19.2.20

La fantasía monetarista terminó... Boris Johnson está decidido a superar la resistencia del Tesoro a sus enormes ambiciones de gasto...

"La forzada renuncia del ministro de Hacienda del Reino Unido, Sajid Javid, es la última señal de que la política macroeconómica está siendo cambiada drásticamente, y no sólo en el Reino Unido. Además de completar el entierro ritual de las políticas de austeridad implementadas por los gobiernos del Reino Unido desde 2010, el alejamiento de Javid el 13 de febrero tiene una importancia mayor. 

 El primer ministro Boris Johnson está decidido a superar la resistencia del Tesoro a sus enormes ambiciones de gasto. La última vez que un primer ministro británico intentó abrir los grifos de gasto del gobierno a este nivel fue en 1964, cuando Harold Wilson, del Partido Laborista, creó el Departamento de Asuntos Económicos (DAE) para contrarrestar la hostilidad del Tesoro a la inversión pública. (...)

Pero el último golpe de Johnson también es un indicio de un giro global de política monetaria a política fiscal. Después de la Segunda Guerra Mundial, la política de estabilización, creación de John Maynard Keynes, comenzó siendo fuertemente fiscal. El presupuesto del gobierno, se argumentaba, debía utilizarse para equilibrar una economía inestable y llevarla al pleno empleo. Sin embargo, en los años 1970, llegó la contrarrevolución monetarista, liderada por Milton Friedman.(...)

 La razón es lo suficientemente clara: la política monetaria no logró anticipar, y por lo tanto prevenir, la Gran Recesión de 2008-09, y no pudo generar una plena recuperación desde entonces. En muchos países, entre ellos el Reino Unido, los ingresos reales promedio todavía son más bajos que hace 12 años.  (...)

Ahora, hasta banqueros centrales prominentes reclaman la ayuda de la política fiscal. (...)

En términos más prosaicos, la bomba monetaria tiene demasiadas filtraciones. Demasiado dinero termina en el sistema financiero, y no el suficiente en la economía real. Mark Carney, el gobernador saliente del Banco de Inglaterra, recientemente lo admitió al decir que los bancos comerciales habían sido “inútiles” para la economía real después de iniciada la crisis, a pesar de que los bancos centrales les habían dado inmensas cantidades de dinero. 

En verdad, a la teoría ortodoxa todavía le cuesta explicar por qué billones de dólares de alivio cuantitativo, o QE, siguen atascados en activos que ofrecen una tasa de interés real negativa. (...)

En términos sencillos, los bancos centrales no pueden controlar el nivel agregado de gasto en la economía, lo que significa que no pueden controlar el nivel de precios y el valor agregado de la producción y el empleo.  (...)

Un observador menos escéptico que Rogoff habría analizado más de cerca propuestas para fortalecer estabilizadores fiscales automáticos (...)

 Por ejemplo, un observador justo al menos estaría abierto a la idea de una garantía de empleo en el sector público del tipo considerado por la Ley Humphrey-Hawkins de 1978 en Estados Unidos, que autorizaba al gobierno federal a crear “reservorios de empleo público” para equilibrar las fluctuaciones en el gasto privado.Esos reservorios automáticamente se vaciarían y se volverían a llenar en tanto la economía decayera y creciera, creando así un estabilizador automático.

 La Ley Humphrey-Hawkins, de haber sido implementada, habría reducido marcadamente la discreción de los políticos sobre la política contracíclica, creando al mismo tiempo un estabilizador mucho más poderoso que los sistemas de seguridad social de los que hoy depende el gobierno.  Sin duda, tanto el diseño como la implementación de una garantía laboral de esas características generaría problemas. 

Pero, por razones tanto políticas como económicas, deberíamos intentar enfrentarlos en lugar de concluir, como lo hace Rogoff, que “si se entorpece la política monetaria y la política fiscal es la apuesta principal, deberíamos esperar ciclos comerciales más volátiles”. Tenemos la inteligencia para hacer las cosas mejor."                    (

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