"Trump parece sostener una elemental convicción de que en los asuntos
internacionales la paz puede ser mejor que la guerra. Y precisamente por
eso se lo quieren cargar.
Son sobrados los motivos para detestar a Donald Trump. El Presidente
es un misógino narcisista, promotor de un discurso y una acción
xenófobos, y un clásico favorecedor del ulterior enriquecimiento de los
más ricos -grupo al que pertenece- a costa de los más modestos.
Como
dice Victor Grossmann, Trump es un hombre preocupado por avanzar sus
negocios familiares y manifiestamente ignorante de casi todo lo que
ocurre fuera de las fronteras de Estados Unidos, y de la geografía en
general, excepto, quizá, de las posibles ubicaciones de las Torres
Trump. Pero hay algo más.
Trump es también un tipo que parece sostener una elemental convicción
de que en los asuntos internacionales la paz puede ser mejor que la
guerra. Considera las guerras de bombardeo un “mal negocio” y parece
preferir las guerras comerciales. Es verdad que las segundas también
siembran la muerte: algunos informes (Jeffrey Sachs y Mark Weisbrot)
señalan que, únicamente en Venezuela 40.000 personas han muerto por
falta de medicamentos básicos.
También es verdad que este tipo que en
repetidas ocasiones ha expresado su desagrado hacia esas guerras caras e
inútiles, es el mismo que propone un incremento de 130.000 millones de
dólares más en los presupuestos de defensa que hoy ascienden a 716.000
millones.
Trump es el Presidente que ha amenazado con “reducir a cenizas” Corea
del Norte, que se ha retirado unilateralmente del acuerdo nuclear con
Irán, del acuerdo sobre fuerzas nucleares intermedias en Europa (INF) y
de las conversaciones de paz en Afganistán. Al mismo tiempo, mucho de
todo eso que va directamente en contra de su elemental afirmación sobre
la inutilidad de la guerra, parece haber sido dictado, bien por el
pragmatismo y la conciencia de que hay que alimentar al perro para
evitar el citado destino que William Blum auguraba a un presidente de
Estados Unidos no belicista, bien por las presiones de gente como John
Bolton, cuya oposición a cualquier acuerdo y apertura diplomática
expresa muy bien la mentalidad del establishment imperial de
Estados Unidos, eso que Oskar Lafontaine define como, “esa banda
criminal que desde la Segunda Guerra Mundial ha matado a entre 20 y 30
millones de personas en el mundo”.
Pues bien, en septiembre, Trump se sacó de encima a Bolton y luego ha
dicho que quiere sacar a las tropas americanas de Siria. Y de nuevo
volvemos a lo mismo: parece que las tropas de Siria (unos 1000 soldados)
se irán a Irak, y, mientras tanto, se refuerza el contingente en Arabia
Saudí con 2000 hombres más. Es decir que no hay visos de que los 60.000
soldados destacados en Oriente Medio vuelvan a casa, como ha dicho Trump… (...)
Da la sensación de que hay un juego irresoluble entre vagos deseos
presidenciales (llegar a un arreglo con Corea del Norte, con los
talibán, dar marcha atrás a un proyecto ultimado de bombardear Irán,
llevar a cabo una distensión con Rusia) y el dictado del Estado profundo arraigado en toda una economía y una política imperial cuyas raíces son tan antiguas como vigorosas.
Es la irritación ocasionada, en el Pentágono, la agencias de
seguridad y el Departamento de Estado, por esos erráticos, vagos y al
mismo tiempo sensatos deseos presidenciales contra el “mal negocio” de
la guerra, la que anima los impulsos de destitución e incluso golpe de
estado contra Trump por parte de un establishment programado
para la guerra. Es decir, a Trump se lo quieren cargar por no ser
suficientemente claro en el ámbito imperial, por frivolizar con la
política exterior.
Apenas expresada su voluntad de salir de Siria, se recrudece la pelea
contra Trump y regresan los gritos histéricos. El jefe de la mayoría
republicana en el Senado Mitch McConnell califica en el Washington Post
la intención presidencial de “grave error estratégico” que “hace el
juego” a Bashar el-Asad, Irán y Rusia. La acusación implícita de
traición es lanzada contra todo aquel que apoya la salida de Siria, como
ha comprobado también la candidata a la nominación por el Partido
Demócrata Tulsi Gabbard, acusada por la CNN, el New York Times
y por los fontaneros de Hillary Clinton de ser poco menos que un
instrumento de los rusos. Pero lo más notable ha sido lo que parece el
llamamiento abierto a un golpe de estado contenido en el artículo “Nuestra república está siendo atacada por el Presidente” .
Publicado el 17 de octubre por el New York Times y firmado
por el ex jefe del Estado Mayor de Operaciones Especiales, Almirante
William H. McRaven, este artículo es el equivalente estadounidense a
aquellos artículos golpistas que nuestro Alcazar publicaba en
vísperas del golpe del 23 de febrero de 1981. El militar da cuenta de
“la corriente de frustración, humillación, enfado y miedo” que invade a
los militares por “el abandono y traición a nuestros aliados en el campo
de batalla”, por los “asaltos a nuestras instituciones: la comunidad de
los servicios secretos y de la ley, el Departamento de Estado y la
prensa”. “América está siendo atacada, no desde fuera, sino desde
dentro”.
“Trump está destruyendo la república”. “Si queremos continuar
liderando el mundo, si este presidente no demuestra el liderazgo que
América necesita, ha llegado la hora para que una nueva persona,
republicana, demócrata o independiente, ocupe el despacho oval cuanto
antes mejor”.
Nada mejor retrata el punto demencial al que ha llegado la política
en Estados Unidos que esta campaña contra Trump por los malos motivos." (Rafael Poch, blog, 23/1019)
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