8.4.20

El “dejad que se mueran” de Trump... la “terrible decadencia moral” de Estados Unidos

"Carlos Fernández de Cossío, director general para EE.UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, acusó recientemente al gobierno de Estados Unidos de “terrible decadencia moral”. (...)

Su crítica se alejó de las habituales denuncias por abusos imperialistas y plutocráticos. Al sugerir que los líderes estadounidenses ignoran los valores humanos más básicos, el diplomático se aventuró en aguas profundas.


Lo cierto es que las decisiones que EE.UU. ha tomado sobre la pandemia de Covid-19 y sobre algunas de sus intervenciones en el exterior demuestran la fácil aceptación de las muertes humanas en el primer caso y la planificación de las mismas en el segundo. Las implicaciones no son triviales: “el precepto `no matarás´ es probablemente el principio moral y legal básico de cualquier sociedad”, en palabras de un académico que estudia las diversas racionalizaciones del asesinato.


El 24 de marzo, el presidente Donald Trump declaró que las medidas para ralentizar la propagación del Covid-19 se relajarían el 12 de abril, que el público estadounidense podría volver a trabajar y que la economía se recuperaría en esa fecha aunque, probablemente, la epidemia continuaría y seguiría muriendo gente. Ese mismo día, Bloomberg News informó de que “los grandes empresarios de EE.UU. se están impacientando con el parón de la economía nacional” y respaldan al presidente Trump.


Su amigo del alma y vicegobernador de Texas, Dan Patrick, afirmó el 23 de marzo que el “se arriesgaría” con tal de preservar Estados Unidos “para sus hijos y nietos” y que estaría dispuesto a morir junto a otras personas mayores por el bien común, según él lo ve.

Trump se retractó posteriormente, afirmando que sus palabras habían sido “una aspiración”. Pero el jefe de Estado y primer defensor del capitalismo había demostrado que, para él, la supervivencia humana va por detrás de los imperativos del capital.  (...)

En la década de los 90, los estrategas del Pentágono aceptaron que el pueblo iraquí moriría a causa de las sanciones económicas que estaban imponiendo. La muerte de 500.000 niños en aquel país “valía la pena”, en palabras de la Secretaria de Estado Madeleine Albright. (...)

El miedo que crea la pandemia de Covid-19 presta buen servicio a los propósitos estadounidenses. Irán tiene en su haber en estos momentos el 11,2 por ciento de las muertes por Covid-19 en el mundo. El Secretario de Estado Mike Pompeo declaró en febrero que “las cosas han empeorado mucho para los iraníes, y estamos convencidos de que eso hará que el pueblo se levante y cambie el comportamiento del régimen”.  (...)

Hace tiempo que Internet se hace eco de multitud de acusaciones en el sentido de que las sanciones estadounidenses violan el derecho internacional. Esta es una de ellas, elegida al azar, y que apareció en un artículo de una revista médica en 2019: “Las sanciones se ajustan a la definición de castigo colectivo a la población civil, tal y como se describe en el artículo 33 de las convenciones de Ginebra y de La Haya, de las que Estados Unidos es signatario”.


Lo que aquí está sobre el tapete es el déficit de valores morales del gobierno de Estados Unidos. Un editorial del New York Times del 26 de marzo afirmaba que “aumentar las sanciones sobre un Irán que se desangra es moralmente incorrecto y resulta terrible”. En su celo por proteger el capitalismo en crisis, los dirigentes políticos estadounidenses no se detienen ante nada. Que circule la economía aunque mueran las personas. Castigan a las naciones subalternas arrogantes y la gente muere.


La realidad actual de un Estado que acepta sin problemas la muerte de civiles nos retrotrae a los crímenes de los movimientos políticos de extrema derecha en la Europa de comienzos del siglo XX. Los capitalistas preocupados que se agazapan en las estructuras de poder de Estados Unidos están aparentemente a punto de actuar como hicieron anteriormente sus homólogos europeos. Se aferran a la brutalidad y se rinden ante los “simplificadores terribles”, término utilizado en 1889 por el historiador suizo Jacob Burckhardt."                (Fuente: COUNTERPUNCH, W.T. Whitney  Rebelión, 08/04/2020)

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