"La ciencia económica no se aclara, y los políticos y los medios de
comunicación, menos aún.
Después de décadas volcadas en la lucha para
reducir la inflación, ahora, las instituciones internacionales y sus
sucursales se muestran perdidas ante un presente que no logran
comprender ni explicar. Los bancos centrales, antaño guardianes de la
ortodoxia, se han convertido en think tanks, centros de
pensamiento desde los que cuestionar tímidamente la solidificada teoría
económica que hemos heredado de las felices décadas previas.
¿Tenemos un
problema de estancamiento económico, reflejado en los titulares
periodísticos mayoritarios por la planicie de la curva de inflación, o
estamos, más bien, en el albur de un cambio en la forma de concebir una
Economía en estos momentos impotente para explicar el mundo? (...)
La élite tecnocrática se había formado mayoritariamente en
unas facultades en las que la victoria sobre la gran inflación de los
años setenta y ochenta había sido el leit motiv de los
estudios. El caso de Japón –estancado y con riesgos de deflación desde
los años noventa– se habría ignorado y el sesgo antiinflacionario nos
habría llevado a sociedades más precarias, más desiguales y con más
riesgo, como las actuales.
Para evitar que esto vuelva a suceder y teniendo en cuenta
que la recesión volverá antes o después, Ubide aboga por un punto de
vista de política económica “simétrica”, que contemple la deflación –es
decir, el depresivo descenso generalizado de los precios– como un riesgo
igualmente peligroso. Para ello, propone modificar al alza el objetivo
de inflación de los bancos centrales –actualmente en el 2%–, mantener e
incluso incrementar el activismo monetario de estas entidades, la
emisión de los denominados ‘eurobonos’ –deuda pública comunitaria que
permitiría financiar, por ejemplo, las prestaciones por desempleo–, una
renta básica que hiciera frente a la transformación del mundo del
trabajo y la precarización, e incluso salir de la eterna preocupación
por el déficit y la competitividad de la Eurozona. (...)
También procedente de la banca privada y volcado, además,
en la docencia y la divulgación económica, el economista Juan Laborda
coincide en que hace falta un cambio de punto de vista para solucionar
los problemas. No obstante, este realiza un análisis que supone una
enmienda a la totalidad del pensamiento económico dominante y de la
evolución del capitalismo durante los últimos cuarenta años.
Para Laborda, el actual estado de inflación baja,
crecimiento estancado, desigualdad rampante, paro y riesgos políticos se
debe a lo que define como “el sistema de gobernanza que rige el mundo
desde finales de los setenta, es decir, el denominado ‘neoliberalismo’,
que es el que ha provocado este proceso deflacionista”.
Pero, ¿qué es el neoliberalismo, más allá del término que
solemos emplear para etiquetar todas las medidas que consideramos que
perjudican a las mayorías? Inspirado en un clarificador y breve ensayo de
James Montier y Philip Pilkington, Laborda descompone el fenómeno
neoliberal en cuatro elementos que se refuerzan entre sí: el abandono
del pleno empleo, la globalización, el cambio experimentado en los
objetivos perseguidos por las grandes empresas y la derrota de los
sindicatos.
Objetivo inflación (1) y globalización asimétrica (2)
En primer lugar, “el objetivo de pleno empleo queda
sustituido por un objetivo inflación en base a una serie de teorías que
se ha demostrado que son falsas. Por esta razón, se genera mucho menos
empleo que en el consenso keynesiano” –el acuerdo previo en el que el
pleno empleo constituía una de las principales metas de las sociedades.
El segundo principio es el de la globalización: “el
capital aprovecha la crisis del petróleo de los años setenta –sobre todo
en Reino Unido y Estados Unidos– para llevar a cabo la batalla final
contra el mundo del trabajo. Para ello, se introduce un factor nuevo que
después se va a revelar como un problema adicional: China, lo que lleva
a la incorporación de trabajadores competidores chinos, de otras zonas
asiáticas y, después de la caída del Muro de Berlín, de la extinta Unión
Soviética y de Europa del Este –estos últimos, con un componente de
formación muy alto”.
De este modo, la extinción del objetivo pleno empleo se daba la mano con
una globalización asimétrica en la que la apertura de todas las puertas
al capital debilitaba aún más a los trabajadores: “Esta globalización
hace que las clases trabajadoras pierdan poder de compra a marchas
aceleradas, salvo en dos países: en China y en la India”.
¿Por qué querría un gobierno mantener a la población fuera
del pleno empleo, cuando esto generalmente favorece vencer unas
elecciones? “Eso está muy claro. Una población con pleno empleo, como
afirmara en los años cuarenta Michal Kalecki,
genera muchos problemas para el capital, porque exige derechos y es
mucho más crítica”. Probablemente por ello, de la crisis de los años
setenta se salió con la popularización de la denominada ‘NAIRU’, la
conocida como tasa de desempleo no aceleradora de la inflación, que para
los Estados Unidos se establece en la actualidad en un 4.5% y que para
España ha superado casi siempre el 10%.
“Todos estos cambios se producen, no por casualidad, justo
cuando el acuerdo de Bretton Woods se ha roto y los países tienen
soberanía monetaria y tipos de cambio flexibles, lo que les otorga mucha
más facilidad para llegar al pleno empleo. Entonces se llevan a cabo
todos los esfuerzos posibles para retirar al gobierno el piloto de la
política fiscal, porque las élites prefieren una masa laboral sumisa,
que no pueda irse inmediatamente a otro trabajo”
En los años ochenta, la
televisión pública americana PBS emitió ‘Libertad de elegir’,
una serie protagonizada por Milton Friedman que explicaba las infinitas
virtudes del libre mercado. En uno de sus capítulos, el Estado quedaba
representado por el personaje de Joker, que aparecía aclamado en las
calles de los Estados Unidos por regalar dólares a los ciudadanos: la
metáfora no ofrecía lugar a dudas…
Transformación de las empresas (3) y derrota sindical (4)
Agotado el pleno empleo y lanzada la globalización, las
empresas también sufrieron una transformación interna: “Las grandes
empresas declaran que su máximo objetivo es maximizar los beneficios del
accionista. Al centrarse solo en esto, los principales ejecutivos, los
denominados managers, acabaron vinculando su remuneración al
cumplimiento de esta meta, cometiendo auténticas barbaridades: falseos
contables, operaciones arriesgadas, fijación exclusiva en el corto
plazo, recompra de las propias acciones… Se ha demostrado que aquellas
empresas que cotizan en Bolsa son las que, paradójicamente, menos
invierten.
Esto ha pasado en España también con las empresas del
Ibex-35. Con todo ello, al invertir menos, la productividad ha caído,
justo todo lo contrario de lo que clamaban los promotores del
neoliberalismo”.
Como consecuencia de los tres elementos anteriores se
produciría “la derrota de los sindicatos, lo que ha llevado a que el
trabajo sea considerado como un mercado más, como lo puede ser el
mercado de plátanos, de libros o de coches, consiguiendo el
abaratamiento del factor trabajo.
Una victoria a corto plazo con muchísimos problemas a
medio y largo: el crecimiento quedó lastrado al igual que la capacidad
de compra, la inversión no remontaba y los promotores del neoliberalismo
recurrieron a tratar de reavivar la economía mundial con bajos tipos de
interés y con el instrumento de una deuda privada que, a partir de
entonces, estaría presente en todas las crisis. Los rescates bancarios y
la digestión de la crisis financiera a base de planes de austeridad
completan la explicación sobre por qué nuestras economías actuales se
encuentran en un estado catatónico.
Las expresiones de malestar, la guerra comercial, el
surgimiento de la extrema derecha en numerosos países y la proliferación
de nuevos enfoques sobre política económica indican que el statu quo
científico tiene que variar si pretende sobrevivir como fuente de
explicación. La inflación no parece ser lo único que se encuentra en
horas bajas." (Andrés Villena, CTXT, 30/10/19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario