"(...) ¿Que son los neo-nacionalismos?
Llamamos
fascismo a demasiadas cosas que no lo son y, en particular, a lo que no
encaja con lo que uno piensa. Simplemente, por respeto histórico, hay
que decir que el fascismo (que es una salvajada increíble) tenía un
corpus doctrinal y una teoría del Estado. Los que estamos viendo ahora
de los nacional-populismos es, básicamente eso, populismo, entendido
como la solución fácil y autoritaria a problemas complejos.
El fascismo
quería construir algo equivocado, erróneo, sí, pero era un proyecto del
que carecen los nacional-populismos. Entre estos también los hay que se
acercan más a los rasgos del fascismo. Por ejemplo, el de Orbán, con sus
milicias de las cruces flechadas desfilando por Budapest. Otros no son
así.
El populismo, que vio la luz hace ya más de 150 años, y que resulta una criatura política bastante difícil de definir, ahí está…
Para entendernos, cuando impropiamente
llamamos fascistas a algunos, sabemos de qué estamos hablando. Conllevan
el peligro del autoritarismo y del totalitarismo. Y aquí, en Cataluña,
lo que preocupa son los rasgos totalitarios. Los nacionalistas catalanes
autoritarios, que existen, tachan de fascista a cualquiera.
Es un
sistema de descalificación y ya está. Pero lo peor son los rasgos
totalitarios, porque al no haber poder suficiente para ser autoritario
surge lo que casi me atrevería a calificar de nacional-populismo
catalán, el de los secesionistas que intentan ocupar todos los aspectos
de la sociedad civil.
Todo esto viene
acompañado por un llamativo empuje, digamos, propagandístico en las
redes sociales, los medios de comunicación y el mundo editorial ¿Se
puede hablar de un auge de las publicaciones sobre fascismo?
Hay un auge de publicaciones de
interpretaciones políticas, entre ellas algunas de propaganda del
secesionismo, que carecen de interés. Pero, entre ellas llaman la
atención títulos, en ocasiones reediciones, que se refieren al fascismo y
los años 30 ¿Por qué sino vuelven a editarse, por ejemplo, los escritos
de Gramsci sobre fascismo?
De repente, tenemos una traducción del
magnífico Piero Calamandrei del “Fascismo como régimen de la mentira”, y
también de Michela Murgia, que publica el interesantísimo “Manual para
ser fascista”. Naturalmente, si esto se edita es porque responde a una
demanda. Y no deja de preocuparme el interés que, incluso personalmente,
me ha despertado todo esto.
¿Podría ser que el interés por indagar en el presente nos conduce, necesariamente al pasado?
Posiblemente. Hemos leído historia, algunos
creíamos que algo sabíamos, pero, claro, seguramente no tenemos
suficiente con todo eso. Estamos afinando y ampliando conocimientos.
Cuando estuve en el Congreso de los Diputados, lo hice básicamente en la
comisión de asuntos exteriores. Allí tuve ocasión de detectar, ya a
final de los años 90, el ambiente terriblemente proclive al
nacional-populismo y a los para-fascismos en toda la franja oriental de
Europa.
En una reunión en Roma, los jóvenes representantes de las
repúblicas báltica afirmaban, sin vergüenza, algunas cosas que el resto
teníamos asimiladas al fascismo y el ultranacionalismo, como la creación
de dos categorías de ciudadanos, en las que los rusófonos quedaban
desprovistos de derechos de ciudadanía. Y los hemos aceptado en Europa. (...)
Repliegue que no es
otra cosa que el espíritu de campanario, lo de cada “mochuelo a su
nido”, frenando o impidiendo la emigración…
Cundo fui por primera vez a Nueva York, aunque
la conocía como todos por el cine, lo que más me sorprendió fue la
variedad de gente, de lenguas, de olores… Entonces, Barcelona era aún
una ciudad con poco más que la influencia francesa. Y nos considerábamos
cosmopolitas, porque viajábamos al otro lado del Pirineo.
Ahora,
Barcelona si es una ciudad estrictamente cosmopolita, con 160 lenguas
censadas, con gente proveniente de prácticamente todos los Estados de la
ONU. Para mí, esto es el paradigma real de lo nuevo. Los demógrafos,
los economistas nos dicen que el mundo del futuro va a ser un mundo de
ciudades. La urbanización es imparable, a no ser con violencia, y con la
violencia lo que hay es desastre.
El marco mental que se
nos había generado antes de las elecciones europeas, poniendo el acento
en el peligro eminente de la extrema derecha, no se ha hecho realidad, a
pesar del avance de esta tendencia en países como Francia e Italia…
Las cosas no se paran con unas elecciones. Es
un hecho de que hayan tenido resultados inferiores a los que ellos
creían, pero hay cosas preocupantes, como los resultados, aunque sean
provisionales (porque no se sabe cuánto van a estar en la UE) del Reino
Unido, en los que un mentiroso compulsivo y populista, impresentable, se
lleva el gato al agua, destroza el sistema político, para nada. En
conjunto, el auge nacional-populista se ha atascado, pero no mucho." (Entrevista a Jordi Pedret, El Triangle, Peru Erroteta, 22/06/19)
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