"Es muy de agradecer que el eurodiputado de Ciudadanos Luis Garicano,
en lugar de dedicarse a atacar a sus rivales políticos con palabras
vacías e insultos, haya hecho una propuesta concreta para hacer frente a
las consecuencias de largo plazo que la crisis de la covid-19 puede
generar en la Unión Europea y en España en particular.
Con semejante espíritu me gustaría hacer algún comentario sobre su
planteamiento porque me parece que, aunque tiene algún aspecto positivo,
no puede ser la solución completa y suficiente que necesita nuestra
economía para evitar la crisis profunda y peligrosa que se avecina si no
acertamos con la terapia.
Estoy de acuerdo con los puntos de partida de Garicano que creo se pueden resumir fielmente en los siguientes:
- La tarea inexcusable de los gobiernos, "para aguantar el parón
forzoso del confinamiento", es "mantener las rentas salariales y de los
autónomos, garantizar la liquidez a todas las empresas y ejecutar el
gasto sanitario"
- Ese objetivo implica un inevitable incremente del gasto público
que, unido a la lógica pérdida de ingresos fiscales como consecuencia de
la inactividad, va a suponer que los países ya de por sí más endeudados
salgan de esta crisis con "una deuda gigantesca". Garicano estima que
la de España podría aumentar "en 30 o 40 puntos sobre el PIB", es decir
entre 360.000 y 480.000 millones de euros, más o menos, sólo en 2020.
- Una deuda tan elevada provoca dos problemas. El primero es, dice
Garicano, "el riesgo de que los mercados no quieran comprar nuestra
deuda", lo cual "podría llevar a una crisis parecida a la de 2008". El
segundo problema es que tal cúmulo de deuda impondría "una presión de
décadas sobre el crecimiento".
El eurodiputado de Ciudadanos estima que el primer problema, es "muy
probable" que lo hayamos esquivado gracias a las medidas anunciadas por
el Banco Central Europeo y a las aprobadas la semana pasada por el
Eurogrupo. El segundo, el posible frenazo del crecimiento, es al que
trata de dar respuesta.
Su propuesta consiste en que el esfuerzo para llevar a cabo la
reconstrucción necesaria tras la crisis no recaiga sólo en los estados
miembros, sino que "gran parte del gasto de la reconstrucción de Europa
lo hagan los europeos de forma conjunta". Para ello propone que la Unión
Europea pida prestado algo más de un billón de euros al 2,5% (pagándolo
con nuevos impuestos) y que, a través de su Presupuesto, financie las
inversiones necesarias para la reconstrucción.
De esa forma se conseguiría que "la UE no se endeude para prestar a
los países, sino para financiar directamente inversiones europeas".
Si me quedara sólo con el final de lo que propone Luis Garicano
podría estar bastante de acuerdo con él. Yo también creo conveniente que
la Unión Europea aumente su presupuesto y que asuma todas o parte de
las inversiones que van a ser imprescindibles no sólo como consecuencia
de la pandemia sino para hacer frente a la ralentización que ya se venía
produciendo antes de que estallara y al cambio tecnológico y
civilizatorio que se avecina.
Sin embargo, no puedo considerar su propuesta como una terapia
adecuada para las gravísimas consecuencias de la pandemia ni me parece
aceptable la fórmula que propone para disponer de los recursos. Mis
razones para creerlo así son las siguientes:
- A finales de 2017 (últimos datos disponibles de Eurostat), los
países de la UE acumulan una deuda pública de 12,73 billones de euros y
los de la eurozona de 9,91 millones. Los primeros pagaron un total de
303.890 millones de euros en intereses en ese año y los de la eurozona
219.732 millones. De 1995 a 2017, el 99% del incremento de deuda de los
países de la UE y el 106% de los de la eurozona corresponde a intereses.
En esta situación, lo que propone Garicano es que la deuda nacional
siga aumentando (porque así lo hará, aunque se vea algo aliviada si una
parte del gasto en inversiones lo realiza la Unión Europea en su
conjunto) y que la paneuropea también. Su receta tiene, por tanto, el
mismo efecto que tienen las únicas políticas que se sabe aplicar en la
Unión Europea: aumentar la deuda o, lo que es lo mismo, el negocio de
banca privada.
- La propuesta de Garicano de convertir a la Unión Europea en
inversora en lugar de prestamista de sus países miembros es buena, pero
me parece inaceptable el procedimiento por el que pretende conseguirlo.
Si el Banco Central Europeo le da todo el dinero que desee a la banca
privada al 0% ¿cómo podemos admitir como razonable que la Unión Europea
se financie al 2,5%? ¿Por qué el Banco Central Europeo no puede
financiar las inversiones europeas, conjuntas o nacionales, al mismo
coste con que financia a la banca privada? El único obstáculo (además de
la voluntad política de favorecer a esta última) es el artículo 123 del
Tratado de Lisboa que prohíbe financiar a los gobiernos, pero este se
puede cambiar y, si no se desea hacerlo, se puede financiar a través de
entidades de crédito públicas.
Garicano no dice a cuántos años se endeudaría la Unión Europea, pero
es fácil calcular la ingente cantidad de intereses que tendría que pagar
a la banca privada al rechazarse que sea el Banco Central Europeo quien
la financie.
- La propuesta de Garicano podría ser aceptable, salvo en el aspecto
que acabo de mencionar, para ayudar a la reconstrucción, pero esta es
sólo una de las cuestiones que hay que resolver. A su propuesta le pasa
lo mismo que a la de una renta básica que hace unos días realizó su
antiguo compañero de partido Toni Roldán: sólo pondría en movimiento una
de las dos ruedas del carro que hay que impulsar. En el caso de la
renta básica, salvar los ingresos de las personas, pero no la liquidez
de las empresas; y, en la propuesta de Garicano, afrontar la
reconstrucción, pero no evitar que nuestra economía se destruya
previamente.
Un mayor esfuerzo presupuestario europeo para reconstruir Europa tras
la pandemia es, como digo, deseable, pero por definición implica que se
ha producido antes la destrucción.
A mi juicio, el defecto principal de la propuesta de Garicano es que
no contempla la respuesta que con carácter inmediato habría que dar a lo
que él mismo señala, muy correctamente, como las tareas que deben
acometer los gobiernos: endeudarse para garantizar salarios, liquidez
empresarial y suficiente gasto sanitario.
¿De verdad cree Luis Garicano que, si la deuda de España sube 30 o 40
puntos en 2020 como él mismo dice, lo que simplemente debemos buscar es
que la UE aumente sus inversiones en un billón de euros en unos cuantos
años y para todos los países? Yo tengo la seguridad de que Luis
Garicano es plenamente consciente de lo que supone ese incremento de
deuda para nuestra economía, por muy generoso que sea el Banco Central
Europeo comprando bonos españoles en el mercado secundario.
España quizá
no entraría en bancarrota si la socorre el MEDE o el BCE, pero lo que
pudiera recibirse en inversiones adicionales del presupuesto comunitario
gracias al préstamo a la UE sería completamente insuficiente para
evitar un declive de décadas en nuestra economía y una catástrofe
social.
Me temo que la propuesta de Luis Garicano, sin duda bien intencionada
y en parte positiva por lo bueno que sería el aumento de las
inversiones paneuropeas es inapropiada, porque incrementa
innecesariamente la deuda que es el mayor factor de riesgo de la
economía española y mundial, y porque no proporciona garantías de que la
pandemia no destruya una buena parte de nuestra capacidad productiva.
Yo creo, por el contrario, que en España, como en Italia y en los
demás países europeos, tenemos dos grandes alternativas que resolver con
urgencia y me parece que Garicano más bien las soslaya.
La primera radica en decidir si se pone en la economía el dinero que
es necesario para garantizar que no cierren miles de empresas, se
empobrezcan millones de personas y colapse el sistema sanitario, o si no
se pone y nos encaminamos directamente a una dura depresión económica
en los próximos años.
La segunda alternativa consiste en decidir si la financiación
necesaria para evitar el colapso económico (esos 30 o 40 puntos de deuda
que estima Garicano) la van a proporcionar con mucho mayor coste los
mercados (aunque sea con la protección adicional del BCE o del MEDE que
no evita una factura de intereses brutal), o si la proporciona
directamente el Banco Central Europeo, no sólo evitando el pago de
intereses sino incluso reduciendo la deuda hasta ahora acumulada (algo
que se podría hacer muy fácilmente).
Si se elige pronto y bien, en lugar de la reconstrucción a la que se
refiere Garicano tendríamos que hablar solamente de reactivación. Parece
una simple deferencia terminológica, pero creo que cualquier persona,
por muy poco que sepa de economía, entenderá perfectamente la enorme
diferencia que eso supone para nuestras finanzas, nuestras empresas y
nuestros compatriotas. El problema es que el tiempo para conseguirlo se
va acabando." (Juan Torres López, Público, 13/04/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario