"(...) España se podía encontrar ahora en buenas condiciones para
beneficiarse de la crisis que viene porque ésta iba a provocar que
muchas empresas e inversores muy poderosos tengan que encontrar nuevos
espacios económicos donde desarrollar los nuevos tipos de negocio y de
estrategias productivas que se abren paso.
Espacios con recursos
endógenos adecuados para ayudarles a crear valor en las nuevas
condiciones que se avecinan y dispuestos a ofrecer facilidades para que
las organizaciones y empresas más rompedoras puedan ponerse contra la
corriente y dar un salto hacia adelante para lograr ventajas en los
nuevos marcos de competencia global.
La nueva crisis va a manifestarse -como explico con más detalle en un
nuevo artículo que publicaré esta misma semana- en un desorden muy
grande en la oferta de bienes y servicios, es decir, en las empresas que
los producen. Y de él sólo van a poder escapar las organizaciones y
economías más innovadoras y las que estén en condiciones y dispuestas
para cambiar rápidamente de estrategia y de lógica productiva y
financiera.
Vamos a vivir una nueva crisis global, porque se dará en economías de
todo el mundo, pero que no va a dañar por igual a todas ellas. Sus
peores efectos se concentrarán en las grandes empresas (que además
sufrirán una crisis paralela de las bolsas de valores), en las mayores
potencias económicas y en las periferias más dependientes.
Pero las
economías intermedias y con menos fortaleza en el marco productivo
actual que entra en crisis (como la española) podrían tener más
posibilidades de eludirla y de aprovechar los nuevos vientos que
alentará el desorden. Aunque, eso sí, no podrán tomar vuelo limitándose a
dejarse llevar por la inercia, sino que deberán ser capaces de
adaptarse y de adelantarse a los acontecimientos.
Aunque no podemos confiarnos en exceso, porque una desaceleración
profunda y generalizada y una crisis originada en el mundo empresarial,
como la que va a producirse, es siempre algo peligroso para todos,
España podría estar en unas condiciones excepcionales para hacer frente
con éxito a la nueva crisis.
Paradójicamente, nuestro lugar secundario,
la relativa debilidad de nuestra oferta en el contexto global y la mala
situación de otras economías que competirían con nosotros, como la de
Italia, podrían ayudarnos en esta ocasión, si nos adaptamos con
inteligencia a lo que se nos viene encima.
Pero esa oportunidad está en peligro porque se están cometiendo
algunos errores de apreciación y, lo que es peor, graves
irresponsabilidades.
No estoy de acuerdo con otros colegas académicos, de partidos o de
organismos económicos que creen que la respuesta más adecuada ante la
crisis que se aproxima es la de limitarse exclusiva o principalmente a
aplicar políticas fiscales y monetarias expansivas. Yo no creo que
estemos sólo ante una simple desaceleración que se resuelve aumentando
el combustible y gastándolo en mayor medida.
En esta ocasión creo que
los problemas vienen de un desajuste productivo muy grave como
consecuencia de una alteración profunda de los mercados, de tensiones
comerciales estructurales, del cambio tecnológico traumático que se abre
paso, de problemas energéticos, de la desigualdad extraordinaria y
creciente, y de un divorcio ya insostenible entre la actividad económica
y la naturaleza, la realidad física y material que precisa la economía
para desenvolverse pero cuyos problemas no tienen adecuadamente en
cuenta ni la Economía como conocimiento ni la política económica.
Es cierto que no podemos permitirnos que nuestra demanda siga
debilitándose y que hay que sostenerla. Pero también hay que evitar
alimentarla sin reajustar la oferta y, por supuesto, hacerlo sólo
mediante deuda. Inyectarle más recursos sin abordar los problemas que
van a afectar a la producción de los bienes y servicios no creo que
ahora, en el corto plazo en el que por definición hay que aplicar
terapias de choque a las crisis, vaya a ser útil ni posible sin crear
problemas mayores.
Entre otras razones, porque creo que esta crisis
puede traer subidas de precios que provoquen alzas de los tipos de
interés que harían estallar por doquier y antes de lo esperado numerosas
crisis de deuda.
A diferencia de lo que se precisaba en la crisis de 2008 para
frenarla, ahora son imprescindibles medidas de reajuste productivo,
tecnológico y energético, cambios institucionales y legales, incluso
nuevas culturas de producción y consumo. La crisis que viene no se va a
producir porque falte gasto, por problemas en el lado de la demanda,
sino por los que se han acumulado, como acabo de decir, en el de la
oferta. Y no conviene olvidar que fue precisamente una crisis de este
tipo, de oferta, en los años setenta del siglo pasado la que convirtió
en completamente inútiles a las políticas keynesianas de demanda que tan
exitosas habían sido hasta entonces.
Es lamentable que en España no se haya abierto un debate serio y
plural sobre la naturaleza de la crisis que viene y sobre las mejores
respuestas que conviene darle.
Irresponsabilidades más graves todavía se derivan del comportamiento
de los grandes partidos políticos y del tiempo que se ha perdido desde
que se celebraron las últimas elecciones generales.
La actitud de la derecha española antes los grandes problemas cuando
no gobierna es bien conocida: impedir de cualquier forma y sin
escrúpulos que salgan adelante las políticas de quienes no comparten su
idea de España o los intereses que defiende. A esa estrategia
irresponsable responde el decir, como ha dicho uno de sus principales
dirigentes -Teodoro García Egea- que «España está en recesión». Pareciera que es lo que desean con tal de poder echárselo en cara al gobierno.
Pero la izquierda no parece que le ande a la zaga en cuanto a
irresponsabilidad, al ser incapaz de conformar el gobierno con
estabilidad asegurada que España necesita urgentemente y que hoy día
sólo puede basarse en una mayoría parlamentaria que pivote en torno al
PSOE y a Unidas Podemos.
Es una irresponsabilidad actuar -como está haciendo el PSOE- creyendo
que unas nuevas elecciones le darán más ventaja dentro de unos meses.
Podría ser que los socialistas salieran ganando, pero sería, sin lugar a
dudas, a costa del bienestar de la inmensa mayoría de los españoles.
No se puede esperar más. Hacer frente a una crisis como la que viene
con un gobierno en funciones, sin proyecto, en medio de la incertidumbre
política y creando un clima de creciente desconfianza y de falta de
cooperación y complicidad es suicida.
Los dirigentes del PSOE y Unidas Podemos tienen la obligación de
dejar a un lado lo que los separa para poner sobre la mesa sus
coincidencias, siendo conscientes de que no negocian para satisfacer a
sus respectivas militancias y ni siquiera a sus votantes. (...)
Tanto el PSOE como UP tienen en sus respectivos programas electorales
propuestas suficientes para poder enfrentarse a los problemas económicos
que se avecinan con muchos menos costes sociales que los que provocaría
un gobierno de los tres partidos de la derecha. Dejar a los españoles a
la intemperie ante la tormenta que se está gestando es una gravísima
irresponsabilidad.
(...) lo que está en el horizonte es una ruptura muy profunda de las bases
tecnológica y productiva que sostienen actualmente a la economía
capitalista. Las costuras del capitalismo que hemos conocido se están
rompiendo de nuevo y es imposible que eso suceda sin traumas y sin
conflictos dolorosos, porque los grandes poderes corporativos (ya lo
hemos visto otras veces a lo largo de la historia) no van a ceder
fácilmente a sus beneficios ni a sus posiciones de privilegio.
Y de ahí procede, a mi juicio, la irresponsabilidad de Unidas
Podemos. Desaprovechar la oportunidad de que en España haya un gobierno
que se enfrente a la crisis que viene con la voluntad de minimizar sus
costes sobre la población más indefensa y de aprovecharla para cambiar
algo el rumbo de nuestra economía es -como acabo de decir- una
irresponsabilidad. (...)
Y ahí es donde está la clave. Es irresponsable que las izquierdas
españolas no sepan afrontar con inteligencia la gestión de lo inmediato,
pero es peor aún que no estén haciendo nada por adelantarse al futuro
elaborando el proyecto político y económico de largo alcance que es
imprescindible para enfrentarse a los cambios que están empezando a
producirse en el capitalismo. Y esa es la verdadera causa de que les
resulte tan difícil llegar a un acuerdo. (...)" (Juan Torres López, Ganas de escribir, 10/08/19)
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