demonio todavía no enterrado de la
cuestión racial, con la aberrante defensa de la supremacía blanca.
Barack Obama ilusionó con la posibilidad de un progreso racial y hoy
Trump despide de EE UU a cuatro congresistas demócratas jóvenes: “Volved
a vuestro país, infestado de crímenes”.
Un racista en la Casa Blanca. Él, que con su padre negaba el alquiler
de sus promociones inmobiliarias en Nueva York a las personas de color,
y que cuando visitaba su casino en Atlantic City pedía que escondieran a
los empleados negros. Pretende hacer un registro de ciudadanos y no
ciudadanos, algo que nunca se ha hecho en EE UU, porque cree que la
ciudadanía americana es fundamentalmente racial, y que solo los blancos
pueden ser ciudadanos.
El presidente desquicia la democracia de EE UU y la indignación y el
razonamiento resbalan contra sus provocaciones. Cuanto más ruido provoca
con sus tuits, más consigue desviar la atención de lo principal. Y los
continuos ataques que recibe se vuelven como un bumerán contra sus
opositores. La bandera del nacionalismo blanco y el stop a la
inmigración, con el anuncio de políticas desaforadas, cohesiona a sus
votantes. El 57% de los republicanos cree que peligra la identidad
nacional. Todavía, el 62% de los estadounidenses piensa que la apertura
del país a gentes de todo el mundo es esencial para conocer quiénes
somos como nación (encuesta de USA Today / Ipsos).
Actúa como pirómano. Incendia que algo queda. Pero logra dominar el
debate nacional ante un Partido Demócrata que no sabe aún con qué
proyecto enfrentarse al presidente. Trump apuesta porque podrá definir
al Partido Demócrata como radical y antiamericano. Vuelve, 70 años
después, la caza de brujas." (Franciso G. Basterra, El País, 22/06/19)
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