"Gracias China!!!”, tuiteó
Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores de México, el
primero de abril.
En el tuit aparecía una foto del avión que llevaba
100.000 cubrebocas, 50.000 kits de pruebas y cinco respiradores
artificiales donados por China. Es probable que en México llegue a haber
hasta 700.000 casos potencialmente mortales de la COVID-19, y el país
solo tiene 5500 respiradores.
Aunque esta inminente catástrofe humanitaria sin duda afectará a
Estados Unidos, que comparte con México una frontera de 3218 kilómetros y
sólidos lazos comerciales, es Pekín, y no Washington, el que está
acelerando el envío de cientos de respiradores para ayudar al país a
mitigar su vulnerabilidad.
En
otra época, Ebrard habría expresado gratitud a su vecino del norte y
destacado la alianza duradera con Estados Unidos. Sin embargo, ahora
China ha intervenido para llenar el vacío que dejó el presidente Donald
Trump, quien ha alejado a sus antiguos socios y debilitado la posición
de su país en América Latina y el Caribe.
Esta
no es la primera vez que China le da la mano a la región. Tras la
crisis económica de 2008, China, que financió un estímulo mundial que
representó el siete por ciento
del producto interno bruto del país, impulsó las economías
latinoamericanas al adquirir productos básicos como petróleo, madera y
minerales metálicos.
Actualmente,
China es el segundo mayor socio comercial de la región, y ha superado a
Estados Unidos al convertirse en el principal socio comercial de
economías latinoamericanas importantes como Brasil, Chile, Perú y
Uruguay. Desde 2017, diecinueve naciones de la región se han adherido a
la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda del gobierno chino, una
red multimillonaria de proyectos de inversión e infraestructura.
El
influjo de financiamiento y asistencia para el desarrollo ha permitido
el acceso a una financiación fundamental para gobiernos con escasez de
efectivo y muy endeudados que han tenido que hacer frente a una
creciente demanda pública de carreteras pavimentadas, transporte público
moderno y mejores servicios.
Además,
en la última década han surgido en toda América Latina unos 41
Institutos Confucio, lo que ha fomentado vínculos culturales
transpacíficos entre estudiantes y profesores. Y desde 2016, Pekín ha
financiado todos los años la capacitación de cientos de periodistas en intercambios profesionales y pasantías que llevan a latinoamericanos a China.
El
giro de la nación hacia la diplomacia médica en medio de la pandemia de
la COVID-19 es una consecuencia natural de esta relación en ciernes y
una victoria para una región que durante demasiado tiempo ha invertido muy poco en su infraestructura sanitaria.
Mientras los países del continente americano se enfrentan a la
creciente crisis de salud pública, el relativo silencio de Estados
Unidos resulta ensordecedor.
La semana pasada, el gobierno de Trump detuvo la entrega de recursos a
la Organización Mundial de la Salud (OMS) y cumplió con los recortes
presupuestarios que había prometido hacer a la Organización Panamericana
de la Salud, un organismo multilateral de salud pública diseñado para
prevenir y contener los brotes de enfermedades transmisibles en este
continente.
De
igual forma, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados
Unidos provocó la ira de varias naciones caribeñas cuando bloqueó la
exportación de equipos de protección personal y respiradores
artificiales comprados a vendedores estadounidenses; Haití, por su
parte, evitó por completo a los proveedores estadounidenses y prefirió
negociar la venta de dieciocho millones de dólares
en equipo médico de China.
Entre tanto, el USNS Comfort, un buque
hospital de la Marina de Estados Unidos y símbolo perdurable de
solidaridad con América Latina y el Caribe, fue llamado para ayudar a
los hospitales sobrepasados de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, se
encuentra prácticamente vacío en el muelle 90 de Manhattan, abrumado por
trámites burocráticos en lugar de por un exceso de pacientes.
A
medida que Estados Unidos se repliega para responder a su propia crisis
del coronavirus, deja a naciones desesperadas y cada vez más inestables
de nuestro continente luchando por conseguir asistencia médica y
humanitaria de otros lugares. (...)
El
giro proteccionista de Estados Unidos también ha dado lugar a la
imposición de aranceles a antiguos socios comerciales en el hemisferio. A
lo largo de todo el continente, desde Santiago de Chile hasta Ciudad de
México, se está poniendo en duda el liderazgo estadounidense y China se
está posicionando como su relevo.
A
pesar del mal manejo del brote inicial de la COVID-19, China ha buscado
redimir su imagen y ganarse el favor de los gobiernos de todo el mundo
ayudándolos a aplanar sus curvas de infección. En comparación con
Estados Unidos, China tiene una ventaja provisional para inundar el
mundo con asistencia contra esta enfermedad: la respuesta draconiana de
China al brote inicial en Wuhan ha permitido que sus industrias y
comercio internacional se reabran.
Los
mensajes cuidadosamente elaborados de China han mejorado su ventaja
estratégica. El 13 de abril, el ministro de Relaciones Exteriores de
Argentina aplaudió a China al recibir un gran cargamento de muy
necesarios cubrebocas, guantes y trajes protectores. Las cajas de
entrega estaban adornadas con las banderas de China y Argentina y una
cita en español sobre la hermandad del querido poema argentino “El
gaucho Martín Fierro”, de José Hernández. (...)
Durante
su conferencia de prensa diaria sobre el coronavirus a principios de
este mes, el presidente Trump hizo el anuncio disonante de que Estados
Unidos está aumentando sus activos militares en el Caribe y el Pacífico
oriental para apoyar la misión destinada a combatir el narcotráfico. Con
el telón de fondo de la competencia entre grandes potencias y la crisis
humanitaria que se avecina, en lugar de enviar destructores de la Marina y embarcaciones de la Guardia Costera, Estados Unidos debería incrementar la asistencia humanitaria al resto del continente.
De
no ser así, la propagación de la COVID-19 promete exacerbar el
sufrimiento humano y desencadenar una crisis migratoria aún mayor, así
como dejar el hemisferio más abierto a la cooperación con China y cada
vez más receloso de la asociación con Estados Unidos."
(Paul Angelo y los autores son expertos en relaciones exteriores, The New York Times,
No hay comentarios:
Publicar un comentario