"Uno de los ejercicios más difíciles y recurrentes que hemos observado en las últimas semanas es adivinar el impacto de la pandemia Covid-19 en la economía global y en la de cada uno de los países. (...)
China, que empezó a tomar medidas de reclusión en enero, ha experimentado una caída
en los índices de producción industrial de enero y febrero del 15%, y
otros índices de actividad productiva sugieren caídas no menores al
6-8%. Recordemos que allí solo se cerró completamente una provincia, mientras el resto del país seguía produciendo. (...)
Pero en Europa cada país ha tomado decisiones unilaterales, cerrando casi todos ellos sus fronteras. En pocas semanas, el cierre será total en todo el continente. Para Alemania, Heiner Flassbeck y Friederike Spiecker prevén caídas del 14% en el PIB para este año. En EEUU, distintos bancos de inversión proyectan una caída del 6% en el primer trimestre y del 24 al 30% en el segundo. (...)
Para España, tampoco pintan bien las cosas. Los autores de este artículo hemos hecho un ejercicio de estimación a partir del inventario de daños que ya conocemos. El sector de turismo y hostelería está
completamente cerrado, así que esperar caídas en la producción
superiores al 90% por mes de confinamiento no resulta osado. Gran parte
del comercio minorista, excluyendo las ventas de
alimentos, farmacias y estancos, también ha echado la persiana, cegando
el canal minorista de la mayoría de las empresas industriales. No
resulta aventurado estimar caídas de producción del 15% por mes de
cierre.
La construcción, otro sector relevante de
nuestra economía, pudo seguir durante dos semanas después de decretado
el estado de alarma y se paralizó esta misma semana. Todos los espectáculos, cines, teatros y recintos deportivos llevan cerrados desde mucho antes. El transporte aéreo está interrumpido y gran pare del transporte terrestre también.
Recurriendo a las tablas 'input-ouput' de la economía española, que
lamentablemente el Instituto Nacional de Estadística no mantiene muy al
día, pues solo disponemos de las de 2016, podemos prever una caída de la producción del
9% en el primer trimestre y superior al 30% en el segundo trimestre. En
términos de PIB a precios corrientes, proyectamos una caída del 8% el
primer trimestre y del 27% si el cierre se prolongara hasta mayo. (...)
No creemos que el incremento del gasto sanitario y el mayor consumo de
servicios de telecomunicaciones e informática vayan a compensar estas
caídas. Tampoco hemos podido incorporar el impacto de un comercio
exterior, que se ha enfriado, ni el derrumbe de la inversión. (...)
Las comparaciones con una guerra no parecen muy afortunadas. (...) Pero el problema de ahora es el contrario: cómo desmovilizar
prácticamente toda nuestra economía y conseguir que arranque después del
estado de alarma. Cuando pase la pandemia, el capital productivo y la fuerza de trabajo seguirán allí, intactos y esperando a ser movilizados. El que la recesión tenga forma de V, de U o de L dependerá en gran parte de los planes económicos del Gobierno.
Calviño, 'read my lips', TMM, 'there is no alternative'
El problema es que tenemos nuestro primer ministro holandés instalado en
nuestro país desde hace décadas. Son todos aquellos cuyo único objetivo
económico es hacer cumplir los criterios de Maastricht.
Son todos y cada uno de los ministros de Economía con los que ha
contado el Reino de España a lo largo de nuestra democracia, soportados
por las redes de poder que manejan los hilos desde la Restauración. Y
ahora el problema se llama Calviño.
Desde un principio, había una solución óptima para todos.
La hipótesis era muy sencilla, dos meses de confinamiento total, pero
soportando con dinero público las rentas de los trabajadores y los
costes fijos de las empresas. Lo del confinamiento total con permisos retribuidos recuperables
es una broma, es no entender que van a caer miles de empresas porque la
demanda no se desplaza a placer automáticamente.
Una alternativa, el modelo danés,
salvar las pymes a toda costa, parafraseando el acertado titular de un
análisis reciente. Se trata de una ayuda directa a las empresas, que
serán las que recibirán la compensación y pagarán las nóminas, sin
ninguna rebaja en el sueldo. En el caso general, el Estado pagará el 75%
del salario y el 25% la empresa, pero con un máximo mensual entre 3.100
y 3.500 euros. Obviamente, aquí esos niveles serán muy inferiores, por
nuestra estructura salarial. Pero topamos con nuestro primer ministro
holandés, todos y cada uno de nuestros ministros de Economía, ahora Calviño. (...)
No, esto no va de acudir al Mecanismo Europeo de Estabilidad para que
después nos impongan condiciones draconianas en términos de salarios y
gasto público, que nos empobrezcan como sociedad. Solo hay una
alternativa, la monetización directa, que es lo que
acabarán haciendo las naciones libres con soberanía monetaria. O la
propuesta del BCE. Esta supone un mecanismo tortuoso, pero tiene el
mismo efecto que el de un soberano monetario que puede disponer de un
descubierto en su cuenta del banco central.
El Banco Central Europeo anunció un Programa de Compras para la Emergencia de la Pandemia por importe de 750.000 millones de euros,
sin exigir que los Estados miembros se comprometan a alcanzar el
equilibrio presupuestario, y por lo tanto invitándoles a gastar mucho
más y dejar que sus déficits aumenten. Solo hay una pega a este
mecanismo, y es que el respaldo del BCE debería ser de por vida,
porque si fuera temporal, y en un momento determinado dejaran de darlo,
nuestra deuda sería impagable.
Úsenlo, ministras Montero y Calviño,
porque si no el destrozo social, económico y moral de nuestro país será
insoportable. Y nuestras previsiones se quedarán cortas. Si además no
presentan un New Deal para después, la derrota electoral de la izquierda será definitiva y llegará al poder la ultraderecha.
Estamos ante una UE a la que se le ven las costuras de una impostura, de un pretender defender el valor republicano de la fraternidad
pero que a la hora de la verdad defiende la ley del más fuerte, en este
caso Alemania y sus satélites. Es por ello que los países del sur de
Europa deberíamos exigir a la UE que se nos trate no como Estados vasallos
cuyos ciudadanos tienen menos derechos que los del norte sino como
iguales.
Y si no resulta así, es nuestro derecho el no aceptar esa
situación de sumisión. Porque entonces significará que la eurozona
en realidad ha sido nada más que un montaje que ha permitido a la
industria exportadora alemana expandirse hasta límites que jamás
hubieran sido posibles si Alemania hubiera permanecido con su propia
moneda, aislada como Estado-nación, y por tanto con unos tipos de cambio
mucho más altos.
Nos preguntamos qué les ocurre a las élites españolas para aceptar tal situación. (...)"
(Juan Carlos Barba, Juan Laborda y Stuart Medina son miembros de la RED MMT España. El Confidencial, 31/03/20)
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