"Estamos siendo testigos de la propagación de la pandemia a nivel mundial y un hecho que llama la atención es que la tasa de mortalidad debida a esta enfermedad varía mucho incluso entre países de semejante nivel de desarrollo económico
(es decir, entre países considerados como países ricos, como son los
países de la Europa Occidental y América del Norte). ¿A qué se deben
estas diferencias? (...)
Alemania, que tiene una composición demográfica parecida a la
española (son dos sociedades envejecidas) tiene una de las tasas de
mortalidad por coronavirus más bajas del mundo (actualmente
hay 17 muertos por cada millón de habitantes, por 265 en el caso
español, una de las cifras más elevadas del mundo desarrollado).
De ahí que la explicación demográfica no sea suficiente o no sea
satisfactoria para explicar lo que nos preguntábamos al principio del
artículo.
Uno de los determinantes más importantes de la tasa de mortalidad: los servicios de prevención y curación sanitarios y sociales
Y es en esta variable donde sí que se encuentran grandes
diferencias entre países, lo que explica en gran parte la mortalidad
diferencial. El mejor ejemplo de ello son los tres países (Italia,
España y ahora EEUU) que tienen mayores tasas de mortalidad a causa del
virus en el mundo desarrollado.
Estos países son los que han tenido una
mayor propagación del contagio y los que tienen un menor desarrollo de
los servicios públicos de sanidad y servicios sociales, incluyendo una
mayor escasez de material protector y material curativo para atender la
pandemia. Son también estos países los que tienen mayor porcentaje de
profesionales y trabajadores de sanidad, servicios sociales y servicios
esenciales contagiados por el virus. Los datos son contundentes.
El caso español es un claro ejemplo de ello. En realidad, el
gasto público sanitario y social es de los más bajos de la Europa
occidental, muy por debajo de lo que le correspondería por su nivel de desarrollo económico, creando
una pobreza de recursos que se ha acentuado todavía más con los
recortes aplicados por los sucesivos gobiernos españoles durante la
época de la Gran Recesión.
Según datos de la Global Health Expenditure Database
(de la Organización Mundial de la Salud), entre 2009 y 2017 el gasto
público sanitario gubernamental como porcentaje del PIB descendió en
España de un 6,4% a un 5,9%, y en Italia de un 7% a un 6,5%, mientras
que en EEUU –punto de inspiración del modelo neoliberal– apenas creció
de un 4,2% a un 4,5%, con una cobertura sanitaria muy limitada, con casi
30 millones de estadounidenses sin protección sanitaria; por otro lado,
según datos de la OCDE, entre 2008 y 2016 España redujo sus camas
hospitalarias por cada 1.000 habitantes de 3,2 a 2,97, Italia de 3,79 a
3,17 y los Estados Unidos de 3,13 a 2,77. Aquí en Catalunya, los
recortes del gasto público sanitario fueron de los más acentuados en
España y en la UE-15. (...)
Los condicionantes políticos de la pandemia: las políticas de austeridad del gasto público social
Y es ahí donde las políticas públicas aplicadas por los
gobiernos, que han creado estas situaciones de escasez, se rebelan como
muy importantes para explicar su elevada mortalidad. La
evidencia científica muestra que tales políticas públicas han debilitado
enormemente la capacidad de respuesta a la pandemia, jugando un papel
clave tanto en su propagación como en su escasa contención y en su
deficiente abordaje.
Ni que decir tiene que han intervenido
otros factores. Se ha subrayado en España, por ejemplo, la gran
descentralización de la gestión y parte de la financiación sanitaria en
las CCAA, lo cual ha dificultado la respuesta unitaria frente a
la pandemia, necesaria para la adquisición a nivel internacional de los
materiales (como respiradores y mascarillas) que todas las CCAA
necesitan. Y más concretamente, la descentralización en la compra, compitiendo cada CCAA por la adquisición de este material, lo que ha debilitado la resolución de tal déficit.
En
EEUU, esta descentralización de la compra de tales productos ha causado
también un enorme problema, forzando una competitividad que ha
beneficiado al productor a costa del comprador de los materiales
necesitados. Pero esta descentralización (y falta de coordinación) ha
sido más un factor contribuyente que no determinante en los problemas de
escasez de material, pues el problema común de todas las CCAA es la
escasa financiación de los sistemas sanitarios, acentuada todavía más
por los enormes recortes de gasto público sanitario llevados a cabo por los gobiernos anteriores al que lidera ahora la respuesta a la pandemia.
Querer
responsabilizar al gobierno de coalición actual de la elevada
mortalidad es injusto y sectario en extremo, hasta el punto de poderse
calificar de cinismo, cuando no incoherencia, pues muchos de los
acusadores son políticos pertenecientes a las formaciones conservadoras y
liberales responsables de las políticas de austeridad, con los recortes
de gasto público sanitario más acentuados en la UE-15. (...)
Y una pregunta que se están haciendo millones de españoles es:
¿cómo puede ser que un país tan rico como España tenga un gasto público
social y sanitario tan bajo (uno de los más bajos de la UE-15)?
La escasez de recursos crea una dualidad en la sanidad española
(pública y privada) que explica, en parte, dicha escasez de recursos
públicos
Si nos fijamos en las tasas de personas contagiadas por
Covid-19 por clase social, vemos que el factor "clase social" tiene una
gran importancia para conocer la distribución de tal pandemia. Las
clases más afectadas son las clases populares, donde la tasa de
infección es más alta, siendo la existente entre las clases medias de
renta media-superior menor, y entre las clases pudientes mucho más
inferior.
Dos son los factores que explican esta situación. Uno es que el
confinamiento preventivo es más común entre las dos últimas clases
sociales que entre las primeras. Amplios sectores de las clases
trabajadoras (incluidos gran parte de los trabajadores de los
sectores esenciales, como sanidad, servicios sociales, servicios de
transporte público y privado, correos y sectores industriales de
sectores clave) son empleados con trabajos manuales que no
pueden realizarse desde el domicilio. Ello dificulta, cuando no
imposibilita, el confinamiento.
Otro factor a tener en cuenta son las características del vecindario y de la vivienda, que suele ser de dimensiones más reducidas entre las clases trabajadoras que entre las clases medias y clases pudientes. De
ahí que, en todos los estudios sobre la propagación de la enfermedad,
se ha visto que esta está mucho más extendida en los barrios obreros que
en los barrios de clase media, siendo los barrios pudientes los que
tienen menor índice de contagio. (...)
Esta situación se debe al enorme poder que tiene el 20% de la población con un elevado nivel de renta sobre las instituciones del Estado (sea a nivel central o autonómico) (...)
Este enorme poder político y mediático explica la dualidad de la sanidad española, con el 20% de la población recurriendo a la asistencia sanitaria privada y el 80% restante a la pública, enormemente subfinanciada. Pero esta dualidad perjudica también al mismo 20% de renta superior, como la pandemia está mostrando. La sanidad privada, que es más user friendly (con menos tiempo de espera y otras ventajas y beneficios), es, sin embargo, de menos calidad que la pública, debido a tener mayores carencias profesionales, como lo atestigua que las propias clínicas privadas transfieran sus pacientes a la pública cuando están gravemente enfermos.
Y las grandes limitaciones de la sanidad privada han
quedado en evidencia con esta pandemia, ya que está menos equipada para
resolver problemas tan graves como los generados ahora. De ahí que este 20% se haya visto perjudicado, incluso con muertes. Sería
bueno para el país que este 20% se diera cuenta de que la insolidaridad
del sistema dual no es buena, ni siquiera para ellos.
Lo que el país
necesita es tener un sistema sanitario público que sirva a toda la
población con los recursos necesarios para atender a las situaciones
excepcionales como la actual. Pero ello requiere un gasto público
sanitario mucho mayor que el que hay hoy. (...)
Hacer, pues, recortes en la sanidad pública como se hizo en España durante la Gran Recesión es incluso suicida para las clases pudiente. Así de claro." (Vicenç Navarro, Público, 08/04/20)
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