"El sábado 22 de febrero se conoció la expulsión del Partido Feminista
de la coalición Izquierda Unida por "mantener posiciones contrarias a
las aprobadas en los órganos de IU", tras aprobarlo su asamblea por el
85% de los votos, fundamentalmente por la oposición pública del partido
de Lidia Falcón a la Proposición de Ley sobre la protección jurídica de
las personas trans y el derecho a la libre determinación de la identidad
sexual y expresión de género.
Legalmente, en cuanto a los estatutos internos de la coalición, la
decisión parece impecable, ya que una organización vinculada a IU debe
acatar los acuerdos internos y las posiciones aprobadas en los órganos
de IU. (...)
El Partido Feminista es una organización política que data de 1981
cuya vinculación a Izquierda Unida se produjo en 2015, momento en que
Cayo Lara era coordinador pero Garzón ya se perfilaba para encabezar la
siguiente dirección. Sus perspectivas ideológicas no han variado desde
el momento de la firma del acuerdo, sí la de la coalición de izquierdas
que eliminó su área de la mujer en 2018 y ha ido aceptando, de forma
solapada, la tendencia de preponderar el género sobre el sexo y la
autodeterminación individualista del mismo.
La decisión de IU ha provocado durante el fin de semana una cascada
de reacciones enfrentadas en redes sociales con una fuerte división
dentro del movimiento feminista y en general en el ecosistema digital de
izquierda. La Plataforma Trans ha manifestado su satisfacción por la
expulsión y en palabras de su presidenta, Mar Cambrollé, se han
felicitado por el "ejercicio de limpieza higiénica".
Una expresión al
menos cuestionable y de resonancias ultras en boca de alguien que, tras
ser candidata en los anteriores comicios autonómicos por Adelante
Andalucía y no obtener su escaño, opinó que "el transexual ha sufrido un
'apartheid'. Con Vox no será peor", tras los buenos resultados del
partido de extrema derecha. Parece que la dureza expresiva siempre tiene
objetivos prioritarios.
El Partido Feminista es una pequeña organización cuya líder, Falcón, no
ha sido precisamente diplomática en sus artículos y comunicados acerca
del debate que se está produciendo en el movimiento feminista sobre cuál
es el sujeto político de esta ideología. Aunque la espita se ha abierto
este fin de semana con la expulsión, este es sólo el inicio formal de
las hostilidades, que ya se han manifestado en las asambleas feministas
de la preparación del 8M de este año y de las anteriores citas. La
regulación de la prostitución fue en este caso el objeto de conflicto ya
que un par de activistas leyeron un manifiesto que afirmaba que "la
revuelta será puteril o no será".
Probablemente para el gran público y los medios generalistas esta sea
la primera noticia de tales divergencias en la izquierda. Lo cierto es
que dentro del feminismo en especial, probablemente por ser uno de los
movimientos más masivos en los últimos tiempos, existe una auténtica
guerra civil cuyas disputas se han hecho sentir en los temas ya citados,
la prostitución como una actividad económica más y la desaparición del
concepto de mujer como sujeto único del feminismo, así como en el apoyo
al vestir rigorista islámico como un ejemplo de empoderamiento y la
llamada eufemísticamente gestación subrogada. Temas que no coinciden ni
con la tradición ideológica de la izquierda ni con los postulados
feministas y sí con la abundante literatura fabricada en los
departamentos de género de las universidades norteamericanas.
No es casual que anglicismos como queer, que considera el
género como una expresión cultural individual y elegible, o terf, un
acrónimo que se utiliza como adjetivo punitivo contra las feministas que
siguen considerando a la mujer el sujeto del feminismo, hayan salido a
relucir de nuevo en las redes estos días. No es tampoco casual que en
anteriores convocatorias del 8M hubiera manifiestos que citaran a una
pléyade de colectivos en virtud de la diversidad, palabra fetiche en
todo este embrollo, pero que olvidaran intencionadamente a la mujer,
protagonista de este día de lucha del que ya se borró convenientemente
el apellido de "trabajadora" para negar su inspiración de clase.
¿Cuál es el punto central del debate? Precisamente uno que inspira y
recoge la propuesta de ley que Unidas Podemos presentó en marzo de 2018,
la postergación del sexo masculino y femenino, especialmente este
último, privilegiando una lectura del concepto de género basada no en
las lecturas del feminismo clásico, sino en la teoría queer.
Así el género pasaría de ser una construcción social que determinaría al
sexo, con un fuerte componente machista, ya que atribuiría a las
mujeres características negativas que el capitalismo aprovechó para
facilitar su explotación económica, a una elección que los individuos
realizarían libremente y que incluso podría ser cambiante por periodos y
no se limitaría a la expresión cultural en sociedad del hombre o la
mujer, sino a decenas de géneros que, como productos, el consumidor
elegiría según sus apetencias.
No parece casual que muchas feministas tachen a esta teoría de
misógina, al negar la realidad material de la mujer, hembra de la
especie humana, y de neoliberal al transformar una construcción cultural
impuesta socialmente en una mercancía que se performa. Así en
el mejor de los casos la mujer pasa a ser un colectivo más de la
diversidad y en el peor una incomodidad lingüística, que bajo la excusa
de la transfobia, se hace desaparecer sustituyéndola por apelativos tan
ocurrentes como "progenitor gestante" o "persona con vagina". Y esto, en
un país donde la violencia machista es una lacra, debería ponernos en
alerta de las consecuencias de estos experimentos llevados de los
ensayos a las leyes sin una reflexión en profundidad.
Algunas expresiones utilizadas en redes por feministas contrarias a lo queer,
como la de "hombres con falda" para referirse a los transexuales no
parecen las más adecuadas, como tampoco lo son las constantes amenazas,
en algunos casos de muerte, que estas feministas reciben por parte de
autodenomidados activistes trans.
Los constantes ataques a
estas feministas comparándolas con grupos ultracatólicos como HazteOír
tienen como único objetivo su escarnio público, algo que estos grupos de
radicales queer parecen dominar con gran soltura al manejarse
en redes sociales bastante mejor que algunas líderes feministas de mayor
edad, cuya lucha política en muchos casos se remonta al final del
franquismo. Resulta cuando menos desconcertante que la izquierda abrace a
los primeros y repudie a las segundas.
La propia propuesta de Ley de Unidas Podemos tiene aspectos que al
menos deberían ser discutibles, más allá de confiar en dogmatismos
posmodernos que a menudo no pasan de ser artillería publicitaria para
engrandecer a exitosas conferenciantes. Asuntos como la
autodeterminación de género implican, como recoge la propuesta de ley,
que menores de 16 años que sean considerados intelectual y
emocionalmente capaces puedan cambiar de sexo sin impedimentos, algo que
a todas luces suena, al menos, como una abstracción difícil de mesurar.
Así mismo la ley tendría consecuencias en las partidas presupuestarias
destinadas a las políticas en favor de la igualdad de la mujer, que se
basarían en unas estadísticas tan cambiantes como los deseos de los
hombres que decidieran ser mujeres autoafirmándose como tal. Asuntos
como el sistema penitenciario dividido en sexos o las competiciones
deportivas quedarían de igual manera alterados significativamente.
Las personas transexuales tienen deficiencias en cuanto a sus
derechos civiles, sufren agresiones por su condición y son sin duda un
colectivo con graves problemas en el ámbito laboral. El Estado ha dado
decisivos pasos adelante al incluir en la seguridad social los programas
de reasignación de sexo, las facilidades para cambiar el nombre en
documentos oficiales o ha invertido cuantiosas subvenciones a
iniciativas de integración y asociaciones afines. Ninguna feminista se
ha pronunciado en contra de estas medidas.
Sí de que bajo el paraguas
del avance de los derechos civiles LGTB se cuelen contradicciones que
afecten sustancialmente a la mujer como sujeto político. Todos los
ciudadanos deben tener los mismos derechos y obligaciones, ese es un
principio demócrata que la izquierda debe apoyar, no por contra reducir a
la mujer, algo más de la mitad de la población, a una identidad que
compita en el mercado de la diversidad utilizando las monedas de los
privilegios y las opresiones.
Los vientres de alquiler, la compra de mujeres en países pobres para
que gesten como probetas humanas a niños que posteriormente les serán
sustraídos tras un pago, es una de las consecuencias más indeseables de
reducir a la mujer en una simple identidad. Son habituales las fotos de
hombres posando con los críos, recién paridos de sus madres, vestidos de
parturientas simulando ser ellos mismos el xadre, neologismo
para no ofender tampoco su posible género alterno. Cuando algo tan
concreto como ser una mujer se transforma en una abstracción cultural al
gusto del consumidor, el mercado capitalista no duda en crear un nicho
comercial más.
Efectivamente la ultraderecha está jugando sus cartas para aparecer como
los únicos garantes de las familias, algo que parece no importarles
tanto cuando se sitúan al lado de los recortes neoliberales al Estado
del Bienestar. Lo extraño es que la izquierda ha asumido que su papel no
es fomentar la igualdad, sino inmiscuirse en el inasible reino de la
diferencia, precisamente lo que Margaret Thatcher proponía como modelo
cultural para su restauración neoconservadora.
Hace casi un par de años
cuando publiqué mi libro La trampa de la diversidad intenté
advertir desde la prudencia y el respeto sobre las contradicciones que
el progresismo se iba a encontrar en este camino. Recibí duros ataques
personales y una indescriptible campaña de desprestigio. Hoy les toca a
las feministas que han osado contravenir las modas ideológicas
imperantes. La excusa siempre es la misma, llamar progreso a lo que no
es más que individualismo, negocio y claudicación." (Daniel Bernabé, Público, 24/02/20)
"La Plataforma Trans celebra “la limpieza higiénica” del Partido Feminista en IU.
La Federación Plataforma Trans, que había recogido más de 2.000 firmas para pedir a IU la expulsión del Partido Feminista, ha celebrado que finalmente se haya escuchado su demanda. (...)
La presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé,
ha celebrado “el ejercicio de limpieza higiénica” en IU y ha pedido que
las organizaciones como el PSOE y Podemos hagan lo mismo para expulsar
“la transfobia” de sus filas, como "cordón sanitario" a la ultraderecha.
“Consideramos que es un triunfo frente al discurso de odio, que nace en
el seno de la izquierda, pero que no se distingue de Vox o cualquier
fundamentalismo religioso”, ha apuntado la activista. “La transfobia no es feminismo”, ha manifestado a cuartopoder.es.
Los últimos comunicados de la formación de Lidia Falcón habían sido especialmente polémicos. En diciembre emitió un escrito que se posicionaba en contra de la ley trans propuesta por Podemos,
y acusaba a este colectivo de “invisibilizar a las mujeres”, de
“propaganda ideológica” contra menores y de estar promoviendo los
vientres de alquiler, entre otras críticas. (...)
“Parece que (el Partido Feminista) hace el trabajo teórico a la
ultraderecha. Está desvirtuando las bases del feminismo que hablan de
inclusión, de interseccionalidad y de sororidad. Han ido a la caza de las personas trans y, sobre todo, de las mujeres trans.
El peligro está en que la juventud no sepa distinguir de donde viene el
discurso de odio”, ha explicado Cambrollé, quien denuncia "la
demonización" del colectivo para oprimirlo todavía más". Aquí recuerda
la discriminación laboral de las personas trans, que se ven abocadas a
la prostitución, y su alta tasa de suicidio.
Por su parte, el Partido Feminista ha contestado duramente en sus redes sociales a su expulsión de IU y ha anunciado un Congreso que se desarrollará entre el 28 de febrero y el 1 de marzo."IU e IU Madrid han liquidado el feminismo en su organización. Primero hizo que las más veteranas dirigentes disolvieran el Área de la Mujer. Después han expulsado al Partido Feministas, y ya los engreídos dirigentes se han quedado solos con sus desagradables acólitas, cómplices y sumistas para darle satisfacción al lobby trans, que es ahora el que rige los destinos de la izquierda”, han indicado a través de Twitter." (Mª F. Sánchez, Cuarto Poder, 23/02/20)
Por su parte, el Partido Feminista ha contestado duramente en sus redes sociales a su expulsión de IU y ha anunciado un Congreso que se desarrollará entre el 28 de febrero y el 1 de marzo."IU e IU Madrid han liquidado el feminismo en su organización. Primero hizo que las más veteranas dirigentes disolvieran el Área de la Mujer. Después han expulsado al Partido Feministas, y ya los engreídos dirigentes se han quedado solos con sus desagradables acólitas, cómplices y sumistas para darle satisfacción al lobby trans, que es ahora el que rige los destinos de la izquierda”, han indicado a través de Twitter." (Mª F. Sánchez, Cuarto Poder, 23/02/20)
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