"(...) El último Informe Trimestral de la
Economía Española elaborado por el Banco de España y recientemente
publicado incluye un recuadro (el número 9, ver aquí)
en el que se confirma punto por punto el anómalo comportamiento del
mercado de trabajo español que, en múltiples artículos de EFC y desde
hace años, hemos venido explicando (aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, entre otros muchos más).
1- La productividad en España tiene un comportamiento extraña y negativamente contracíclico (solo crece con fuerza cuando cae el PIB, mientras apenas aumenta cuando el PIB crece).
2-
Ese comportamiento absurdo, ineficiente y perjudicial es el opuesto al
que se registra en todas las economías de nuestro entorno.
3- Y es especialmente acusado en los momentos de débil crecimiento del PIB y sobre todo en las recesiones.
4- En esos momentos, como muestra gráficamente el Banco de España, en el conjunto del Área Euro la caída del empleo es tres veces inferior a la del PIB.
Pero, en ESPAÑA, la caída del empleo es casi dos veces superior (con y sin burbuja inmobiliaria).
Las
diferencias entre el comportamiento del mercado de trabajo español y
los correspondientes de los países de la eurozona son, en consecuencia,
enormes.
5- Este comportamiento o reacción del mercado laboral tiene muy
graves consecuencias e introduce elevados niveles de ineficiencia
económica, porque por más que se le trate de buscar algún efecto
positivo (como una supuestamente más rápida reasignación de recursos en
momentos de crisis), lo cierto es que la inestabilidad y volatilidad del
empleo presenta un saldo radicalmente negativo.
Primero, porque los costes del propio ajuste laboral,
y su corolario de contracción económica inducida (incluido el efecto
presupuestario), son enormemente elevados y mucho más costosos
(onerosos, consumidores de recursos) que los de nuestros socios, lo cual
produce un ineficiente despilfarro en diversos órdenes (no solo de
recursos financieros) y además durante mucho tiempo: volver al 8% de
paro cuando se viene de haber superado irresponsablemente un 26%, es
mucho más costoso que no haber pasado del 12-14%, como máximo, siguiendo el ejemplo de todos nuestros vecinos.
Segundo, porque -al contrario de lo que se afirma- la inestabilidad dominante en el mercado de trabajo no produce una más rápida y eficiente reasignación de los recursos.
O, mejor dicho, la reasignación sí es rápida, pero tanto como
ineficiente. Porque la inestabilidad laboral es hija de la precariedad y
de los bajos salarios, y estos dos elementos se convierten en
incentivos que atraen inversiones y capital humano, reasignando recursos
en nuevas actividades -pero tan ineficientes o más que las anteriores-
que aparecen siempre al amparo de la subvención implícita de los bajos
costes laborales, lo que les permite despreciar una organización
eficiente del negocio y una mayor productividad.
Es
decir, los bajos niveles salariales (ocasionados por la inestabilidad
laboral) atraen el flujo de inversión hacia actividades de bajo valor
añadido, pero que presentan rentabilidades más altas de lo que les
correspondería debido precisamente a esos bajos salarios. Es eso
exactamente lo que en una parte significativa ha sucedido en esta etapa
de recuperación. Las evidencias son tantas que es imposible no verlas.
6-
La intensidad del comportamiento negativo del empleo en España frente a
las caídas del PIB puede tener diversas causas, pero todas ellas están
estrechamente relacionadas con dos factores:
- La elevada posibilidad (incrementada a partir de 2012) de crear empleos de bajos salarios y, por lo tanto, baja productividad (por eso, como se ve en los gráficos anteriores, el empleo –a diferencia de los demás países- crece tanto como el PIB en los periodos expansivos: porque su productividad –inferior al promedio de la economía- es al menos tan baja como lo es su salario) y, en consecuencia, fácilmente prescindibles al primer signo de debilitamiento económico.
Los
contratos temporales (en fraude) y a tiempo parcial (los datos de la
Agencia Tributaria acerca de las bajas retribuciones de los muchos
millones de personas empleadas cada año con estos contratos
prescindibles son demoledores e incontestables) hacen posible la
existencia de este tipo de empleos que, en realidad, aparte de sus
efectos negativos, están consumiendo recursos e inversiones dignas de
mejor finalidad.
- La posibilidad que ofrece el ordenamiento laboral de que las empresas se ajusten de forma instantánea a la coyuntura y lo hagan contra el empleo, al permitir tanto la rescisión inmediata de los miles de contratos temporales en fraude como los despidos injustificados. Algo que no sucede obviamente (miren de nuevo el gráfico) en los demás países. No se entiende por qué no aprendemos de su comportamiento racional. (...)
7- En suma, hay que arreglar el mercado laboral ya. Pero, no porque
eso sea de izquierdas, sino para evitar el desastre en la asignación de
recursos que ocasiona cuando la economía crece, que es todavía mayor
cuando el crecimiento económico se debilita.
El arreglo ha de hacerse en la dirección adecuada, en la correcta:
- De forma que la productividad crezca más cuando la economía crezca (siguiendo a los demás países), para lo cual el empleo ha de ser de mejor calidad “productiva” y de mejor calidad “laboral”. Porque si la calidad laboral es muy baja (contratos temporales en fraude, contratos a tiempo parcial falsos o de escasa intensidad laboral, etc.) se promoverá, como sucede ahora, la creación de empleos de baja productividad y baja calidad productiva.
- El mismo motivo obliga a legislar para que la productividad no aumente -cuando la economía entre en recesión- debido a una destrucción de empleo superior a la caída del PIB (nuevamente, para que se parezca a las demás economías). Para ello, hay que evitar el sobre ajuste del empleo en buena medida provocado por el fraude en la contratación temporal, pero también se requiere una regulación de los ajustes empresariales que establezca que los despidos y la destrucción de empleo se tienen que producir solo cuando existen causas estructurales (y no ante razones coyunturales) y realmente justificadas (lo que requiere reformas en la regulación de las causas de despido y en la imprescindible y siempre pendiente limitación en el uso de los despidos injustificados), y tras haber adoptado todas las medidas de ajuste que deben anteceder a los despidos.
- Ante un debilitamiento transitorio de la economía (recesión o caídas de la demanda agregada) es esencial que no se produzca un descomunal proceso de despidos, como ha sucedido en la pasada crisis, en la que la tasa de paro superó el 26% mientras en los demás países no superó el 10-12%.
Es
claramente preferible en el plano social, y mucho más eficiente en
sentido económico, arbitrar un mecanismo público que permita 1)
facilitar que las empresas se adapten a la coyuntura aliviando
temporalmente sus costes laborales (con cargo a ese mecanismo de ajuste
temporal del empleo), y 2) mantener suspendido el empleo con protección
por desempleo para los trabajadores hasta que se recuperen los niveles
de actividad de las empresas.
Se
trata de crear un buen sistema por el que se evite el aumento del
desempleo que conlleva costes económicos y sociales inmensos (solo las
prestaciones por desempleo han supuesto una descomunal cifra de gasto:
desde 2008, más de 280.000 millones de euros, que se podrían haber
destinado mucho más útilmente para mantener el empleo a cambio de
aliviar durante el tiempo necesario costes a las empresas).
Es un sistema que, de una u otra forma, se mantiene de forma perentoria y forzosa
(la clave de su funcionamiento es que sea la alternativa obligatoria a
los despidos) en todos los países, el más conocido de los cuales es el
vigente en Alemania (Kurzarbeit).
La
debida orientación de las reformas que arreglen el mercado laboral debe
impedir que vuelva a ocurrir que el sobre ajuste del empleo hunda la
economía cuando el crecimiento se debilita. Cosa que de otra forma
volvería a pasar.
Superar esto,
cambiar ese funcionamiento laboral, situaría nuestra economía en una
nueva senda: más estabilidad del empleo, más productividad, y mejores
empleos. Un comportamiento –no nos cansaremos de decirlo- como el de los
demás países. (...)" (Antonio González, Economistas frente a la crisis, 21/01/20)
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