"La huelga francesa contra la involución que el Presidente Macron
anima, ahora en el sistema de jubilación, languidece. Llevamos más de
diez semanas de protestas y necesariamente la capacidad huelguística
remite. Menos paros y menos gente en las manifestaciones sindicales.
Pero, ¿cómo leer este hecho? Seguramente en el gobierno, en el Elíseo y
en general en el ámbito de los dominadores, eso se lee con alivio.
Recuerdan lo ocurrido con anteriores protestas, la Nuit debut o
el movimiento contra la reforma (involución) laboral durante la
presidencia de François Hollande, y deducen que también ahora la
protesta se desinfla. ¿Derrota? ¿Resignación? No quisiera tomar los
deseos por realidad, pero no creo que en el Elíseo tengan motivos para
tranquilizarse.
¿Pasar página y seguir con lo suyo, concentrándose, por
ejemplo, en las próximas e intrascendentes elecciones municipales,
cuando da la impresión de que la olla sigue cociendo a fuego lento la
sustancia del descontento?
Hay menos gente en la calle, sí, pero las encuestas confirman que la
oposición a la involución del sistema de pensiones, uno de los pilares
del consenso social elaborado en la posguerra, no disminuye, sino
aumenta. Un 67% pide un referéndum sobre la cuestión y hasta el Consejo
de Estado ha criticado, “la falsa promesa de un régimen (de pensiones)
universal” que vende Macron.
La inusitada violencia policial que
centenares de miles de ciudadanos ha sufrido u observado en directo, ha
acabado siendo tematizada hasta por los medios de comunicación del establishment,
mayormente controlados por la oligarquía financiera y los superricos.
Se discute que es más conveniente, si el lema habitual de “Todo el mundo
detesta a la policía”, u otro del tipo, “¡compañero policía, únete!”
(De hecho el gobierno ha pactado un régimen de pensiones especial para
los policías, por si acaso).
El dato fundamental no es que haya menos gente en las manifestaciones
sindicales, sino que desde 2014, la temperatura social no ha dejado de
subir en Francia. La pregunta fundamental es si el enfado de base,
latente o manifiesto, acabará explotando. Si la gente que está enojada
dará un paso más para convertir lo latente y pasivo en una explosión
social activa y enérgica. Los sindicatos, pensados para negociar, no
sirven en una situación en la que el poder no tiene nada que negociar.
Es obvio que no hay marco de negociación. El neoliberalismo consiste
precisamente en la ruptura de los consensos sociales de posguerra. Y eso
no tiene una solución electoral. Solo se puede cambiar por la fuerza. (...)
¿por la fuerza? Pero ¿Quién está dispuesto en nuestras sociedades
modernas, donde casi todo el mundo tiene algo que perder, a dar la cara,
a arriesgarse a ser detenido, encarcelado y juzgado por violar la ley
que defiende el orden establecido y sus instituciones cuya violencia es
extrema cuando se plantea su cuestionamiento? ¿Quien no teme la
violencia? Yo, desde luego no estoy dispuesto a tomar por asalto una
comisaría, pongamos por caso.
Tengo mucho que perder y nunca lo haría.
¿Nunca? Hombre, si a mi lado hubieran 100.000 personas unidas en ese
propósito, ya no sería una cuestión personal. Ni siquiera sería un
negocio arriesgado. Así fue como se tomaron por asalto las comisarías de
la odiada y corrupta policía en El Cairo, aunque luego el asunto
acabara como el rosario de la aurora.
La conciencia de la debilidad es lo que fundamenta el miedo, pero
¿qué pasa cuando el enfado estalla, se hace masivo y hegemónico y el
orden establecido se hunde como un castillo de naipes. (...)
En definitiva, ¿es una revolución impensable? ¿Es imaginable un cambio
social fundamental en la estructura de poder y en la organización de la
sociedad, impuesto por la fuerza de una mayoría convencida de que no hay
solución institucional posible para los acuciantes problemas que
padece? ¿Es deseable?
(...) pero en el run-run de su descontento y ante la evidencia de que no hay
negociación posible ni salida electoral que ponga fin a la involución en
curso, es lógico que toda esa ideología se replantee. Y eso está
ocurriendo en Francia. ¿Es significativo? Habrá que ver. (...)
Pensar lo impensable supone abrirse a escenarios como el de una
población vieja radicalizada en Europa por el deterioro/abolición de las
pensiones actualmente en curso. Es el momento de los yayoflautas:
“Viejos bien conservados por los progresos de la ciencia, ¿se dejarán
desposeer, o se sumarán a los jóvenes estigmatizados y sin futuro de la
periferia urbana?”, se preguntaba Serna.
¿Una revolución europea contra la UE neoliberal sin que exista pueblo europeo? “Tampoco existía el pueblo francés
en 1789. Lo inventaron”, decía Serna. Solo la imaginación, la audacia y
el sueño permiten tantear y anticipar lo que por definición es siempre
inesperado." (Rafael Poch, blog, 20/02/20)
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