9.7.20

Se avecina otro ‘crack’. Las bolsas se recuperan a medida que se levantan los confinamientos y los bancos centrales inyectan dinero. Pero la bomba que está a punto de estallar es la del endeudamiento empresarial

"En las últimas semanas, las bolsas de valores se han recuperado impulsadas en parte por las actuaciones sin precedentes de los bancos centrales más grandes del mundo. En Estados Unidos, el índice Standard & Poors 500 se ha vuelto a colocar donde estaba a principios de año. 

La recuperación, combinada con la flexibilización de las medidas de confinamiento que se está llevando a cabo en todo el mundo, está generando un gran optimismo entre los analistas del mercado. 

Desafortunadamente, el panorama no es tan prometedor como parece.

La recuperación del mercado de valores ha sido impulsada principalmente por la actuación de los bancos centrales –y en particular la de la Reserva Federal–. La Reserva Federal ha prometido implementar una “flexibilización cuantitativa infinita”; en otras palabras, no dejará de comprar activos (utilizando dinero recién creado) hasta que se tenga la seguridad de que haya pasado el peligro para los mercados financieros.

(...)  la Reserva Federal está comprando la deuda de las empresas privadas, prestando poca atención a su solvencia y absolutamente ninguna atención a su impacto ambiental o historial respecto a los derechos de los trabajadores. Entretanto, el gobierno está apoyando al mercado de préstamos para automóviles, préstamos para estudiantes y bonos municipales 

(...) el gobierno de EE.UU. está demostrando su voluntad de comprar las deudas de los consumidores, las empresas y los estados estadounidenses para evitar insolvencias y elevar los precios de los activos.

Parece una medida positiva a corto plazo –nadie está sugiriendo que la Reserva Federal debería simplemente permitir que las bancarrotas personales, corporativas, estatales y municipales se disparen–. Sin embargo, también supone un cambio profundo en la naturaleza del capitalismo moderno. Estados Unidos le está diciendo a sus empresas nacionales que, independientemente de la cantidad de deudas que acumulen durante el repunte –e independientemente de con qué fines utilicen esa deuda–, cuando llegue la crisis serán rescatados.

Las repercusiones de este mensaje –que también están enviando muchos otros bancos centrales de todo el mundo– son profundas. Los riesgos de dirigir un negocio se han socializado, mientras los beneficios siguen siendo privados. (...)

Los inversores están protegidos mientras el público y el planeta pagan el precio. A la larga, la flexibilización cuantitativa infinita simplemente elevará los precios de los activos –incluido el precio de las viviendas–, lo que agravará la desigualdad económica. (...)

El saber que los bancos centrales están dispuestos a hacer casi cualquier cosa por apoyar a sus sectores empresariales nacionales y proteger las fortunas privadas ha impulsado la recuperación del mercado de valores. Los ricos y poderosos saben que, independientemente de lo bajo que caiga la economía real, el Estado estará allí para rescatar de nuevo a los mercados financieros.

Entretanto, los consumidores comunes –por no mencionar muchas pequeñas empresas– han sido abandonados a su suerte.

 (...) la mayoría coincide en que el desempleo es de aproximadamente 20 millones, casi el 20 % de la población del país, la cifra más alta en su historia. (...)

Las pequeñas empresas han recibido subvenciones y préstamos, pero no es probable que sean para siempre. Además, solo son un parche que oculta un problema estructural mucho más profundo: el aumento generalizado del endeudamiento empresarial que ha tenido lugar en gran parte del mundo durante los últimos doce años. (...)

Antes de que llegara la crisis, muchos observadores vieron una burbuja en el endeudamiento empresarial de Estados Unidos, y el Reino Unido no le iba a la zaga. Los bancos han advertido al gobierno del Reino Unido que cuando terminen los llamados “préstamos de recuperación”, entre el 40 y el 50% de las empresas podrían encontrarse en situación de insolvencia.

En resumen, la recuperación del mercado de valores nos dice poco acerca del futuro de la economía real.  (...)

Actualmente, la bomba que está a punto de estallar no es el endeudamiento hipotecario, sino el endeudamiento empresarial. Ni siquiera la Reserva Federal podrá salvar a la economía mundial del desastre si una parte significativa de las empresas de EE.UU. –y, de hecho, del mundo– dejan de funcionar al mismo tiempo. Pero eso no significa que no lo intente.

Cuando esta crisis llegue a su fin –lo que es poco probable que ocurra en los próximos 9-12 meses–, previsiblemente los Estados poseerán una proporción importante de los activos de sus economías nacionales. La pregunta a la que se enfrentarán es qué hacer con ese poder: utilizarlo para reconstruir el statu quo o para construir una economía más justa, más resistente y más sostenible."         

(Grace Blakeley (Jacobin), CTXT,30/06/2020.Este artículo se publicó en Jacobin Mag)

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