"Las elevadas retribuciones que perciben los directivos son frecuente objeto de polémica.
(...) Las estructuras de propiedad están cambiando, como bien se nota en
España, los lazos con los inversores institucionales nacionales son
menos eficaces que en el pasado, hay más fondos extranjeros en el
accionariado y los activistas comienzan a aparecer y apretar. (...)
Del mismo modo que una parte de la acción directiva, a veces muy
importante, para conseguir recursos para los accionistas fue reducir
costes, ahora estos entienden que el aligeramiento debe seguir
produciéndose. La mejora en la explotación de la firma que reclaman
tiene que ver con que el dinero que cobran los directivos no revierte en
los inversores, y estos quieren más. En otras palabras, los multimillonarios les están diciendo a los millonarios que dejen de serlo, que están percibiendo remuneraciones por encima de sus posibilidades y que es hora de apretarse el cinturón. (...)
En este nuevo mundo hay dos opciones, o ponerse a la altura de las
élites globales, fundamentalmente anglosajonas, o ir cediendo terreno.
En esta carrera hay ganadores y perdedores, pero nadie se queda en el
mismo sitio. Las redes de poder nacionales, siempre cercanas a la política, siguen teniendo peso, pero es menor del que atesora el ámbito financiero global.
Un buen ejemplo de alineación:
el BCE, la Autoridad Bancaria Europea y los inversores internacionales,
a través de los 'proxy advisors', están diciendo a los directivos de
los bancos que deben recortar sus salarios.
En el viejo contexto, en el
que el balance de poder era otro, estos avisos no se producirían o no
surtirían efecto. Ya no funciona así: las élites de los países perdedores, y casi todos los europeos lo son y España especialmente, tienen que pagar el precio de su pérdida de influencia.
Es mala señal. No porque sea preocupante que personas que dirigen monopolios u oligopolios, y que gracias a ello ganan varios millones de euros al año, cobren un par de ellos menos, sino porque refleja un paso más en un modo de gestión de las empresas muy pernicioso para la sociedad, para sus trabajadores, para los proveedores y para los clientes.
Esa pelea en la cúpula es una muestra más
de cómo los 'makers' han perdido la guerra frente a los 'takers'. O,
por decirlo de otra manera, de cómo el capitalismo rentista insiste en
el extractivismo, la manera típica en que este sistema se está devorando a sí mismo." (Esteban Hernández, El Confidencial, 26/01/20)
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