"(...) Francisco vive en Madrid, trabaja para una subcontrata como transportista de arte en el Palacio Real
y cobra el SMI. Ni un euro más. Su salario neto mensual se queda en
unos 960 euros, es decir, 1.050 euros en 12 pagas. Actualmente vive en
un piso de 50 m2 y paga 550 euros por un cuarto sin ascensor en un
barrio muy humilde.
“Es muy complicado. Yo vivo con mi novia y hemos tenido que tirar del dinero que teníamos ahorrado. El día que nos suban el alquiler del piso no sé cómo vamos a vivir”.
En el caso de Jesús, él es padre de familia, licenciado en Derecho y familiar de un personaje político muy conocido de este país.
Su mujer cobra 850 euros al mes trabajando en un supermercado y él ha
cobrado el salario mínimo durante un año y ahora se encuentra en paro.
“No tenemos Internet en casa, no tenemos coche, no tenemos
calefacción, ni aire acondicionado… la comunidad no la pagamos durante
ocho meses y cuando cobramos la extra pagamos todo…”, explica sobre la
situación de su familia.
“Los libros del niño son todos prestados y usa la ropa de sus primas
cuando se les queda pequeña. Compramos lo más barato para comer; arroz,
pasta… sin comer verdura ni carne porque está carísima. Mi mujer tiene
suerte porque en su trabajo le dejan algunos productos caducados que se puede traer y con eso cubrimos algunos días… eso te puedo contar”.
Para hablar de Rubén tenemos que irnos hasta Sevilla. Este joven
trabaja como informático y cobra 900 euros al mes. Vive con su madre
(parada) y su hermana de 18 años y con ese salario tiene que alimentar tres bocas y pagar todos los gastos del hogar.
“Todo el dinero que entra se lo traga la casa y la nevera. No te puedes permitir nada. Tengo algo más de 25 años y no he podido pagarme ni el carné de conducir.
Compramos todo de marca blanca porque no podemos comprar otra cosa, y
cuando sufrimos cualquier imprevisto es un problema porque nos cruje
todo el mes. No podemos tener ningún capricho. Para que te hagas una
idea, me he comprado una entrada para un festival y he tardado un año
entero en poder pagármela”.
Beatriz trabaja en Barcelona, estudió filología y ahora trabaja para
una empresa de abogados como administrativa. Cobra 968 euros al mes y
paga 380 euros por una habitación a las afueras de la capital. “Entre lo
que tengo que pagar de transporte, la habitación, la comida y cualquier
imprevisto que se produce es muy difícil ahorrar. Además, sólo me puedo permitir esta habitación que tiene humedades y debo tener abierta la ventana todo el día. Con el dinero que tengo no me da para más”.
Vivir en una ciudad más pequeña tampoco te garantiza nada si ganas el
SMI. Teresa vive en Castilla y León y trabaja en un bazar chino.
Comenzó trabajando 39 horas a la semana, aunque sólo cotizaba 24 horas,
por 600 euros al mes. Al cabo de un tiempo le aumentaron las horas a 55
horas a la semana de lunes a sábado, aunque en el contrato dejaban
constancia de que era de 36 horas, entonces empezó a cobrar 850 euros al
mes. Ahora ya ha conseguido cobrar el SMI.
“Vivo con mi pareja. Ambos aportamos 500 euros al mes para pagar
alquiler, comida, Internet, calefacción, agua, basuras, productos de
limpieza… Con los 400 euros que me quedan tengo que pagar el dentista,
cualquier cosa que se estropee, tengo que ir a visitar a mi familia,
pagarme la vida… Me mato a currar para tener apenas unos 200 ahorrados”, explica.
“En mi caso no podríamos vivir si no fuese gracias a mis padres”,
comienza Rosa. Ella vive en Málaga con su familia. “Mi marido y yo somos
camareros, lo que quiere decir que trabajamos muchas horas. Yo gano 900 euros y 50 euros de propinas, él no llega a los 1.000 euros al mes.
Si lo piensas, podríamos vivir más o menos con esos salarios, pero
somos cinco en casa, nosotros y nuestros tres hijos”, argumenta.
“Pagamos casi más de 700 euros en alquiler y a eso hay que sumar los
gastos propios del hogar… Somos cinco bocas que tienen que comer, libros
del cole, ropa…. No podemos vivir así y mi madre tiene que ayudarnos con 300 euros al mes”.
El caso de Alba no es exactamente así, ella cobra 1.500 euros, pero tiene que estar en dos trabajos.
“Estaba trabajando como teleoperadora cobrando el SMI y me llamaron de
un estudio de sonido para trabajar por 500 euros al mes a media jornada.
Como había estudiado producción audiovisual dije que sí y ahora estoy
trabajando en los dos sitios. Con ese dinero te da para vivir, pero a
cambio dejas de tener vida”.
Como ellos, Mario, Paloma, Virginia, Sara, Miguel y Julia viven
ganando unos 900 euros mensuales. Muchos de ellos con hijos, sin
permitirse salir un sábado, ayudados por su familia y con una conclusión
común: “Nosotros no vivimos, nosotros sobrevivimos… y sobrevivir, se pongan como se pongan no, no es vivir”. (...)" (Alejandra de la fuente, Público, 03/10/19)
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