8.4.20

España forma parte del “régimen desigualitario neopropietarista mundial”, en expresión de Piketty, cuya principal característica es la fortísima concentración de la propiedad privada

"(...) El resultado final es la polarización creciente de la distribución de la riqueza en los hogares españoles, que confirma la sexta EFF del Banco de España y ha sido denunciada recientemente por Philip Alston, relator especial sobre la pobreza extrema y los derechos humanos de Naciones Unidas: 

“Hay dos Españas muy distintas… junto a una España próspera, otra que está al borde de sobrevivir, con unos niveles de pobreza que reflejan una opción política que se ha diseñado en los últimos años. Entre 2007 y 2017 los ingresos del 1% aumentaron el 24% mientras los de quienes estaban por debajo del 90% crecieron un 2%… Es estado español optó por recaudar un 5% menos en ingresos fiscales, mucho menos que cualquier otro gobierno europeo, por lo que ha tenido menos fondos para destinar a la protección social, y eso es una opción política. Y también lo es el recorte del impuesto a las empresas y a las fortunas más ricas, en contraste con el fracaso de los ingresos mínimos y la escasa disponibilidad de planes de protección social” (Conferencia de prensa del 7 de febrero de 2020).

 A la vista de esta evolución, resulta inevitable cuestionar el modelo social, económico y político que mantiene y amplia tan grandes desigualdades.

En perspectiva histórica, nuestro país formaría parte del “régimen desigualitario neopropietarista mundial”, en expresión de Piketty, cuya principal característica es la fortísima concentración de la propiedad privada: “el fuerte aumento de la riqueza privada en manos del 10 por ciento más rico de la población implica que la parte correspondiente al resto de la población se ha desmoronado, de manera gradual e inquietante. 

La distribución de la propiedad es una cuestión crucial en el siglo XXI, susceptible de minar la confianza que las clases medias y populares han depositado en el sistema económico, tanto en los países ricos como en los pobres y en los emergentes”. [22] 

 Las decisiones de política económica –europeas y españolas- reman a favor de las grandes empresas y mercados de deuda transnacionales, dando lugar a la paradoja planteada por Alfonso Ortí de que las instituciones democráticas se han convertido en “la forma suprema de legitimidad de esas políticas (excluyentes)”                                       (Carlos Pereda, Barómetro Social de España, 05/03/20)

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