"(...) España tiene un creciente talento en el exterior,
que participa de modo activo y destacado en muy distintos ecosistemas
globales de conocimiento, ya sean de tipo institucional o en otros
ámbitos como, por ejemplo, multinacionales, mundo académico
internacional o prensa extranjera.
Son profesionales que tienen una rica
experiencia, especialización e influencia. Se trata de un activo en
gran medida infrautilizado, que puede ser de mucha utilidad no sólo para
la acción exterior española, sino también para afrontar nuestros
propios retos domésticos. Movilizar este talento es una asignatura
pendiente, en la que podemos aprender mucho de otros países, pero
también de buenas prácticas e iniciativas que ya se están implementando
aquí. (...)
En la actualidad, más de 2,6 millones de españoles residen en el
extranjero, con una clara concentración en América y en Europa. Muchos
de ellos son ciudadanos que desarrollan su actividad en instituciones
públicas y privadas con gran peso en la definición de políticas
globales. Otros son profesionales que han acumulado una experiencia y
conocimientos cuya especialización y singularidad escasean en nuestro
país. Algunos son jóvenes profesionales.
Otros ocupan cargos directivos
avalados por una dilatada experiencia. Hay nombres reputados en sus
respectivos sectores profesionales, pero también hay muchos españoles
anónimos que desarrollan una labor e influencia menos conocidas, pero no
por ello menos relevantes.
Destaca en este universo el caso especial de los organismos
internacionales, instituciones de gran influencia en el debate y la
formulación de políticas, y frecuentemente a la vanguardia de los
grandes temas globales marcados por una creciente interdependencia. La
presencia de españoles en estas instituciones es un activo que nuestro
país debe explorar y capitalizar mejor. Cabe subrayar, por su
singularidad e importancia para nuestro país, las instituciones
europeas, en las que trabajan en la actualidad más de 4.000 españoles.1
En cualquier caso, los ecosistemas de conocimiento son mucho más amplios, y se extienden a think tanks y centros de pensamiento,
universidades, institutos de investigación, medios de comunicación y,
en ocasiones, a los propios gobiernos de otros países en los que también
trabajan españoles y personas con estrechos vínculos profesionales y
afectivos con nuestro país. Y, por supuesto, al sector privado, con
destacados profesionales con enorme experiencia trabajando tanto en
compañías españolas internacionalizadas, multinacionales y no, como en
empresas extranjeras punteras y con presencia en los más diversos
mercados.
El talento español no se agota en esta amplia nómina de
instituciones y entes, y adquiere muy diversas formas y matices. De
hecho, tampoco hay que olvidar a los españoles que retornan a nuestro país
tras una rica experiencia internacional. Con independencia de que su
actividad presente guarde o no relación directa con ello, muchos
atesoran un conocimiento sobre temas, regiones y países de interés para
España sobre los que a veces existe poca expertise nacional.
Del mismo modo, también habría que englobar en esta categoría a muchos
extranjeros residentes en nuestro país, que han vivido en él o que
simplemente tienen fuertes vínculos afectivos con España, pese a no
tener la nacionalidad.
El reto, en cualquier caso, estriba en primer lugar en identificar a todas estas personas. Pero va mucho más allá:
el verdadero desafío consiste en activar a estos colectivos y
conectarlos con nuestro país, además de hacerlo entre ellos. Carecemos
de una estrategia que enlace con ellos y que explore todas las
oportunidades que pueden derivarse de un diálogo y colaboración más
estrechas. Hay que aprovechar más y mejor su enorme potencial como
activo de la acción exterior española y como fuente de información y
conocimiento experto sobre los temas que afectan y preocupan a nuestro
país. (...)
Si atendemos a los flujos absolutos de movilidad intraeuropea, España
se sitúa junto a Italia a la cabeza de la UE en términos de la mal
llamada “fuga de cerebros” durante la última década, en buena parte como consecuencia de la crisis económica. Según el Centre for European Policy Studies,
entre 2007 y 2017 unos 87.000 trabajadores españoles de alta
calificación (título universitario o grado superior) se fueron a otros
países de la UE (véase la Figura 2).2
Casi la mitad de los trabajadores cualificados españoles, más propensos
a la movilidad, salieron de nuestro país durante este período. (...)
Si atendemos a los flujos absolutos de movilidad intraeuropea, España
se sitúa junto a Italia a la cabeza de la UE en términos de la mal
llamada “fuga de cerebros” durante la última década, en buena parte como consecuencia de la crisis económica. Según el Centre for European Policy Studies,
entre 2007 y 2017 unos 87.000 trabajadores españoles de alta
calificación (título universitario o grado superior) se fueron a otros
países de la UE (véase la Figura 2).2
Casi la mitad de los trabajadores cualificados españoles, más propensos
a la movilidad, salieron de nuestro país durante este período.
(...) hay países con una realidad más próxima a la nuestra que sí han
desarrollado entidades e iniciativas concretas en este ámbito. Es el
caso de Advance Global en Australia y de Chile Global. Destacan
también los casos de Irlanda y Nueva Zelanda, muy conectados con sus
diásporas profesionales a través de la red de Ireland Funds y de Kea New Zealand.4 Francia, por ejemplo, lleva operando desde 1927 la Union des Français de l’Etranger
(UFE), con más de 170 representaciones en todo el mundo para conectar a
franceses, francófonos y francófilos.Todas son experiencias de las que
podemos aprender mucho. (...)
A partir de una primera aproximación al reto de aprovechar el enorme
capital humano de España en el exterior, hemos identificado tres grandes
ejes de acción: (1) incidir no sólo en la presencia, sino más en la
influencia; (2) avanzar hacia un concepto amplio del talento, más
centrado en la ciudadanía; y (3) pasar del tacticismo a un enfoque más
estratégico. Esto ejes se derivan una delimitación más efectiva del
objetivo perseguido, lo cual no siempre está del todo claro: reforzar y
mejorar la relación de este talento con España, aumentando su
conocimiento y sensibilización hacia las prioridades de nuestro país, de
tal suerte que se aprovechen todas las oportunidades que pueda haber
para un beneficio y enriquecimiento mutuos. (...)
La pandemia del COVID-19 ha puesto en evidencia la importancia de contar con un conocimiento y know-how
que España muchas veces tiene fuera de sus fronteras, en instituciones a
la vanguardia de la investigación; también en lugares donde se toman
decisiones con gran efecto para nuestro país.
España haría bien en conocer y activar a sus españoles en
el exterior, muchos de los cuales desarrollan su labor profesional en
centros punteros de conocimiento o instituciones con gran influencia en
la gobernanza global. Son un enorme activo que debemos aprovechar más y
mejor. (...)
Se trata, en el fondo, de instaurar una nueva cultura de la
colaboración, que promueva una aproximación más estructural, integrada y
organizada al talento español en los ecosistemas globales de
conocimiento, conectándolo entre sí y con las preocupaciones de nuestro
país. Si lo hacemos bien, España puede convertirse en un referente
internacional en este ámbito."
(Manuel Muñiz Villa, Secretario de Estado de la España Global, Ángel Alonso Arroba. Embajador en Misión Especial para la Ciudadanía Española Global, Real Instituto Elcano, 06/07/20)
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