"Iglesias revalida su liderazgo al frente de Podemos con un 92% de los votos.
(...) El actual vicepresidente segundo del Gobierno se ha hecho con el 92,19% de los apoyos (53.167 votos), de un total del 59.201, de un censo de 516.492 inscritos. Esto supone una participación del 11.5% del total de inscritos, el 27% si se tienen en cuenta únicamente los considerados activos. (...)" (Público, 21/05/20)
"El 11,5% de los inscritos en Podemos han participado en Vistalegre III, un tercio de los que votaron en el anterior congreso.
(...) En las votaciones de Vistalegre II, la Asamblea ciudadana en la que Iglesias se impuso a su entonces rival, Íñigo Errejón, hoy fuera del partido -y diputado de Más País en el Congreso-, participaron un total de 155.275 personas, el 34,5% de los inscritos. (...)" (Público, 21/05/20)
"Pedro Sánchez y la Moncloa sí conocían el contenido del pacto con EH Bildu que implicaba la derogación "íntegra"
de la reforma laboral.
Pero quien no sabía nada de él previamente fue la vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño.
Pero quien no sabía nada de él previamente fue la vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño.
Y fue ella, la representante de la ortodoxia dentro del Gobierno, quien lo frenó en cuanto trascendió. Después, el PSOE envió una "nota aclaratoria" con la que directamente reproducía la letra del acuerdo con Unidas Podemos,
y que solo contempla, según interpreta Ferraz, una revisión parcial de
la legislación del PP, la liquidación de sus aspectos más "lesivos".
No es esa la lectura de los morados, en absoluto, que sí creen que está
recogida una revocación total de la ley de 2012. Así que tras la
rectificación socialista no se disipó la tormenta. Todo lo contrario.
Esa intervención de la vicepresidenta tercera ayuda a entender cómo
se vivieron las últimas horas en el Gobierno y en el PSOE, y también en
una federación socialista directamente afectada, el PSE, que se somete
al escrutinio de las urnas en menos de dos meses. Una jornada de idas y
venidas frenética que ha abierto al Ejecutivo de coalición, de la manera
más insospechada, un abismo a sus pies en el momento más incierto y
complicado de esta crisis contra el covid-19.
Sánchez se enfrenta al
desafío de su socio, Pablo Iglesias, a la ira de la patronal por la "irresponsabilidad mayúscula" de un pacto con Bildu que "dinamita"
el diálogo social, y a la irritación del PNV, su aliado más fiel y el
que le ha permitido sacar adelante, junto con Ciudadanos, las dos
últimas prórrogas del estado de alarma.
Las conversaciones con
Bildu habían arrancado antes del decisivo pleno de quinta prórroga de la
alarma. Pero cristalizaron el mismo miércoles. El texto [aquí en PDF]
ya estaba afianzado antes incluso de que comenzara la sesión en el
Congreso, y el presidente, como ratificaron fuentes de la Moncloa, sí
tenía conocimiento de sus extremos.
Lo que señalaba el documento
negociado a tres bandas entre los portavoces de los tres grupos —Adriana Lastra (PSOE), Pablo Echenique (Unidas Podemos) y Mertxe Aizpurua (EH Bildu)— era el compromiso de derogación "íntegra" de la reforma laboral de 2012 "antes de la finalización de las medidas extraordinarias adoptadas por el Gobierno en materia económica y laboral derivadas de la crisis originada por el covid-19".
El
acuerdo se acabó de cerrar durante la jornada, y se apalabró darlo a
conocer tras la votación de la alarma. Y así fue: EH Bildu difundió el contenido a
las 20:16, cuando se había materializado la autorización de la Cámara
Baja a la quinta extensión. Ya no había peligro para que la votación no
saliera por la espantada de ningún socio. Sánchez ganó por 177 votos a favor, 162 en contra y 11 abstenciones. Aunque los cinco parlamentarios de Bildu hubieran rechazado la prórroga, esta habría prosperado. Más justa, pero habría salido adelante.
La Moncloa sabía la literalidad del pacto desde el primer momento,
porque Lastra, no solo portavoz socialista sino también vicesecretaria
general del partido, es una de las personas de máxima confianza del
presidente. Pero quien no sabía nada de esa entente era Calviño. "Cuando lo conoció, intervino.
Las circunstancias de este país hoy son las que son", indican a este
diario fuentes del entorno de la vicepresidenta tercera. (...)
Además, continúan estas fuentes próximas a Calviño, el contexto europeo desaconseja el movimiento: Alemania abrió la mano esta semana y pactó con Francia apoyar un fondo de 500.000 millones de euros con deuda de la Comisión Europea
para los países más afectados. Derogar una reforma que era condición
para el rescate, observan, no es la jugada más pertinente ahora mismo.
A
las 23:41, Ferraz remitía a los medios una "nota aclaratoria" que era,
en realidad, una rectificación de lo firmado con Bildu. (...)
El PSOE, por tanto, retornaba a la formulación de siempre: derogación de los aspectos "más lesivos" de la reforma laboral de 2012 de Mariano Rajoy. El pacto de Sánchez con Iglesias comprendía otros puntos
(no explicitados en el comunicado de Ferraz de la medianoche) como la
limitación de las subcontrataciones (modificación del artículo 42.1 del
Estatuto de los Trabajadores), o la restricción de las capacidades de
cambio unilateral de las condiciones del contrato por parte de la
empresa. (...)
No solo Calviño desconocía el contenido del acuerdo firmado con la
formación independentista vasca. También otros ministros del PSOE
consultados por este diario, no así los responsables de Unidas Podemos.
Fuentes del Ministerio de Trabajo no aclaran si su titular, Yolanda Díaz,
estaba informada. Quien sí que no conocía la alianza con Bildu fue el
PSE, que tiene por delante unas autonómicas el 12 de julio con su
candidata, Idoia Mendia, a la cabeza.
Fuentes de la federación socialista vasca consultadas por este periódico sí reconocen malestar. Creen que puede interferir en la dinámica de las elecciones,
y que también supone un enfado del PNV, puesto que comparte parte de
sus votantes con Bildu. En el PSE no preocupa tanto el coste en las
urnas sino el "desgaste" que pueda sufrir el presidente del Gobierno y
las siglas del PSOE, ya que la coalición separatista "no es cualquier
partido". (...)
"Yo sé que lo conocía el Gobierno —admitió este jueves el dos de la dirección parlamentaria, Rafael Simancas,
en 'Hora 14', en la SER—. Los cauces habituales de comunicación del
grupo parlamentario con el Gobierno también funcionaron ayer a través de
nuestra portavoz [Lastra], que por cierto sé que es muy bien valorada
en el Gobierno porque buena parte de sus éxitos se deben al buen trabajo
de Adriana Lastra
al frente del grupo". "Conque siete diputados hubieran pasado del sí al
no se hubiera malogrado el estado de alarma y hoy tendríamos la vida de
miles de españoles en riesgo. Teníamos que conseguir esos votos y que
se mantuviera el estado de alarma. Era nuestra responsabilidad". (...)
Sin embargo, Unidas Podemos no lo ve como el PSOE. Iglesias, en una entrevista en Catalunya Ràdio, se aferró a la literalidad de lo acordado con los independentistas vascos. "Voy a ser cristalino. Se va a derogar íntegramente la reforma laboral.
El pacto de ayer con Bildu lleva la firma de los tres portavoces de los
grupos parlamentarios, luego cada partido puede decir lo que quiera",
afirmó el vicepresidente segundo, y remató con una frase lapidaria: "'Pacta sunt servanda'". Los pactos están para ser cumplidos. (...)" (Fernando Garea, Juanma Romero, El Confidencial, 21/05/20)
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