"Octubre se despedía con el extendido pronóstico de que una nueva
recesión de la economía mundial se acercaba con horizonte en 2020. Las
oscilaciones bruscas en el mercado financiero, muy sensible a las
noticias políticas.
Y también a los informes de la marcha
de la economía real por parte de los gobiernos de las principales
potencias,lo mismo que a la evolución de la guerra comercial entre
Estados Unidos y China; el breixit frustrado todavía entonces,
la desaceleración del comercio mundial y la crisis inminente o abierta
en países emergentes importantes como Brasil, Turquía, Argentina, entre
otros, alimentaban las opiniones de los especialistas y encendían las
alarmas de las principales instituciones del capital financiero.
Para mediados de diciembre se alcanzó el primer acuerdo en la guerra
comercial, luego de establecida una tregua a principiosde noviembre,en
medio del creciente ruido de un nuevo posible crak. Quedaron suspendidos
los aranceles de productos electrónicos y consumo masivo que deberían
entrar en vigencia hacia finales de año.
El 28 de noviembre los
mercados de bonos y acciones de Wall Street alcanzaban un nuevo máximo
histórico. Al tiempo se conocía que la FED, el banco central
norteamericano, mantenía los tipos de interés sin provocar una nueva
baja, sugiriendo que el pánico provocado en el banco central
estadounidense por la perspectiva de recesión se atemperaba.
Mientras tanto el abultado triunfo electoral de Boris Johnson en el
Reino Unido, llevó tranquilidad al centro financiero de Londres, el
segundo más importantes del mundo, esta tranquilidad se expresó en la
recuperación de la bolsa.
Pero a pesar de las aparienciasel
sentimiento que domina a los mercados es la incertidumbre. Desde octubre
también se está desarrollando a nivel global un ascenso de luchas
populares, ciudadanas y obreras que se plantan frente a los ataques del
capital contra el nivel de vida de los pueblos. (...)
Por su parte se ha confirmado que la recesión en el terreno de la
producción mercantil ya es global, que se mantiene el pobre crecimiento
económico de las principales economías, que continúa la caída en la
evolución del comercio mundial, y que crece el volumen de deuda
corporativa y de los ciudadanos, al tiempo que se espera una
reestructuración de la deuda soberana de Argentina que ha entrado, de
hecho, en un nuevo default.
Más allá de las señales positivas
que buscan y pretenden transmitir los operadores financieros, la
perspectiva de que se aproxima una nueva crisis se mantiene y las
razones hay que buscarlas en la profunda depresión del sistema
capitalista que lleva ya más de una década.
Depresión económica y proteccionismo
Como señalábamos en agosto de 2918 [1]
la actual guerra comercial entre Estados Unidos y China se explica por
un proceso económico estructural que recorre a todo el sistema
capitalista desde el último crack producido en 2008.En otras palabras no
es la causa de la actual tendencia a la recesión sino la consecuencia
de la crisis, por eso las treguas serán episódicas y los acuerdos que se
alcancen no resolverán los problemas de fondo.
La actual
depresión es, por su duración y magnitud la tercera de su tipo en el
capitalismo moderno. La primera de ellas se manifiesta entre 1870 y
1890, y desemboca en la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, y
la segunda se produce a partir del colapso de 1929 y culminaría en la
Segunda Guerra.
En los últimos diez años el crecimiento no ha
recuperado el nivel previo a la crisis de 2008, la inversión productiva
mantiene su curva descendente y la productividad del trabajo no ha
crecido. Es decir que todos los principales indicadores para medir la
salud del sistema están mostrando un deterioro constante. Es una
característica de estos periodos depresivos el proteccionismo, con sus
consecuentes disputas comerciales.
Decadencia imperialista y estancamiento económico
A pesar de los niveles que ha alcanzado la especulación del capital
financiero la economía muestra claros síntomas de estancamiento
prolongado: El crecimiento de Estados Unidos en el último trimestre, el
periodo que va de julio a septiembre, muestra un crecimiento mediocre de
2,1%, menor que el del trimestre anterior pero superior a las del resto
de las economías del G7.
Así por ejemplo Canadá ha crecido el
1,7, Japón el 1,5 la Unión Europea al 1,2 y el Reino Unido a 1%.
Mientras tanto el FMI pronostica apenas un crecimiento de 2,5% de la
economía mundial. Por otra parte China y la India tendrán su peor
crecimiento en casi 30 años.
La decadencia imperialista se
expresa además por otros dos factores centrales para medir la vitalidad
del sistema: el crecimiento de la inversión productiva y el de la
productividad del trabajo. Ninguno de ellos logra salir de los
parámetros de estancamiento de la última década. (...)
Llegamos a la clave del estancamiento, la débil y decreciente
inversión productiva. Según los datos obtenidos esta se encuentra
alrededor de un 30% por debajo de los niveles que había alcanzado antes
del crack de 2008. Esta debilidad en la inversión se debe
fundamentalmentecomo, a que las ganancias en la economía productiva
siguen cayendo, confirmando una vez más, por si hiciera falta, la ley de
Marx a la caída de la tasa de rentabilidad.
Otro de los índices que ha sobrepasado peligrosamente los niveles
previos al estallido de 2008 es el que hace a las deudas corporativas.
La deuda de las compañías es casi tres veces más de lo que era a fines
de 2008, llegando en la actualidad a 8 billones de dólares, un 50%
superior a inicio de la recuperación en 2011.
Mientras que la
propia calificación de los créditos ha deteriorado su calidad, así esta
deuda de baja calidad es hoy el doble de lo que representaba entonces.
Esto sin tener en cuenta las llamadas empresas zombis, es decir empresas
que no alcanzan a obtener ganancias suficientes como para pagar sus
deudas y siguen funcionando gracias a seguir aumentando sus deudas.
Según estimaciones de consultoras financieras hay en la OCDE 548 de
estas compañías, un nivel apenas inferior que las que hubo en el momento
más crítico de 2008.
La baja tasa de ganancia en los sectores
productivos que señalábamos más arriba estimula la sobreacumulación de
capital ficticio. El principal destino de la rentabilidad que obtienen y
el efectivo que atesoran las empresas está destinado a la especulación
financiera.
Las operaciones fundamentales a que se destina esta
especulación son tanto en Estados Unidos como en Europa, la recompra de
acciones de las propias compañías que se ha convertido en la categoría
más grande de inversión en activos financieros, alcanzando la cifra de 1
billón de dólares.
El coctel de deuda y especulación financiera
está provocando una sobreacumulación de capital ficticio que ya está en
los niveles previos a la crisis de 2008.
Entonces, aunque no se
ha producido aún la recesión que temían los operadores financieros
desde octubre pasado y al mantenerse las ganancias obtenidas de la
especulación, esperan en 2020 repetir la performance de 2019, un
objetivo que por cierto significa apenas continuar con el estancamiento.
El hecho es que no esperan reiniciar un ciclo de crecimiento
vigoroso del sistema, y que frente a esta esperanza pobremente optimista
la alternativa sigue siendo que el sistema reproduzca la lógica de sus
crisis repitiendo un nuevo crack de consecuencias imprevisibles.
El camino que deberemos recorrer en 2020 transita entre el proceso de
rebeliones que continuarán conmoviendo al mundo y la perspectiva de una
nueva crisis económica mundial."
(Carlos Carcione, colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la), Rebelión, 26/12/19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario