13.11.19

Una vez más, “la derecha no suma”. Es decir, las alternativas de gobierno que encarnan las políticas de saqueo y recortes más agresivas -un ejecutivo presidido por Casado y en el que se incluyera a Vox- se queda lejos de la mayoría necesaria... el voto del PP es el segundo peor de toda la historia

"Hay mayoría para un gobierno de progreso.

En circunstancias más adversas que el 28A ha vuelto a manifestarse una mayoría de izquierdas y progresista que no solo resiste el envite, sino que vuelve a hacer imposible la alternativa más agresiva, un ejecutivo del PP con presencia de Vox y ofrece una base de votos y escaños suficiente para formar un gobierno estable y de progreso.

“La extrema derecha en España gana en las elecciones”. Así titula The New York Times su crónica sobre los resultados del 10-N. Sintetizando la valoración que los centros del hegemonismo y la oligarquía están difundiendo: “Vox es el auténtico ganador de las elecciones”, “retroceso de la izquierda”, “fracaso del PSOE”, “avance de la derecha”…

Utilizan el avance del PP, y el mayor crecimiento de Vox, para ocultar y falsificar la realidad. Pero los hechos son contundentes.

Una vez más, “la derecha no suma”. Es decir, las alternativas de gobierno que encarnan las políticas de saqueo y recortes más agresivas -un ejecutivo presidido por Casado y en el que se incluyera a Vox- se queda lejos de la mayoría necesaria. Solo podrían alcanzar, en el mejor de los casos, 150 diputados, sin posibilidades de sumar los 176 necesarios para formar gobierno.

Y, en el otro extremo, la suma de los partidos de izquierdas o progresistas, contrarios a los recortes, son mayoría: 11 millones de votos frente a los 8,6 de la conjunción PP-Vox, casi 1,5 millones más. Y cuentan con una sólida base de escaños, que puede llegar hasta los 179, para poder alcanzar una mayoría de gobierno. (...)

Si Pedro Sánchez ha apostado a una “jugada de riesgo” como era la repetición electoral, que ofrecía una segunda oportunidad a PP y Vox, y que cargaba con el peligro añadido de la coincidencia con la publicación de la sentencia del “juicio al procés”, que agudizaría la tensión en Cataluña, es porque los centros de poder internacionales y nacionales han vetado la posibilidad de un gobierno de izquierdas o progresista, la “opción natural” que emanaba de los resultados del 28A, y que el PSOE parecía dispuesto a aceptar, con condiciones, en abril o en julio. (...)

La ecuación repetición electoral-mayor tensión en Cataluña generaba además una espiral que, ante la pasividad o colaboración con la disgregación de una parte de la izquierda, podía alimentar no solo al PP sino también a Vox, como de hecho ha sucedido.

De conjunto, el 10-N se desarrollaba en un marco más desfavorable para los intereses populares que el 28-A, y más favorable para las opciones por las que apuesta el hegemonismo y la oligarquía.

Pues bien, en estas condiciones, no es que no se haya podido silenciar a la España de izquierdas y progresista, no es que haya resistido el envite en unas condiciones extremadamente difíciles… es que ha vuelto a evidenciarse que es mayoría.

Los números, y no la propaganda, marcan quien ha ganado y quien ha perdido estas elecciones.

A pesar de su avance, el PP solo puede aspirar a articular una mayoría que tiene su techo máximo en los 152 escaños, sin posibilidad de conquistar más apoyos. Como el mismo Pablo Casado reconocíó en la noche electoral, no tiene posibilidades de encabezar una alternativa de gobierno.

Y un medio como El País, nada sospechoso de “izquierdista”, debe reconocer que la segunda de los “Posibles mayorías” a tener en cuenta para “salir del bloqueo político” es la que suma a PSOE, Unidas Podemos, Más País… junto a Ciudadanos y las fuerzas no independentistas.

Esta es, en las actuales condiciones, una forma de “gobierno de progreso”. Que debería satisfacer, aún parcialmente, algunas de las reivindicaciones y demandas de la mayoría progresista. Que garantizaría una estabilidad, con una mayoría suficiente para gobernar. Que no incluiría a fuerzas independentistas empeñadas en la disgregación. Y que limitaría la peligrosa influencia política de PP y Vox. (...)

La repetición electoral ha otorgado una “segunda oportunidad” a PP y Vox. En abril, el PP quedó reducido a 66 escaños, un suelo que nadie había llegado a imaginar. Y la irrupción de Vox quedó limitada a 24 escaños y un 10% del voto, la cota más baja entonces de la ultraderecha en Europa excluyendo a Portugal.

Es una mala noticia que desde abril el PP haya podido rehacerse en parte, conquistando autonomías y ayuntamientos importantes, o elevando su cota de escaños en el Congreso a 88. Y, evidentemente, es extremadamente perjudicial que Vox se haya convertido en la tercera fuerza política nacional, superando a Ciudadanos y Unidas Podemos, y más que duplicando sus escaños hasta alcanzar los 52.

Pero se nos ocultan interesadamente los límites de este “crecimiento de la derecha”, que expresan sus importantes debilidades.

Parece que el PP es uno de los vencedores de estas elecciones, al obtener casi 700.000 votos más y aumentar sus escaños en 22. Pero el registro del PP el 10-N es el segundo peor de toda la historia, solo superado por la histórica hecatombe del pasado abril. (...)

Es significativo el cambio de política de Vox respecto a abril. Se ha “trumpizado” y “lepenizado”. Adoptando, frente a una cara excesivamente “franquista”, la estrategia de la ultraderecha europea más exitosa, presentándose como “defensor de los españoles humildes y trabajadores frente a unas élites burocráticas”, e incluso apelando -Abascal lo ha hecho- al votante de izquierdas. En los primeros análisis del origen del voto de Vox, algunos especialistas señalan que hasta 300.000 votos proceden del PSOE, de la izquierda.

Y, conviene señalarlo, Vox ha sido beneficiado por una ley electoral injusta, que ha magnificado su crecimiento mientras penaliza a otros. Vox ha sumado un millón de votos más, son muchos. Pero se ha disparado a un nivel superior en escaños. Ha aumentado un 150% en votos… y un 220% en escaños.

Pero este avance, tanto de Vox como del PP, tiene unos severos límites. La suma de escaños de PP y Vox -140- se corresponden casi milimétricamente con los 137 obtenidos por Rajoy en 2016, que ya entonces se consideró un mal resultado. 

Y se ha producido sobre la base de “fagocitar” a Ciudadanos, despeñado de los 57 a los 10 diputados. Para que PP y Vox avancen ha sido necesario que Ciudadanos pierda 2,5 millones de votos, el 60% de los obtenidos hace escasamente siete meses. (...)

Las élites del procés han fracasado en su intento de aprovechar las movilizaciones contra la sentencia del juicio al procés para ampliar la base de masas del independentismo. 

“El independentismo ha ganado las elecciones en Cataluña”; “Récord histórico de diputados nacionalistas en el Congreso”… Son titulares que difunden la idea que el 10-N han avanzado las opciones favorables a la disgregación. Un clima de opinión que las élites del procés impulsan para presentarse como vencedores y afirmar que las urnas han avalado sus propósitos. 

Es mentira. Quieren ganar en la propaganda lo que han perdido en las urnas. La realidad de los números es exactamente la contraria.

En estas generales el independentismo se presentaba “con todo”. Incluso la CUP, que siempre las había despreciado, presentaba candidatura. Y se realizaban bajo la excitación de la reacción a la sentencia del procés, el que Puigdemont y Torra anunciaban que podia ser el “momentum” para dar un salto adelante.

Los resultados han sido que las fuerzas independentistas han obtenido 1,6 millones de votos… Apenas 7.000 más que en abril. Y más de medio millón de votos menos que los depositados a candidaturas no independentistas. El que tiene menos votos nunca puede ser el ganador de unas elecciones. (...)

El Ibex-35 no registraba la mañana siguiente a las elecciones un alborozado repunte… sino un descenso que era mayor justamente en los grandes bancos, el corazón de la clase dominante.

Era un síntoma de que no las tienen todas consigo, y una “advertencia”: no debe formarse el gobierno de progreso que los resultados del 10-N sí permiten. (...)

Los centros de poder han maniobrado, demostrando su poder. Pero han vuelto a ver vetada la posibilidad de un gobierno de los recortes más agresivo encabezado por el PP, y sobre todo han fracasado en su intento de marginalizar un viento popular que ha vuelto a manifestarse y a ser mayoría."                  (Joan Arnau, De Verdad Digital, 11/11/19)

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