"En las últimas semanas, las bolsas de valores se han recuperado
impulsadas en parte por las actuaciones sin precedentes de los bancos
centrales más grandes del mundo. En Estados Unidos, el índice Standard
& Poors 500 se ha vuelto a colocar donde estaba a principios de
año.
La recuperación, combinada con la flexibilización de las medidas de
confinamiento que se está llevando a cabo en todo el mundo, está
generando un gran optimismo entre los analistas del
mercado.
Desafortunadamente, el panorama no es tan prometedor como
parece.
La recuperación del mercado de valores ha sido impulsada
principalmente por la actuación de los bancos centrales –y en particular
la de la Reserva Federal–. La Reserva Federal ha prometido implementar
una “flexibilización cuantitativa infinita”; en otras palabras, no
dejará de comprar activos (utilizando dinero recién creado) hasta que se
tenga la seguridad de que haya pasado el peligro para los mercados
financieros.
(...) la Reserva Federal está comprando la deuda de las empresas privadas,
prestando poca atención a su solvencia y absolutamente ninguna atención a
su impacto ambiental o historial respecto a los derechos de los
trabajadores. Entretanto, el gobierno está apoyando al mercado de
préstamos para automóviles, préstamos para estudiantes y bonos
municipales
(...) el gobierno de EE.UU. está demostrando su voluntad de comprar las
deudas de los consumidores, las empresas y los estados estadounidenses
para evitar insolvencias y elevar los precios de los activos.
Parece una medida positiva a corto plazo –nadie está sugiriendo que
la Reserva Federal debería simplemente permitir que las bancarrotas
personales, corporativas, estatales y municipales se disparen–. Sin
embargo, también supone un cambio profundo en la naturaleza del
capitalismo moderno. Estados Unidos le está diciendo a sus empresas
nacionales que, independientemente de la cantidad de deudas que acumulen
durante el repunte –e independientemente de con qué fines utilicen esa
deuda–, cuando llegue la crisis serán rescatados.
Las repercusiones de este mensaje –que también están enviando muchos
otros bancos centrales de todo el mundo– son profundas. Los riesgos de
dirigir un negocio se han socializado, mientras los beneficios siguen
siendo privados. (...)
Los inversores están protegidos mientras el público y el planeta pagan
el precio. A la larga, la flexibilización cuantitativa infinita
simplemente elevará los precios de los activos –incluido el precio de
las viviendas–, lo que agravará la desigualdad económica. (...)
El saber que los bancos centrales están dispuestos a hacer casi
cualquier cosa por apoyar a sus sectores empresariales nacionales y
proteger las fortunas privadas ha impulsado la recuperación del mercado
de valores. Los ricos y poderosos saben que, independientemente de lo
bajo que caiga la economía real, el Estado estará allí para rescatar de
nuevo a los mercados financieros.
Entretanto, los consumidores comunes –por no mencionar muchas pequeñas empresas– han sido abandonados a su suerte.
(...) la mayoría coincide en que el desempleo es de aproximadamente 20 millones, casi el 20 % de la población del país, la cifra más alta en su historia. (...)
Las pequeñas empresas han recibido subvenciones y préstamos, pero no es
probable que sean para siempre. Además, solo son un parche que oculta un
problema estructural mucho más profundo: el aumento generalizado del
endeudamiento empresarial que ha tenido lugar en gran parte del mundo
durante los últimos doce años. (...)
Antes de que llegara la crisis, muchos observadores vieron una
burbuja en el endeudamiento empresarial de Estados Unidos, y el Reino
Unido no le iba a la zaga. Los bancos han advertido al gobierno del
Reino Unido que cuando terminen los llamados “préstamos de
recuperación”, entre el 40 y el 50% de las empresas podrían encontrarse
en situación de insolvencia.
En resumen, la recuperación del mercado de valores nos dice poco acerca del futuro de la economía real. (...)
Actualmente, la bomba que está a punto de estallar no es el
endeudamiento hipotecario, sino el endeudamiento empresarial. Ni
siquiera la Reserva Federal podrá salvar a la economía mundial del
desastre si una parte significativa de las empresas de EE.UU. –y, de
hecho, del mundo– dejan de funcionar al mismo tiempo. Pero eso no
significa que no lo intente.
Cuando esta crisis llegue a su fin –lo que es poco probable que
ocurra en los próximos 9-12 meses–, previsiblemente los Estados poseerán
una proporción importante de los activos de sus economías
nacionales. La pregunta a la que se enfrentarán es qué hacer con ese
poder: utilizarlo para reconstruir el statu quo o para construir una economía más justa, más resistente y más sostenible."
(Grace Blakeley (Jacobin), CTXT,30/06/2020.Este artículo se publicó en Jacobin Mag)
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