"La forzada renuncia del ministro de Hacienda del Reino Unido, Sajid
Javid, es la última señal de que la política macroeconómica está siendo
cambiada drásticamente, y no sólo en el Reino Unido. Además de completar
el entierro ritual de las políticas de austeridad implementadas por los
gobiernos del Reino Unido desde 2010, el alejamiento de Javid el 13 de
febrero tiene una importancia mayor.
El primer ministro Boris Johnson está decidido a superar la resistencia
del Tesoro a sus enormes ambiciones de gasto. La última vez que un
primer ministro británico intentó abrir los grifos de gasto del gobierno
a este nivel fue en 1964, cuando Harold Wilson, del Partido Laborista,
creó el Departamento de Asuntos Económicos (DAE) para contrarrestar la
hostilidad del Tesoro a la inversión pública. (...)
Pero el último golpe de Johnson también es un indicio de un giro global
de política monetaria a política fiscal. Después de la Segunda Guerra
Mundial, la política de estabilización, creación de John Maynard Keynes,
comenzó siendo fuertemente fiscal. El presupuesto del gobierno, se
argumentaba, debía utilizarse para equilibrar una economía inestable y
llevarla al pleno empleo. Sin embargo, en los años 1970, llegó la contrarrevolución monetarista, liderada por Milton Friedman.(...)
La razón es lo suficientemente clara: la política monetaria no logró
anticipar, y por lo tanto prevenir, la Gran Recesión de 2008-09, y no
pudo generar una plena recuperación desde entonces. En muchos países,
entre ellos el Reino Unido, los ingresos reales promedio todavía son más
bajos que hace 12 años. (...)
Ahora, hasta banqueros centrales prominentes reclaman la ayuda de la política fiscal. (...)
En términos más prosaicos, la bomba monetaria tiene demasiadas
filtraciones. Demasiado dinero termina en el sistema financiero, y no el
suficiente en la economía real. Mark Carney, el gobernador saliente del
Banco de Inglaterra, recientemente lo admitió al decir que los bancos
comerciales habían sido “inútiles” para la economía real después de
iniciada la crisis, a pesar de que los bancos centrales les habían dado
inmensas cantidades de dinero.
En verdad, a la teoría ortodoxa todavía
le cuesta explicar por qué billones de dólares de alivio cuantitativo, o
QE, siguen atascados en activos que ofrecen una tasa de interés real
negativa. (...)
En términos sencillos, los bancos centrales no pueden controlar el nivel
agregado de gasto en la economía, lo que significa que no pueden
controlar el nivel de precios y el valor agregado de la producción y el
empleo. (...)
Un observador menos escéptico que Rogoff habría analizado más de cerca
propuestas para fortalecer estabilizadores fiscales automáticos (...)
Por ejemplo, un observador justo al menos estaría abierto a la idea de
una garantía de empleo en el sector público del tipo considerado por la
Ley Humphrey-Hawkins de 1978 en Estados Unidos, que autorizaba al
gobierno federal a crear “reservorios de empleo público” para equilibrar
las fluctuaciones en el gasto privado.Esos reservorios automáticamente
se vaciarían y se volverían a llenar en tanto la economía decayera y
creciera, creando así un estabilizador automático.
La Ley
Humphrey-Hawkins, de haber sido implementada, habría reducido
marcadamente la discreción de los políticos sobre la política
contracíclica, creando al mismo tiempo un estabilizador mucho más
poderoso que los sistemas de seguridad social de los que hoy depende el
gobierno. Sin duda, tanto el diseño como la implementación de una
garantía laboral de esas características generaría problemas.
Pero, por
razones tanto políticas como económicas, deberíamos intentar
enfrentarlos en lugar de concluir, como lo hace Rogoff, que “si se
entorpece la política monetaria y la política fiscal es la apuesta
principal, deberíamos esperar ciclos comerciales más volátiles”. Tenemos
la inteligencia para hacer las cosas mejor." (
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