4.10.19

La subida de la vivienda y de los alquileres en Madrid expulsa a los trabajadores a las provincias vecinas

"En Pozo de Guadalajara es fácil saber de dónde son los habitantes de los chalets que pueblan la zona. Aunque este pequeño municipio pertenece ya a la Alcarria, casi todas las antenas de televisión se orientan para cazar la cadena con la que los vecinos se sienten más cercanos: Telemadrid.

Al pie de estas urbanizaciones se encuentra la frontera invisible que delimita Castilla-La Mancha con Madrid. La separación es meramente mental para los 1.200 habitantes de este pueblo, que la atraviesan a diario para acudir a sus puestos de trabajo. Hace solo un mes han conseguido una reivindicación que ha ido creciendo a medida que lo ha hecho su población: que un autobús de la Comunidad de Madrid cambie su trayecto para pasar por allí y les deje -o recoja- en Alcalá de Henares.

“Aquí el 80% de la población viene de Madrid”, resume Javier Hurtado, su teniente alcalde. Él es un ejemplo: se mudó hace 17 años, justo en el punto de inflexión de un pueblo que hasta entonces tenía 400 habitantes. “La gran mayoría vinimos por el crecimiento abismal de Torrejón. Por el mismo precio de un piso de 80 metros cuadrados, aquí tenías tu chalet adosado con jardín”.

Para muchos de los que ahora son vecinos de Pozo, la búsqueda de una vivienda asequible les fue alejando cada vez más del kilómetro 0. A su favor tienen estar pegados al corredor del Henares y a otras ciudades grandes como San Fernando de Henares, Alcalá, Torrejón o Mejorada del Campo.

“Cuando te lo planteas, lo primero que calculas es el tiempo en ir a trabajar cada día. Pero luego también ves la calidad de vida…”, continúa Hurtado. Ahora mismo tarda 45 minutos en ir en coche hasta la estación de Meco y en coger el Cercanías que le deja en Vallecas. Una distancia normal para los desplazamientos dentro de Madrid, pero viviendo en otra comunidad autónoma.

Por extraño que parezca, el mayor flujo interprovincial que ha vivido España en las últimas tres décadas ha sido de Madrid a Toledo, con 320.000 desplazamientos acumulados. Y a Guadalajara se han ido más de 160.000 personas. En total, casi medio millón de habitantes, tantos como para construir la séptima mayor ciudad de España en apenas tres décadas.

Este flujo de población es el resultado de la expulsión de Madrid provocada por la gentrificación. Cada año llegan a la Comunidad de Madrid unas 100.000 personas procedentes del resto de España (a lo que hay que sumar la inmigración de otros países). En la mayoría de los casos se trata de jóvenes con buena formación que pertenecen a la élite de capital humano de las regiones emisoras. Esto significa que entran en Madrid con una renta superior a la media, o la consiguen rápidamente, por lo que desplazan a las clases populares autóctonas.

A medida que la metrópolis madrileña va creciendo, los precios de la vivienda suben en localidades cada vez más alejadas del centro de la capital, hasta el punto de expulsar población a las provincias limítrofes: Guadalajara y Toledo. La salida de población no ha sido homogénea, sino que depende de las oscilaciones de los precios de la vivienda. Durante los años de la burbuja inmobiliaria llegaron a salir más de 30.000 personas anualmente hacia las dos provincias.

En esos años surgieron grandes ciudades dormitorio que se sitúan justo al otro lado de la frontera de Madrid, donde los precios del suelo son mucho más bajos. Fueron los años del ‘boom’ de municipios del norte de Toledo, como Seseña, Illescas, Ugena, El Viso de San Juan o Las Ventas de Retamosa y el suroeste de Guadalajara, como Azuqueca, Cabanillas o Alovera. Todos ellos están entre los municipios que más han crecido en las últimas décadas y que destacan por ser pequeñas localidades rurales rodeadas de urbanizaciones.

Este flujo de población, que se frenó durante la crisis, se está volviendo a reproducir en los últimos años como consecuencia de la escalada de precios que está viviendo Madrid. De seguir la tendencia del último lustro, 2019 será el primer año desde 2008 en el que Madrid expulse más población de la que atrae, con casi 100.000 emigrantes. (...)

El ‘boom’ de precios de la vivienda en Madrid ha expulsado principalmente a las clases populares. Los jóvenes de zonas humildes se encuentran con que los precios en sus barrios se han multiplicado y ya no pueden emanciparse y asumir el coste de tener un techo. El 70% de los jóvenes que han salido de Madrid entre 2013 y 2017 no tenía estudios universitarios.

Es el dato más alto de todas las comunidades autónomas y muestra hasta qué punto la expulsión de población se centra en las capas con menor capital humano. Por el contrario, en Castilla-La Mancha, comunidad que los acoge, apenas el 25% de los inmigrantes españoles tienen estudios universitarios. (...)

Los municipios de Guadalajara y Toledo situados al otro lado de la frontera con Madrid son los que tienen mayor porcentaje de población nacida en otros lugares de España. En el caso de Cabanillas del Campo, situada junto a la ciudad de Guadalajara, el 45% de sus residentes han nacido en otra provincia, lo que indica hasta qué punto es un municipio construido a base de madrileños expulsados de su región. Pero el caso más extremo es el de Ugena, un municipio del norte de Toledo situado a solo cuatro kilómetros de la frontera con Madrid y donde tres de cada cuatro vecinos han nacido fuera de la provincia.

A base de expandirse, Madrid ha ido llenando estos municipios que, de no encontrarse cerca de la metrópolis madrileña, bien estarían protagonizando artículos sobre la España vacía. Esta situación se repite en todos los pueblos vecinos, hasta el punto de que convierten a Guadalajara en la única provincia en la que más de la mitad de la población ha nacido en otra parte de España o en el extranjero. Las fronteras autonómicas siguen existiendo, pero Madrid ya las ha superado." (Javier G. Jorrín, María Zuil y Jesús Escudero, El Confidencial, )

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