"(...) Por lo demás, el capitalismo va mal… Porque se cierne la perspectiva de un desastre económico sin parangón109.
Nunca se había visto la economía de todo el planeta frenar en seco.
Los territorios más afectados -por ahora- por la covid-19 son China y
Asia del este, Europa y Estados Unidos, o sea el triángulo central del
desarrollo mundial. Millones de empresas, grandes y pequeñas, se hallan en crisis, cerradas, al borde de la quiebra110. Varios centenares de millones de trabajadores han perdido su empleo, total o parcialmente111… Como en tantas ocasiones anteriores, los asalariados peor remunerados y las pequeñas empresas pagarán el precio más alto.
Quinientos millones de personas podrían ser arrastradas de nuevo a la pobreza112. Esta crisis económica, de alcance planetario, no tiene precedentes y superará en profundidad y duración a la de 1929. También excede en gravedad a la crisis financiera de 2008. La pandemia produce un rechazo general del hipercapitalismo
anárquico, el que ha permitido obscenas desigualdades como que el 1% de
los ricos del mundo posean más que el 99% restante113. También se cuestionan los excesos de la globalización económica.
Las Bolsas, con altibajos, se han hundido114 : « ¡Es un auténtico baño de sangre ! », gritó el broker de una empresa de gestión de patrimonio115 ante las pérdidas históricas de sus inversores. Los precios del petróleo han caído a abismos desconocidos116.
El
20 de abril pasado, en el mercado de materias primas de Chicago, el
barril de referencia, West Texas Intermediate (WTI), llegó a costar -37
dólares117… Sí, menos 37 dólares, o sea, que el vendedor le pagaba
al comprador 37 dólares para que éste se llevara un barril de petroleo…
Un hundimiento jamás visto en la historia… Lo cual es excelente para
los países importadores : China, Japón, Alemania, Francia, Corea del
Sur… Pero nefasto para los Estados exportadores muy poblados : Rusia,
Nigeria, México, Venezuela… Otra consecuencia negativa : un petróleo tan
barato puede retrasar la necesaria transición ecológica pues ello
encarece automáticamente el precio de las energías alternativas (solar,
eólico, biomasa, etc.)… La economía mundial se adentra en territorio
ignoto118.
Nadie tiene una idea precisa de las dimensiones del cataclismo. Como ha dicho Kissinger : « La
actual crisis económica es de una complejidad inédita. La contracción
desatada por el coronavirus, por su alta velocidad y su amplitud global,
es diferente a todo lo que hemos conocido en la historia.119 »
La
Unión Europea (UE), por ejemplo, propuso, en un primer momento, un plan
de 25 mil millones de euros para ayudar a los países miembros. Luego,
el Banco Central Europeo habló de 750 mil millones… ! Tan gigantesca
amplitud da una idea de la dimensión del desconcierto… Se
estima que el PIB de los países desarrollados podría derrumbarse en un
10%... Mucho más que en la crisis del 29… Un choque brutal.
Febriles,
presas de pánico, los Gobiernos practican una suerte de “keynesianismo de guerra”. Deben ayudar a los asalariados, a los campesinos, a las familias, a las empresas. Y
desbloquean urgentemente sumas astronómicas para inyectarlas en los
circuitos financieros con el fin de evitar la implosión del sistema
económico120. Para impedir también, en la medida de lo posible, que el coronavirus cause finalmente más pobres que muertos…
Pero
el coste será inimaginable. Con la agravante para el Estado de que se
reducirán drásticamente sus ingresos fiscales. El deficit será
galáctico. A escala de la zona euro, por ejemplo, según el economista
francés Jacques Sapir, el deficit alcanzará, a final de este año, un
billón y medio de euros (o sea, 1 500 mil millones)121.
Lo nunca visto.
En el caso del Reino Unido -que ya no está en la UE, ni
en la zona euro- el Banco de Inglaterra resolverá el problema
sencillamente fabricando moneda… Lo que no pueden hacer ni Italia, ni
España, ni Francia que son los Estados que mayor liquidez van a
necesitar. Y que se encuentran ya super-endeudados…
En estas tres
naciones, la salida de la Unión o de la zona euro se va a plantear con
fuerza. Porque Alemania,
Austria, Finlandia y Países Bajos se negaron, durante semanas, a
permitirles obtener créditos sin ninguna condición (los célebres
« coronabonos »)…
Cuando, en parte, los problemas de los sistemas de
salud de Italia, España y Francia son la consecuencia directa de las
políticas de austeridad y de los recortes en los presupuestos de los
servicios públicos exigidos por esos cuatros socios « austericidas » del
norte.
Recuérdese que el sur de Europa, antes de ser el epicentro de la
actual pandemia, fue el epicentro de las políticas más sádicas122 de austeridad después de la crisis financiera de 2008. Lo uno llevó a lo otro.
Europa, como unión protectora, ha fallado.
El club comunitario ha sido incapaz de responder de manera conjunta y
multilateral al drama humano y social que se abate sobre el Viejo
Continente. La gente -en particular los familiares y amigos de los miles y miles de fallecidos- no lo va a olvidar. « Es un modelo económico empapado en sangre -denuncia Naomi Klein-. Y
ahora la gente empieza a darse cuenta. Porque encienden la televisión y
ven a los comentaristas y políticos diciéndoles que tal vez deberían
sacrificar a sus abuelos para que los precios de las acciones puedan
subir… Y la gente se pregunta : ¿qué tipo de sistema es este? 123»
En un momento tan trágico y delicado -con la primera secesión de la Unión Europea (el Brexit del Reino Unido) recién estrenada el pasado 31 de enero- y ante un desafío sanitario tan crucial, el sueño europeo no ha funcionado. Y era probablemente la última oportunidad… ¿Qué
destino le espera, después de la pandemia, a esa Unión Europea
insolidaria con sus socio más frágiles, y carcomida por dentro por los
populistas y extremistas de derecha ?
El comercio internacional se ha reducido a su nivel de hace un siglo124.
Los precios de las materias primas se han desfondado. No sólo los del
petróleo, también el cobre, el níquel, el algodón, el cacao, el aceite
de palma, etc. Para las economías de los países exportadores del Sur
-donde viven los dos tercios de los habitantes del planeta- es una
coyuntura devastadora.
Porque, al derrumbe de las exportaciones, hay que
añadir además : el cese de los aportes del turismo, y la drástica
disminución de las remesas de los emigrantes afectados por la pérdida
generalizada de empleo en los países ricos paralizados por la plaga. O
sea, los tres principales recursos de los países del Sur se desploman…
Millones de personas que, en los últimos decenios, habían conseguido
integrar una incipiente ‘clase media’ planetaria corren ahora el peligro
de recaer en la pobreza…
Pero
además, en este contexto tan poco alentador, los capitales también han
empezado a desertar en masa los países en desarrollo. Se estima que
desde el 21 de febrero de 2020, fecha de la primera muerte en Italia por
la covid-19, hasta finales de marzo, unos 59 mil millones de dólares
huyeron de esas naciones125.
Resultado, muchas monedas se han hundido : el peso mexicano perdió 25%
de su valor frente al dólar ; el real brasileño y el rand sudaficano
20%. Y todas las importaciones, en esos países, valdrán ahora más caro…
En
tan tenebroso contexto, lo más previsible es que, cuando pase la
pandemia, varios de estos Estados, fragilizados, arruinados, endeudados,
conozcan fuertes sacudidas sociales… Ahí también podría haber baños de
sangre… También es probable que asistamos, en ciertas regiones, a una
desesperada estampida de emigración salvaje hacia el Norte… Cuyos países
estarán, en ese preciso momento, lidiando ellos mismos con las
dolorosas consecuencias de la peor crisis de su historia.
Inutil decir
que los nuevos emigrantes, convertidos en chivos expiatorios, no serán
bien recibidos… Alimentarán la xenofobia y los odios de los grupos de
extrema derecha en ascenso tanto en Europa como en Estados Unidos… La historia advierte que los desastres incentivan los chauvinismos y los racismos…
Para
evitar semejantes escenarios de pesadilla, se están alzando muchas
voces que reclaman la adopción de varias disposiciones urgentes. Entre
ellas, la condonación de la deuda de los países en desarrollo que,
antes de la crisis, ya tenían una deuda externa altísima. Y debían
pagar, de aquí a final de 2021, según la ONU, unos 2,7 mil millones de
dólares de intereses de su deuda126…
Muchas personalidades e instituciones están exigiendo una moratoria del
pago de la deuda en favor de las naciones más afectadas.
El propio Papa
Francisco ha reclamado que, « considerando
las circunstancias, se afronten, por parte de todos los países, las
grandes necesidades del momento, reduciendo o incluso condonando, la
deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres »127. También,
en este contexto crítico, se está reclamando el levantamiento, por
parte de Estados Unidos, de las injustas ‘medidas unilaterales
coercitivas’ contra Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua, Siria, etc. (...)" (Ignacio Ramonet, La Jornada, 25/04/20)
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