"(...) Todo indica que la crisis que actualmente estamos viviendo es
también un punto de inflexión en la historia. Al finalizar la pandemia
del coronavirus nuestras vidas y sociedades no serán iguales a las de
antes.
El apogeo de la globalización sufrirá cambios sustantivos. La
producción a escala planetaria, con la fragmentación de los procesos
productivos en distintos países tendrá que cambiar a un sistema menos
interconectado (lo que ya estaba parcialmente sucediendo con la
guerra comercial que impuso Trump a China). Nuestras vidas estarán más
limitadas físicamente y serán probablemente más virtuales. No es que la
globalización se revierta. Pero se modificará, adquirirá nuevas formas.
Una vez que pase la pandemia, la industrialización sobre
bases nacionales o al menos entre países cercanos se abrirá paso en las
políticas públicas de todos los Estados. Desde luego en Europa y Estados
Unidos, pero también en los países de nuestra región. Ello cuestionará
el Estado mínimo y el fundamentalismo de mercado.
Con la pandemia, la dependencia y lejanía geográfica se muestran
peligrosas. Después del coronavirus resultará difícil ser abastecidos
por suministros médicos provenientes de China u otros países lejanos.
Esos suministros y otros bienes sensibles, como los alimentos, serán
asunto de seguridad nacional y por tanto de necesaria producción
interna. La eficacia económica que fundamentaba la globalización se
modificará en favor de garantizar las necesidades básicas de las
poblaciones.
Los gobiernos se verán obligados a gastar más en proteger la salud de
sus ciudadanos y la sanidad tendrá que ser pública y universal. Ya no
son sostenibles las orientaciones neoliberales de las últimas décadas
que han debilitado los servicios de salud. En consecuencia, difícilmente
se regresará a un nuevo periodo de austeridad, como el que se vivió
después de la crisis económica del 2008.
Así las cosas, probablemente habrá presión por políticas fiscales
expansivas, que exigirán la aplicación de mayores impuestos a la
riqueza. Porque, como dice el filósofo francés, Edgard Morín, es preciso
atender públicamente no sólo la salud, sino también la educación,
pilares de la dignidad humana y bases del desarrollo económico de todo
país. (...)
La tarea que nos espera es construir economías y sociedades
más duraderas y humanamente habitables, que terminen con las que han
estado sujetas a la anarquía de los mercados. La economía tendrá que
responder a las nuevas exigencias sociales, en salud, educación y para
enfrentar la crisis climática.
El coronavirus ha dejado al descubierto las fragilidades del capitalismo neoliberal globalizado, cuya expresión más representativa es el caso chileno. Sus desafíos son inmensos. (...)" (Roberto Pizarro, elDesconcierto.cl, 16/04/20)
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