"La
radicalización autoritaria del poder, que impone un enfrentamiento
decisivo al movimiento social, tendrá inevitablemente grandes
consecuencias políticas: una victoria de Macron sobre la sociedad
fortalecería considerablemente las posibilidades de Le Pen a la elección
presidencial de 2022. Inversamente, su derrota en enero de 2020 podría
redistribuir los papeles y abrir nuevas perspectivas a la izquierda.
No cabe
ya la menor duda. Se trata de la guerra que libra Emmanuel Macron
contra todos los compromisos sociales sustentadores de la sociedad
francesa, pese a las injusticias y desigualdades. Para conformar el país
a su visión neo-darwinista del mundo- en el que personas dotadas de
diversos capitales y libres de todo arraigo dan lo mejor de sí mismos al
servicio de los “primeros de la cuerda”i
inspirados- no dará muestras de ninguna forma de debilidad.
Después del
big-bang del derecho al trabajo, la formación profesional y el seguro
de desempleo, la unificación del régimen de pensiones es lo que ha de
favorecer la movilidad de la mano de obra en un mercado perfectamente
flexible, en el que los trabajadores no tendrán ya reticencias en
“cruzar la calle”ii para ocupar los empleos disponibles, independientemente de su calidad.
El
desprecio, la humillación, la represión, infligidos a los “Don nadie”-
Chalecos Amarillos, manifestantes por el clima o sindicalistas- han
contribuido, por supuesto, a aumentar la ira popular contra las élites
alejadas del país real. La política seguida por Emmanuel Macron debilita
considerablemente sus posibilidades de ganar en la confrontación
anunciada por él mismo con Marine Le Pen en mayo de 2022.
Consideremos
las razones que impulsaron a los electores de las clases populares y
medias a votar a Macron en 2017, pese a la aversión que sentían por su
arrogancia y sus proyectos. ¿El temor a un poder autoritario? La
brutalidad, inédita, frente a los movimientos sociales, la impunidad
garantizada explícitamente frente a las violencias policiacas (“una
palabra inaceptable en un Estado de derecho”) han borrado en gran parte
la frontera entre autoritarismo y neoliberalismo.
¿El trato indigno a
los extranjeros? El envío reivindicado de las expulsiones de extranjeros
sin papeles, el recrudecimiento del discurso sobre la inmigración, la
reforma de la atención médica del Estado contra un supuesto turismo
médico, han reducido también aquí las diferencias. ¿El negacionismo
ecológico? Macron clama contra la amenaza climática, pero su inacción ha
sido denunciada por el propio Nicolas Hulotiii. (...)
A la
inversa de cualquier pretensión a la justicia social o al compromiso
negociado, el fin de la reforma consiste en imponer un cerrojo que
bloquea definitivamente en un 14% la parte de las pensiones en el PIB, y
en abrir, por consiguiente, un campo de acción inédito a las pensiones
por capitalización (frente al sistema de reparto), y sobre todo de
quebrar definitivamente las resistencias a sus proyectosiv.
Resulta entonces bien comprensible la decisión de eximir a los policías
y a los militare, hasta tal punto su fidelidad es fundamental en un
enfrentamiento de este calibre. (...)
Frente a
esta radicalización autoritaria del neoliberalismo, que observamos por
doquier en el mundo, la aparición de una alternativa de izquierdas es de
una urgencia absoluta. No obstante, las respuestas propuestas hasta hoy
para 2022 pueden muy bien resultar inoperantes.
El populismo colérico y
solitario de Jean.Luc Mélenchon ha mostrado sus límites; la ecología
centrista de Yanick Jadot, que busca seducir a los decepcionados del
macronismo, apenas ofrece posibilidades de llegar a la segunda vuelta, y
menos aún de poder gobernar útilmente en caso de victoria. Pero el cara
a cara anunciado con Le Pen podría resultar muy arriesgado para Macron,
después de haber socavado tanto los diques de contención del voto de
extrema derecha y de sostén del “frente republicano”.
¿Cuántos
electores de centro izquierda o de izquierda irán a votar a Macron en
la segunda vuelta? En caso de fracaso del movimiento social, la adhesión
a Macron de la derecha tradicional, reducida hoy a residual, puede no
bastar para evitar que un voto de desesperación y una abstención masiva
propulsen a Le Pen al Elíseo.
Ello pone de manifiesto la importancia, en
este mes de enero de 2020, de conseguir que las fuerzas que luchan
contra la injusticia social, el desprecio de clase y la
irresponsabilidad ecológica se unan para bloquear estas sombrías
previsiones. (...)"
(Thomas Coutrot, economista y estadístico francés. Jefe del Departamento de condiciones de trabajo y salud en el Ministerio de Trabajo y Empleo, Mediapart, en Crónica Popular, 18/01/20)
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